El argumento de la tarde se concentró en la lidia del segundo. Un toro bravo y codicioso, de los más emotivos del abono, y seguramente también el de mejor nota en varas de la feria. Y frente a él un torero bregado y bragado. Un tipo generoso a la hora de lucir las virtudes del animal, que se afanó por encauzar tal torrente de embestidas, y se entregó desde el saludo a la estocada, de la que salió rebotado. Esa oreja y ese toro eclipsaron el resto del festejo con el que dio comienzo la semana torista con la que culmina el serial, aunque merece destacarse el empeño y la dedicación de Iván Vicente con el remiso cuarto, una actuación que apenas sí tuvo trascendencia, como las dos lidias de Víctor Barrio.


Ganadería genuina, encastada en Contreras en su origen, a partir de los años 70 contó con la aportación de la sangre de María Antonia Fonseca vía Guateles que su propietario, Baltasar Ibán Valdés, añadió al tronco original después de que le rechazasen, de modo íntegro, una corrida en el viejo Chofre donostiarra. Esa almalgama de sangres dio personalidad a la vacada escurialense, que nunca perdió la raza original, si bien sus toros aumentaron en volumen y desarrollo de pitón. En los últimos años, un refrescón con simiente de Pedraza de Yeltes (también de la rama de Fonseca vía El Pilar) les ha hecho ganar en caja y complexión.


Los nuevos 'Ibánpedrazas' lidiados esta tarde en Las Ventas presentaron una tipología muy desigual. Tanto de hechuras como de romana, incluso de alzada y encornaduras. Se intuyó más esa aportación oriunda del semental de la divisa de los hermanos Uranga en el primero y el sexto, dos toros que recordaron por su pelaje y morfología a la vacada propiedad de Moisés Fraile. En el resto, con distintos matices, se adivinó el gen Ibán su encornadura, en su anchura de mazorca y finura de cabos, por mucho que algunos como cuarto y quinto tuvieran un tipo más embastecido. En cuanto a comportamiento, y excepción hecha del ya mencionado segundo, hubo un toro de suave acometida, el que abrió la tarde, pero el resto dejó mucho que desear. Se movió temperamental el tercero, le costó tirar para delante al cuarto, se rajó con estrépito el quinto y el sexto se paró.

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Largo de viga, bajo, de lomo recto, 'Camarín' -apunten el nombre porque contará para los premios del abono- fue el toro de la tarde. Ya embistió con brío y fiereza de salida, humillando además en el capote de Alberto Aguilar. Empujó en la primera vara, metiendo los riñones, y volvió a recargar en el segundo encuentro, tomado además a media distancia. Hubiera sido bonito ver al toro arrancándose al caballo una vez más como parte del público reclamó al torero, pero ¿quien le hubiera asegurado que hubiera llegado con fuelle al último tercio después de ese hipotético encuentro? y las orejas, nunca se cortan en los tercios de varas.


En los doblones por bajo de apertura se volvió a ver al toro transmitiendo y empleándose por abajo. Tuvo el animal prontitud y acometividad en esas primeras series, abriéndose de los vuelos, pero, pese a sus grandes virtudes, quizá pecó de ir a su aire en ocasiones. Aguilar puso fibra y raza, tanta como el toro, dio la cara, y con la muleta siempre por delante, acertó a ligar los muletazos, concatenar las series y sostener la faena, para que desde el tendido no se decantaran por el toro, algo que siempre suele suceder después de una pelea vistosa en el caballo. Como además se entregó en la estocada, a costa de un severo palotazo, la oreja no tuvo peros. Como tampoco los hubiera tenido una vuelta al ruedo al codicioso astado de Ibán.

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Luego el quinto, destartalado y muy amplio de cuna, empujó en varas pero durante el tercio de banderillas ya se aquerenció en tablas. y allí regresó al poco de comenzar la faena Aguilar, cuando el torero madrileño le pudo en una serie con la derecha que desembocó en una aparatosa voltereta, con zarandeo incluido. Pero, afortunadamente, el animal sólo lo empaló. Iván Vicente estuvo mejor, más sólido y rotundo, muy sobrio, con el toro malo de su lote, un ejemplar exigente que enseñó mucho las puntas y del que costó mucho tirar para delante, que con el que inauguró la tarde, noble y de mucha calidad, con el que se lució en algún pasaje aislado. A Barrio le censuraron los enganchones que tuvo su faena al tercero, toro chico que se tapó por su cornamenta, y que se movió soltando la cara, y luego quedó inédito frente al sexto, el de más alzada y el más deslucido del primer plato torista de una feria que encara su recta final.

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Plaza de Las Ventas. 24ª de la Feria de San Isidro. Tres cuartos de plaza. Toros de Baltasar Ibán, desiguales de hechuras, trapío, volúmenes y encornaduras. De juego variado. Destacó el codicioso segundo y el noble primero. Más deslucidos los restantes

Iván Vicente, ovación y silencio tras dos avisos.

Alberto Aguilar, oreja y ovación.

Víctor Barrio, silencio y silencio.