Diego Ventura ha hecho historia esta tarde al lograr su decimoquinta Puerta Grande de Las Ventas, superando las catorce de ‘El Viti’. Hoy, un rejoneador ha logrado lo que en toda la historia de la tauromaquia nadie ha conseguido. Si tenemos en cuenta que el trozo de historia viva del arte de torear se ha construido con una mansa y complicada corrida de San Pelayo, todo cobra mayor importancia. Ventura, dando a cada toro lo que necesitaba, realizó una faena de coraje al quinto, un toro que no le regaló nada, pero que permitió al rejoneador de La Puebla del Río escribir su nombre en letras doradas en el ‘Olimpo’ madrileño. Si se dice que ‘de Madrid se va al cielo’, hoy se puede afirmar que ‘de Madrid se va a la historia’. Por su parte, Leonardo estuvo dispuesto toda la tarde y logró cortar una oreja del sexto. Pudo aumentar el jinete su resultado y acompañar a Ventura en hombros, pero el fallo en el rejón de muerte lo imposibilitó.

Ventura consiguió hacer historia con el quinto toro al cortarle una oreja, con petición de la segunda. Recibió a ‘Bondadoso’ a portagayola con la garrocha a lomos de ‘Lambrusco’. Sujetó así bien al toro de salida, que ya amagaba con irse a las tablas. Colocó Ventura dos rejones de castigo que quitaron todas las querencias al animal. En el tercio de banderillas, el jinete de La Puebla del Río sacó a ‘Nazarí’, que desde el primer instante consiguió fijar la embestida del toro con un galope de costado en paralelo a las tablas, que finalizó con un par en esos terrenos tan comprometidos. Dos banderillas puso Diego en centro del ruedo y de poder a poder, con la misma montura. Con el público en pie, sacó a ‘Bombón’, que calentó al público, aún más si cabe, con unas piruetas ceñidas en la cara del animal. Ventura arriesgó mucho hasta el punto de que el toro llegó a tropezar con los pitones al caballo en una de ellas. El efectivo rejón de muerte, en el primer intento, hizo que cortara la oreja necesaria para abrir su decimoquinta Puerta Grande.

Su primera oreja la cortó al primer toro de San Pelayo, distraído en los primeros compases y parado a mitad de la faena. Colocó Ventura dos rejones de castigo de dispar colocación, pero que eliminaron el defecto del toro de ponerse por delante. En banderillas, brilló con ‘Nazarí’ a dos pistas y con tres banderillas echándose en la cara del toro, que lo esperaba con la cara arriba. Terminó la faena con tres banderillas cortas a lomos de ‘Remate’, con el que consiguió un rejón de muerte efectivo y la posterior oreja.

El tercer toro tuvo una morfología típica del encaste murube. Hasta cuatro caballos sacó Ventura durante la lidia, para encontrar, tanto el terreno adecuado, como la montura adecuada para el astado, que esperaba y en el momento del embroque pegaba un arreón seco. El mejor pasaje de la faena llegó en el centro del ruedo, a lomos de ‘Bronce’, dando todas las ventajas al toro. Tras fallar varias veces con el rejón de muerte, consiguió enterrar un rejón en lo alto y escuchó silencio.

Una oreja consiguió Leonardo Hernández en el sexto, tras una tarde llena de entrega y voluntad. El toro salió sin celo, como sus hermanos, hasta que el jinete colocó el rejón de castigo, donde el animal apretó a Leonardo. Tras el arreón, quiso sacarlo a los medios, cuando el toro buscó las tablas. En el tercio de banderillas, consiguió estructurar y realizar una faena meritoria, en la que alternó los terrenos de tablas y el centro del ruedo. Consiguió poner los tendidos en pie con ‘Xarope’, que volvió a lucir en las preparaciones de las suertes, ante un toro que esperaba con la cara alta en el embroque. Tras fallar en una ocasión con el acero, consiguió hundir el rejón, que dejó al toro sin puntilla.

En sus dos toros anteriores, Leonardo dejó detalles, pero el fallo a espadas redujo su balance final. El primer toro de su lote resultó el mejor del festejo, por su galope con ritmo, típico del encaste. Destacó el jinete en el galope de costado y las banderillas a corta distancia. Tras dos pinchazos previos, uno de ellos al resbalarse el rejón de muerte con una banderilla, consiguió rodar al toro. El toro que hizo cuarto, el segundo de su lote, fue el más manso del encierro. El jinete se vio obligado a sacar sus recursos lidiadores, que consiguieron mantener en el centro del ruedo al animal, para realizar una faena con algunos momentos que llegaron al tendido, como, por ejemplo, un par a dos manos. Falló, nuevamente, en numerosas ocasiones hasta que dejó un rejón trasero y desprendido.