icono-sumario Holanda. Rockefeller. Club Heidelberg. Transnacionales de la alimentación, sanidad, ocio, ropa para mascotas. 25.000 millones censados en 2015

icono-sumario Una campaña desnaturalizadora, agresiva contra todo lo que sea humano

icono-sumario Un río desbocado que estamos consintiendo porque nadie cree en este futuro de disputa de recursos raza humana/animal de diseño, como nadie creyó a Da Vinci

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‘Padre, madre, hermano, bebé… Te quiero’ I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

C.R.V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Viviremos disputándonos nuestros recursos. Quién sabe si el pan y la sal. Un abrazo, seguro será mendigo. Será dentro de unos años, cuando el humanismo nos sea inservible por no rentable, recuerdo de deshecho y, quien sabe si prohibido. Este río ya desemboca en el océano que nunca imaginamos: en el estado social y de derecho del animalismo o del bienestarismo animal. Mis nietos y tus nietos y sus nietos serán una raza que caminará, delante y sumisa, correa al cuello, de esa otra raza creada, diseñada y manipulada en los quirófanos, que hoy llamamos mascota y mañana será sustitutivo moderno y ejemplar de las palabras tótem del humanismo: padre, madre, leche materna, hermano, llanto, bebé, hijo. Te quiero.

En este futuro, así que pasen ciertos años, yo no seré perro porque no estaré o estaré a punto de no estar. No estar sería la mejor panorámica ciega de un horizonte del que, estoy convencido hasta la médula, la raza humana tendrá menos recursos para su desarrollo que las nuevas razas de diseño. Lo sé porque se han invertido cientos de miles de millones desde hace muchas décadas. Desde esa cueva de élite de fuerza del mal que existe más allá de la ficción, es la ciencia mercantil mascotista del Club Heidelberg, en la Holanda que exporta ya más radicales adoctrinados que tulipanes clonados con olor a invernadero. Holanda. Tierra robada al mar. Ningún mal tiene mejor barbecho que esa tierra donde una vez los Tercios de Alatriste hicieron de héroes sin causa en medio de mercaderes, esclavistas, ávaros y banqueros.

Holanda. Rockefeller. Club Heidelberg. Transnacionales de la alimentación, sanidad, ocio, ropa para mascotas. 25.000 millones censados en 2015. Animalismo, bienestarismo, igualdad de trato entre ellos y nosotros. Una transfusión de años, vena con vena, del humanismo hacia la mascota y del animalismo hacia el ser humano. Porque sumando virtudes humanas a las mascotas, aumenta el negocio. Cuanto más animalismo inyectado en la vena de los seres humanos, más alienación, menos cultura, adiós a nuestros sentimientos de hombre a hombre, mujer a mujer. Hombre con mujer. Habeas Corpus a un simio, derechos civiles a los monos ante la mirada consentidora, la mirada reiterada,apática e irresponsable de la raza humana. Mirada de perro. Una raza que luchó, peleó, se desangró, se torturó por lograr derechos civiles y humanos para los suyos, hoy los cede al mercado de miles de millones del bienestarismo animal.

Leyes, derechos, protecciones investigación en medicinas, centros de ocio, reglamentos de fútbol para perros, Loewe, Adidas, Bulgari… 34 por ciento ya en las superficies de los grandes almacenes, playas, vagones de tren, cines. Somos esa Alien Nación que autolesiona y aliena a su raza, trastornada por una campaña de décadas de susurro, nacida cuando decidimos que los niños no nacieran para que, años después, no nos nacieran viejos caros, improductivos, jubilados, que enferman, tosen. Ocupan espacio. Ancianos que mueren tarde en un tardar improductivo y costoso. Campaña nacida cuando decidimos trasladar a los perros, gatos y animales desde su naturalidad del campo hacia los metros cuadrados de hormigón de una ciudad. Miles. Millones.

Que sustituyen al bebé que no nace, que sustituyen al anciano que no nació en su día. Mascotas. Cuya longevidad es menor. Cuya protesta es menor. Que ríe sin reír cuando nos interesa decir que rie; que llora sin llorar cuando necesitamos que alguien ajeno llore para reir nosotros, o llorar nosotros. Que ladra pero jamás aprende a protestar, a reclamar, a razonar con verbo, a dar la palabra que jamás queremos escuchar. Cuyo manual de instrucciones inteligente, afectivo, psíquico, de alma, de corazón, de piel, es mucho más sencillo, pueril, cómodo, afable y reiterado, menos sufrido, menos llorado, que ese otro libro de instrucciones inexistente que es el trato del humano con otro ser humano de alma independiente, de ideas propias, que piensa, que escribe poesía, que lee literatura, que pinta, que torea, que caza. Hemos cambiado el posible dolor insoportable de ser sensibles al lado del ser humano, por la sensiblería de dolor leve que consiste en sufrir por una mascota.

Una campaña desnaturalizadora, agresiva contra todo lo que sea humano. Un rio desbocado que estamos consintiendo porque nadie cree en este futuro de disputa de recursos raza humana/animal de diseño, como nadie creyó a Da Vinci o las 11 predicciones de Julio Verne. Nadie olvide que este francés osó incluso en adivinar internet en una novela (París en el Siglo XX), escrito que fue secuestrado por los editores. Suele secuestrarse aquello que incomoda, alerta, predice, interroga y responde. Suele, como a veces sueño despierto, que hablo con los padres y madres de los derechos civiles y humanos logrados a través de la historia con tanto sufrimiento. Eran tiempos en los que pocos optaban a leer y leían por los que no sabían leer.

Sabiendo leer todos ahora, como derecho heredado de quienes lucharon por él, hemos hecho inservible el derecho humano a saber leer. Somos una nación mundial inculta, que de la noticia que dice que a una gorila le conceden el Habeas Corpus en EE.UU, sabe decir qué es gorila, haciendo gestos de simio, localiza malamente EE.UU. en un mapa y cree que el Habeas Corpus es una marca de comida de Nestlé Purina para monos. Por esta razón, por haber hecho inservibles, rutinarios, cansinos, desubicados, derechos humanos como el acceso a la cultura, a la vivienda, a la comida, el derecho a saber leer… no los necesitamos. Enseñamos a leer para luego procurar que nadie lea. Son derechos que se usan para ser mejor ser humano y decir que nadie mejor que una mujer o un hombre para hacer evolucionar a otro hombre o mujer. Por tanto, son desechables.

No los necesitamos para estar al lado de una especie novísima, castrada, una especie drogada, adormilada, desnaturalizada, manipulada, creada y diseñada para diseñarnos una gran mentira: que el gran fracaso humano, humanista, fracaso cultural, nuestra obscenidad, no es fracaso sino evolución. La que nos lleva a un futuro ya próximo en donde el bebé será cachorro, el abuelo esa perra lenta mimada, el compañero de pensamiento un perro que dialogará lo que nuestra mente diga sin dialogar nada. Y que tendrá derechos para quitarme los recursos, que un día eran de los humanos. Quién sabe si el pan y la sal. Y el abrazo.