icono-sumario No Hay Billetes para ver la reaparición de Pepe Luis Vázquez

Vídeo del indulto de Manzanares en Illescas I JETlinea-punteada-firma1

MARCOS SANCHIDRIAN > Illescaslinea-pie-fotos-noticias

Un Morante insuperable se encontró con la mejor versión de Manzanares. Así de tajante, así de complicado. Único. El genio sevillano volvió a hacer de lo irrepetible lo cotidiano. Ese instante de encajarse, de regalar media muleta para soñar el muletazo, para torear más despacio que rompe el ole antes de terminar o esa verónica que eleva a Morante a un nivel nunca antes alcanzado. La respuesta de Manzanares fue con el indulto al excelente ‘Fusilero’. Se apretó y apretó al de José Vázquez para exprimirlo en los medios en una faena referencia para su camino.

Volvió Pepe Luis en un Illescas que obró el milagro. Por momentos nos transportó a otra época. Cada detalle, el gusto por un espectáculo con sentido llenó primero el cómodo coso que apunta a quedarse como una fecha tradicional en el calendario.

Morante puso la plaza en pie nada más salir el bonito segundo. Al farol pegado a tablas le recibió con ese toreo que solo entiende él. De pata palante, de vuelos, de engancharlos y llevarlos toreados más allá de lo que lo hizo nadie. Fueron cuatro verónicas encajado, uno para aliviarlo por arriba hermoso antes de apretarlo dos veces más. La media a pies juntos fue la revolución. No se había recuperado de la sinfonía cuando, después de un puyazo que apenas le rompió la piel, cuajó otro quite a la verónica de perder el sentido. Qué obra compuso el genio con el capote. El toro fue ovacionado de salida, abrochado de pitones, cuesta abajo, serio. Guapo.

Vargas Llosa tuvo la suerte de recibir el honor del brindis de una faena sin calificativos. Enorme, generosa, brillante. Arte en cada cite, en la forma de presentar ese trocito de muleta con el que surgían los trincherazos que sacaron al toro a los medios, donde se torean los toros bravos. ‘Africano’ tuvo clase, son, ritmo. Morante ralentizó su embestida tanto, que el olé se ahogaba sin que el muletazo hubiese terminado. Con la izquierda fue de locura, toreando para sí mismo pero lo que no sabía era que lo que de verdad hacía era alimentar su leyenda. Ni Morante quiso que llegara la estocada, por eso pinchó al primer encuentro, pero cuando el final de la obra supo que era obligado, dejó el mejor de los espadazos. Fueron dos orejas pero… qué más da.

Al quinto, devuelto de forma incomprensible, le sustituyó otro con el mismo hierro pero de muy distinta condición. Siempre avanto y con feas ideas, fue de acá para allá sin ningún criterio. José Antonio Carretero merece siempre una mención especial pero esta vez estuvo inconmensurable tapando los caminos de un toro imposible. Morante sacó la tizona para, después de realizar el toreo sobre las piernas, tocando los costados y quitando los defectos que tenía, finiquitar con su función.

Manzanares dio el cierre que bien mereció un festejo en que se vivieron momentos inolvidables. El sexto, estrecho de sienes, de bonitas hechuras y bajo, embistió con profundidad en el capote del alicantino. Lo cuajó a la verónica y con un quite por chicuelinas de mano baja que tenía patentado su progenitor. Todo fue belleza y elegancia. ‘Fusilero’ tuvo son, clase, humillación y profundidad en cada embestida, además de una velocidad tan templada que fue un alarde de Manzanares cómo consiguió pulsear cada muletazo. Todo empezó con los cambios de mano, que siguieron a los trincherazos de cartel y los de pecho que casi definían una circunferencia. Hubo acople, empaque, ritmo, un temple pausado, sin ninguna violencia. La faena creció en tandas rotundas, con el público en pie en cada uno de los variados remates. No se cansaba ‘Esquivo’ de embestir como Manzanares de torear más y más despacio, más encajado. El público enloquecía cuando sonaron las primeros gritos de “Indulto”, merecido e incuestionable.

El tercero fue otro toro armónico y bien hecho, aunque más abierto de sienes. En los primeros tercios se puso complicado, siguiendo los capotes con celo pero sin criterio. Manzanares estuvo tesonero y de mitad de faena en adelante, el toro fue a más. Aunque siempre fue tardo, tenía emoción en el primer tramo boyante de la embestida pero conforme la tanda crecía salía con la cara alta. El alicantino toreó con clase y llegó a los tendidos en todo momento. No pudo ejecutar la suerte de recibir pero al volapié, ya en el segundo encuentro, recetó un espadazo fulminante. El público empujó para que cortara su primera oreja.

Pepe Luis Vázquez volvió con un castaño, tocado de pitones, un punto hecho arriba que no lo puso fácil en los primeros tercios. Echó la cara arriba cuando el sevillano le presentó el capote pero se desquitó en el quite con una media a pies juntos, recogida en la cadera, que hizo resonar por primera vez los cimientos del lleno coso de Illescas. Con la muleta todo fue naturalidad, temple, suavidad una faena que brindó al escrito Mario Vargas Llosa. Sin obligarlo, siempre a su altura, dejó muletazos de categoría junto con remates por bajo con mucho sabor.

Hubo un natural y una trincherilla que nos evocó tiempos mejores con un astado un punto incómodo más propicio para toreros con más bagaje. Y para rematar, cargó la espada, hizo la suerte, citó y dejó una estocada hasta las cintas con el toro rodado. Hubo petición y la vuelta al ruedo, el reconocimiento.

Apretó el cuarto en el caballo. No fue un toro nada cómodo para Pepe Luis en el que tan sólo pudo gustarse en una buena media. Porfió en la muleta ante las embestidas descompuestas. Con criterio, abrevió.

Hierro de José Vázquez - España Plaza de toros de Illescas. No Hay Billetes. Primera de la Feria del Milagro. Toros de José Vázquez, el quinto como sobrero. De buena presentación y de juego desigual. El sexto ‘Fusilero’ fue indultado y el segundo ‘Africano’ fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Cuarto y quinto bis, de peor juego. logo-mundotoro-fichas-crónicas
Pepe Luis Vázquez, que hacía su reaparición, vuelta tras petición y ovación;
Morante de la Puebla
, dos orejas y silencio tras aviso;
José María Manzanares
, oreja y dos orejas y rabo simbólicos.