Tiene Román un currículum en Las Ventas para ronear delante de sus colegas. Cuatro o cinco orejas y una Puerta Grande en apenas dos años. Cifras y números, actitud y desparpajo, mientras llegaba el rodaje y el oficio. Hoy no hubo orejas, pero quizá el valenciano firmó su obra más sólida en el foro. Sin ser perfecta, sin resultar redonda, tuvo más virtudes técnicas y cualidades artísticas que cualquiera de las anteriores, sin perder las señas de identidad que un día le hicieron empatizar con el de arriba: Frescura e ingenua sinceridad. Y todo delante de un Fuente Ymbro bravo como su puta madre, de esos que si se te van, te entierran. El acero mandó todo al carajo, pero lo primero verdaderamente relevante que tiene esta feria, llevó su firma.

También en el arcón de la bravura, pero por el palo de la clase, hubo otro toro, el tercero, que al final del ciclo figurará como uno de los destacados del serial. Frente a él Garrido brilló con el capote y dejó pasajes de toreo largo y despacioso con mano zurda en una faena de muleta que tuvo argumento y nudo pero careció de desenlace. Menos suerte tuvo Adame, que en su primer compromiso isidril hubo de bregar con un toro de geniuada condición primero y otro de reservón carácter después. Los de más guasa del encierro serio y fuerte pero bien hechurado que envió Gallardo a Las Ventas, un lote interesante por variado, que tuvo más interés y matices en su primera parte y resultó más plano en su segunda mitad.

La faena de la tarde y el primer trasteo de cierta entidad del abono lo protagonizaron Román y 'Hechizo', una reata famosa en el cortijo de Los Romerales. Hondo y musculado, estrecho de sienes, con cuello, enseñando las palas, echó las manos por delante de salida, pero ya entonces humilló y colocó la cara. Su prontitud, otra de sus virtudes, ya la comprobó Román en el peto, al que el toro empujó fijo, metiendo los riñones. Hizo hilo en banderillas a El Sirio, que se escapó de milagro de un serio percance, y en la muleta embistió alegre y boyante. Román inició la obra estoico, por estatuarios en el tercio, y enseguida se fue a los medios, dio metros al toro y lució su embestida en la distancia.

La primera parte de la obra tuvo emoción. Autenticidad. Porque el toro embistió con todo, fuerte y por abajo, y el torero, muleta por delante, ligó las series sin rectificar terreno, con ajuste y mano baja. Quizá debió de perder pasos en ocasiones entre un muletazo y otro, pero en su afán por dar fluidez a la faena los pases se concatenaban unos con otros con intensa angostura. El público, ya metido en harina, vibró en la única serie de naturales que tuvo la faena, grande por cómo sometió la embestida, brillante por cómo trató de ralentizar la torrencial acometida del astado. Hubo más, otra serie notable con la diestra, finalizada con un cambio de mano y un pase de pecho a pies juntos que hizo rugir a la parroquia.

¿Qué faltó? seguramente otra serie con la mano zurda, reventar al toro por ese pitón, porque la faena hubiera sido sin duda, de dos orejas. ¿Falta de corazón? Cuesta creerlo en un torero que nunca dio señales de tener el motor gripado, ni siquiera después de los severos percances sufridos en las primeras ferias del año. Más bien, inexperiencia o impericia. Bisoñez, propia de su incipiente trayectoria, que se hizo patente después a la hora de cuadrar al toro en la suerte contraria. Pinchó en hueso antes de enterrar el acero dando los medios al toro, tal y como pedía su bravo carácter. La ovación se antojó premio escaso para el relieve que tuvo la obra.

El tercero fue el contrapunto idóneo a 'Hechizo', un toro fuerte, hondo y con cuajo, que ya exhibió tranco y ritmo de salida. Garrido le cuajó con el capote, sobre todo los primeros lances rodilla en tierra, y luego le sopló varios naturales de trazo largo, enganchando con los vuelos, y tirando con suavidad de su enclasada embestida. Lástima que no fluyeran con continuidad. Ni Román, que sorteó después un toro lleno por fuera pero vacío por dentro, ni el extremeño, que despidió la tarde con el ejemplar más deslucido, pudieron redondear después. El lote de Adame fue 'entretenido'. Con movilidad pero áspero y violento su primero, que se metió por dentro y nunca vino entregado, y frenado y reservón el que hizo cuarto, que derribó de tres arreones a los de aúpa. En ambos ofreció el mexicano una imagen de torero centrado y sereno, sin descomponerse ante su esquiva fortuna.