A matar o morir. Y jugándosela de verdad. Juan Leal pagó con sangre su heroicidad con un peligroso Miura en la última de las Corridas Generales. Con el valor seco y el tremendismo por bandera. A prueba de bombas. Porque le arrastran. Así cortó una oreja de mucho peso. Está claro que este francés se la juega, y que le sobran cojones (con perdón) con este tipo de corridas, pero a pesar de que tiene muchas más condiciones que el valor, Juan Leal no tiene más remedio que dejarse matar. Así lo hizo en hoy en Bilbao. Literalmente. También tuvo gran mérito el esfuerzo de Octavio Chacón frente al peligroso cuarto, del que paseó un trofeo. Más suerte tuvo Pepe Moral, que le saltó el buen sobrero de Salvador Domecq, al que firmó los momentos más artísticos de la tarde en un buen puñado de naturales. La Miurada, con algunos toros blandos, -tercero y quinto fueron reemplazados- respondió al patrón peligroso y exigió a la terna enfrentarse a toros del siglo XIX y torearlos en el siglo XXI. Un anacronismo que vuelve a repetirse.

Corrió turno Juan Leal en el tercero, devuelto por flojo, y salió el sexto, que ya apuntó su peligrosidad en banderillas, aunque Marc Leal dejó excelentes pares asomándose al balcón incluso. Sin pensárselo ni una sola vez, Juan Leal inició de rodillas en los medios la faena, a sabiendas de lo que le esperaba. Con dos cojones, frente a aquella 'prenda', fue cogido de manera horrible -incluso le rompió el chaleco- al intentar torear en redondo, tirándole varias cornadas de las que se libró de milagro.

Si ya le había echado bemoles en semejante comienzo, siguió después toreándolo con una firmeza y una valentía no apta para cardiacos. Y tampoco dudó un solo instante en tirarse a matar con la más pura rectitud siendo corneado en el muslo derecho. Ensangrentada la taleguilla. A sangre y fuego Leal, oreja de peso. Y en Vista Alegre. Se fue por su propio pie a la enfermería y allí fue intervenido de una cornada de dos trayectorias que diseca el fémur. Su cuadrilla paseó el valioso premio.

Muy zancudo, muy grande y huesudo, muy en Miura fue el peligroso y violento cuarto, que fue muy incierto en la muleta pegando cabezazos inescrutables y que desarrollaba cada vez más sentido por ambos pitones. La gran capacidad lidiadora de Octavio Chacón y su firmeza le plantaron cara con enorme mérito. Muy habilidoso, lo mató de estocada casi entera.

El quinto fue devuelto por su escasez de fuerza y en su lugar salió el segundo sobrero del hierro de Salvador Domecq. Tuvo buena condición el toro, y Pepe Moral, que comenzó la faena con ajustados pases cambiados por la espalda, dejó buenos pasajes al natural, ante un toro que tuvo clase y que respondió mejor cuando el cite fue más suave. Largos y templados naturales del sevillano, en una labor de mucho asentamiento y de momentos de intensidad. Dos pinchazos antes de la estocada redujeron el premio a una vuelta al ruedo. El segundo desarrolló sentido en la muleta y a pesar de los intentos de Moral, no hubo ninguna opción.

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