Esa valentía con el débil retrata. Esa traducción de la exigencia por intransigencia delata. Esa forma de permite el secuestro de una tarde señala con el dedo. Medir con esa dureza antitaurina a un adolescente como Álvaro Lorenzo, que sólo es culpable de ser buen torero, es denigrante, para el toreo y para el ser humano. La acción pusilánime del Presidente, de hombre 'okupado' por el qué dirán. No me vayan a poner a parir. La faena de Lorenzo tuvo todos los componentes necesarios para el éxito: valentía, capacidad, expresión y entrega. Y la forma de medir, de vigilar, de secuestrar cada paso que daba Marín, firme y torero, delata, retrata y señala con el dedo. Novillada de El Parralejo que no entró por los ojos en nada. En hechuras, desde luego. Novillada que, podida, no se entregó sino que se afligió. Lorenzo se salvó de milagro de la cornada y casi le fusilan en la vuelta al ruedo. Y Marín se jugó los muslos. Los dos pudieron perder la alternativa. Y también Varea, que se fue a portagayola. Y que luego toreó muy bien a uno sin energías. Fueron los únicos generosos en una tarde 'okupada' por la intransigencia.


Tarde en la que, una vez más, las palabras generosidad, justicia, bondad y compresión, de significado tan positivo en todos los órdenes de la vida, en el ejemplo de vida más claro que es el toreo, resulta que son negativas. Ser generoso es ser negativo. Porque la Fiesta es así, como quieren que sea los 'okupas'. Esta reacción es porque tienen condiciones de figura. No las pueden ni ver. Atisban un embrión de éxito y quieren que no suceda. Pero, si siguen así, les van a tener que dar lo que ahora les regañan.


El más bonito de la fea novillada fue el 'abreplaza', bajo, con cuello. Sólo tuvo eso. Luego... 'psche', de esos novillos que no sirven para Madrid. Para triunfar en Madrid, se entiende. Justo lo que entendió Álvaro Lorenzo, correcto y templado, antes de coger la espada sin gastar tiempo de más. Se enlotó el guapo con uno fuerte que fue el cuarto, enmorrillado, cuajado y ofensivo por delante. Se le picó poco y llegó a la muleta crudo. El puyazo restante se lo 'pegó' Lorenzo con varios doblones de manual. Era, exactamente eso, lo que necesitaba el de El Parralejo.

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El empuje violento se le fue menguando al animal y poco a poco dejó ver su querencia a defenderse. Sobre todo cuando se vio podido por la firme muleta del toledano. Por abajo, limpio todo cuando hizo. Al natural, con el animal ya a menos, hubo muletazos buenos sueltos. Con esa estética en la que sigue ahondando. Superada la prueba del debut en Madrid, quería más y se la jugó entre los pitones, ya en el tercio, con el resultado de una voltereta que le pudo costar la alternativa. O más. Se levantó, dejó un espadazo... y se le pidió una oreja que el Presidente no tuvo el valor de conceder. En la vuelta al ruedo -qué menos que eso- hubo quienes quisieron reventarle. Volverá.


A mano vuelta, con el envés del capote, en una suerte de revolera inversa, Ginés Marín cerró sorprendentemente el saludo al feo y montado segundo. A este le marcó su falta de clase, llevada al último tercio. También se llevó la gente al último tercio una extraña hostilidad contra Marín. El extremeño entendió perfectamente lo que había de hacerle al astado de su debut en Madrid. Evitó tropiezos pese a sus complicaciones, planteó una labor sin fisuras y hasta con algún adorno muy suyo. Poco más se le puede pedir, bernadinas incluidas. Todo para nada: silencio. Igual que en el quinto, hondo y enseñando las palas por delante. Tragó 'quina' Marín. Siempre por dentro el novillo, soltando la cara, haciendo todo para que cualquiera tirase por la calle de en medio. Nadie le echó cuentas al inminente matador, que arriesgó muchísimo y sujetó la faena con argumento torero cuando el animal se vio podido y comenzó a defenderse.

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El Presidente se había demasiada prisa para echar al tercero, que aunque flojito, apuntaba bravura y buen aire. El reemplazo fue un 'toro' por hechuras de José Vázquez que llegó vacío a la muleta. No ayudó el inicio de Varea, que insistió largo rato sin opción de nada con el feble animal. Se desquitó el castellonense en parte con el sexto, manejable pero sosito. No fue tampoco guapo, pero al menos sí valió más que sus hermanos. A él quiso recibirlo a 'portagayola' hasta que el novillo 'se las piró'. Sujetado en el engaño, sirvió minutos después -y con la lluvia como protagonista final- para sacar la que quizá sea su gran virtud: esa mano izquierda. Su toreo al natural fluyó en tandas cortas, las que aguantaba el utrero, con composición, largura y suavidad. Al final sí, Madrid mostró algo de cariño. Si la espada hubiera sido efectiva al primero y no al cuarto intento, igual hubiéramos contado algo más que una ovación. Fue el único gesto de consenso en una tarde fría, lluviosa, de cruel hostilidad contra tres figuras en novillero. Quizás, contra tres próximas figuras en matador. .

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Plaza de Las Ventas. 4ª de la Feria de San Isidro. Lleno. Toros de El Parralejo, diversos de presencia, aunque feos en líneas generales. Mejor el manejable sexto. A la defensiva y sin clase los restantes. Un novillo (3º bis) de José Vázquez, muy flojo..

Álvaro Lorenzo, que se presentaba, silencio y vuelta al ruedo tras petición de oreja.

Ginés Marín, que se presentaba, silencio tras aviso y silencio.

Varea, que se presentaba, silencio y ovación tras aviso.