icono-sumario Cojo, herido, las carnes sin pegar aún: un torero por la Puerta Grande

icono-sumario Un partido que no nos desea, se alza en las urnas

icono-sumario ¿Y ahora, qué? El sistema actual ya ha sido condenado a lo inservible

Vídeo de la 17ª de San Isidro I CANALPLUSTOROSlinea-punteada-firma1

C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

 

 

Cojo, dolido, herido, verde la cicatriz, las carnes sin pegar aún: un torero sale en hombros por la Puerta Grande. Herido, humillado, con la dignidad apaleada, abierta la herida de la precariedad, incrédulo de líderes que refugiaron al ladrón en lugar santo: un partido que no nos desea, se alza en las urnas. En pleno cambio, desatado de prejuicios y en una búsqueda desbocada de la felicidad, de la justicia para el que se arrima: el público de Madrid ya no es el mismo. ¿Y ahora, qué? ¿Que hacemos con López Simón, cuatro orejas, un quirófano, dos puertas grandes, veinte años apenas? ¿Que hacemos además de enrocarnos en nuestros bemoles con Podemos y esta política a la que no hemos sabido acercarnos a dialogar? ¿Y ahora, qué?. Porque el sistema actual ya ha sido condenado a lo inservible.

Una corrida de alevines del toreo, hombres de valor los tres Galván, Barrio, Simón, en la misma eterna línea de salida los tres. Coincidencias del azar, en el mismo día que se debatía el duelo entre vieja y nueva política, entre veteranos del sistema y alevines de la democracia. Ojalá Ortega y Gasset hubiera vivido para ver esta jornada: toreo como reflejo de España. Con una decisión encomiable, con un desprecio por la seguridad y una apuesta sin fisuras, con fe en sus aún mermadas facultades, con un buen toro de Las Ramblas y otro de plomo, López Simón nos deja el ¿y ahora, qué? Ahora se da de bruces con este muro de piedra conservadora y hostil que son los carteles cerrados de casi todas las ferias con siglos de antelación. Ahora esos huecos de las corridas duras. Este sistema no funciona. Si funcionara, habría lugar para lo justo. Se acabaría el infame uno por delante. Y que el público, el pueblo, decida luego si se lo merece o no.

Que decidan ellos, no un sistema maltrecho, reiterado, blindado para su defensa, inmovilista, ciego frente a una realidad social, política y económica a la que, o nos ensamblamos, o nos deja tan en minoría social, que se nos acaba el ‘bisnes’ en un suspiro. Esto es tan cierto como que no se quiere ver. Porque estas corridas como las de hoy no son de ir a cortar el cupón, un trámite, un relleno. Son tres hombres nuevos aspirando legítimamente a ser tres nombres nuevos. Les dejó intentarlo media corrida de Las Ramblas, desigual de tipos, de caras hacia arriba, algunos de cuello escondido o cuesta arriba. En el límite los buenos, tercero manso de gran embestida al coger celo en la muleta de López Simón, que luego sacó de la chistera de sus cojones una faena de fe adolescente que daba coraje verlo.

Marcó querencia el colorado tercero de pitones casi camargueses aunque bajo y estrecho de sienes. Muy huido en varas, de calidad sin celo o codicia, es decir, de continuidad para ligarlo, pues tendía a irse a la tapia. Huyó de los caballos, a su aire se movió en banderillas y López Simón comenzó la faena por arriba, estatuarios (los que llevan los toreros tienen que lograr coherencia en esos inicios que desean ser más efectivos de cara al público que buenos para la condición del toro) finalizados en tres pases por abajo donde crujió la plaza. Hubo dos tandas con la mano derecha en las que no dejó nunca al toro puerta abierta o ventana para huir, puesto el engaño, anclado el cuerpo que andaba maltrecho de piernas. Tanto es así que no pudo irse de la cara del toro y éste pudo herirlo en el suelo.

Toro para torearlo paralelo a tablas, pues en perpendicular, hacia adentro, se iba a querencia. Y eso lo vio el torero que a veces pecó de no perder pasos, de amontonarse un tanto, en ese ansia de quedarse quieto, de ser todo brazos y nada piernas. Faena sincera y de coraje y de apuntes de buen concepto y trazo para una oreja. Nada le dio el sexto, cuesta arriba, corto de cuello, sin descolgar y muy pegado al piso. Apenas embroque tuvo, con la cara a su aire. Pero ahí le echó el torero lo que le quedaba, que es cojones. Sí, con las cinco letras. Insistiendo en la distancia corta, en la que le robó pases que no se veían. Y en la distancia mínima, en donde se pegó un arrimón solvente, fiero a veces. Pinchó feo, luego a espadas. Y oreja, que este público ya no lo es para esa caducada forma de ver, sentir y valorar el toreo.

Tuvo la tarde un halo de hombría, una insistencia de querer ser gente. Casi tierna. Porque, a la que pudieron, se fueron con el capote a quitar, a recibir toros, a estar presentes. Víctor Barrio en el tercio frente a chiqueros en el segundo, un farol de rodillas y un galleo en el quite, réplica de López Simón rematada con larga afarolada, capote a la espalda Barrio y Galván el que abrió plaza… todo fue deseo de ser gente. Luego las cosas salen como suceden. El segundo fue a menos pero fue toro de buen aire y son con el que Barrio inició en los medios y de rodillas, eligiendo inercia llamativa antes de intento de temple. En esa duda de distancias, a veces larga, a veces más corta, inercias o enganchar, la faena fue mal diálogo de decisiones en firmeza y valentía poco lucida. Ya no le dejó el quinto, toro de movilidad rebrincada, calamocheo continuado, reponedor sobre las manos.

Tuvo buen corte el toreo con la zurda de David Galván, buenos naturales, toreo ceñido, buen concepto y argumento. Por ese pitón sirvió lo mejor de una faena que se vivió sin calor, incrédula a medias a causa de las embestidas de un toro noble al que le faltó lo que Madrid sigue deseando: más motor. Que el toro exprese más vida. Pero fue faena de buen corte, de valentía, muy ceñida, muy pegados toro y torero. El cuarto, hecho cuesta arriba, no quiso ir para adelante y repuso por no poder hacerlo, rebrincándose a la defensiva. Quizá pudo ser de otra forma. Pero la tarde, saliendo en hombros López Simón, nos deja ese ¿Y ahora, qué?. Qué hacemos con él. Qué le decimos. Qué decimos a los que van a mandar en Ayuntamientos, en este Madrid de Las Ventas, y nos quieren o nos sospechan o nos recelan. Quién negocia. Dónde tendremos el talento, el talante, los argumentos que nos sean esos tan de siempre que en Barcelona sirvieron para nada. Quiénes son nuestros líderes. Qué piensa. ¿Piensan? Qué decimos de estos cambios de público de toros.

Quién le pone el cascabel a este gato que nos araña para que solo diga, miau.

Hierro de Las Ramblas Plaza de toros de Las Ventas. Decimoséptimo festejo de San Isidro. Cielo entoldado. Tres cuartos de entrada. Toros de Las Ramblas, desigual de tipos, de caras hacia arriba, algunos de cuello escondido o cuesta arriba. Noble y de poca raza y fuerza el primero, noble el segundo pero punteando el engaño al final del muletazo; manso y con transmisión el tercero; complicados cuarto y quinto, parado el sexto. logo-mundotoro-fichas-crónicas
David Galván, ovación y silencio tras aviso;
Víctor Barrio, palmas y silencio;
López Simón, oreja y oreja.
Incidencias: Se desmonteró Jarocho tras parear al quinto.