En el nombre del padre. Un emotivo adiós. De 'Paquirri', por 'Paquirri'. Y una torera faena, de raza. De Cayetano, a 'Paquirri'. En el nombre de 'Paquirri'. En la tarde de la despedida de Rivera Ordóñez, Cayetano honró la memoria de 'Paquirri'. La de los dos. A su padre, y a su hermano. Especial cita. Con la emoción por bandera. A flor de piel. Desde el minuto 0 Francisco. Y hasta el último segundo, Cayetano. A la puerta de chiqueros los dos hermanos. Los dos, a una. Y a por todas. En Sevilla, cuyo público supo leer una tarde de especiales sensibilidades y conceptos. Lástima que El Juli bailara con 'las más feas'. Y que se viera obligado a dejar el protagonismo a los hermanos. Actores principales ambos. Uno, Rivera, que instrumentó un emotivo trasteo al buen cuarto de Daniel Ruiz, el toro más completo del encierro, del que cortó una oreja. Y otro intérprete destacado, Cayetano, que firmó una intensísima faena, muy torera, con la raza que siempre le distinguió, premiada con una oreja, para la que incluso se le pidió con fuerza la segunda.

El corazón en un puño. En una tarde de emoción contenida. La despedida de 'Paquirri' de 'su' Maestranza. Difícil decir adiós a la que fuera uno de sus feudos más destacados. Esa con la que tan fuerte vinculación tuvo el torero de dinastía durante tantos años. Regresaba Rivera Ordóñez a Sevilla después de un año sin pisar el albero maestrante, para torear por vez última en el año de su adiós a los ruedos. Con esa congoja tan adentro, no lo dudó un instante el primogénito de Paquirri, que agarró el capote instantes después de que sonaran los clarines para irse directo al portón de la verdad.

A portagayola, sin probaturas, recibió al primero de Daniel Ruiz. Serio, abierto de sienes, y terciado, como a la postre de hechuras serían sus hermanos. Con mucho motor salió el astado en una emocionante salida. Lo saludó el torero después de la larga cambiada, a la verónica, rematando con dos medias. Se midió el castigo en varas y Francisco volvió a demostrar su afán de triunfo cogiendo los palos. Facilidad en los dos priemros pares, con el toro arrancándose con buen son. El último, por los adentros, flotando en el aire el riesgo. Fue noble este primero, con el que Rivera inició faena con la pierna flexionada, por bajo, con torería, en una labor que finalmente no pudo levantar el vuelo porque al de Daniel Ruiz le faltó empuje. Mató de estocada casi entera y saludó una cariñosa ovación.

Astifino y serio, acucharado de pitones, largo y alto, el cuarto fue un buen toro, de principio a fin. El más completo del envío. Desde las verónicas de recibo, pasando por la pujanza que tuvo en el tercio de varas, metiendo los riñones y empujando con fijeza en ambos encuentros con el caballo. Buena nota también en banderillas. Embistió con prontitud, calidad y transmisión en la muleta en una emotiva faena cimentada sobre la mano derecha, que el cónclave siguió con intensidad. Cayó la estocada desprendida y el público sacó los pañuelos para pedir la oreja que un emocionado Francisco paseó en su última vuelta al ruedo en la Maestranza. En la memoria, su padre, por el que brindó al cielo nada más terminar de dar la vuelta al anillo.

No había tenido suerte Cayetano con el buen pero flojo tercero, más estrecho de sienes que sus hermanos, pero serio, alto y fino de cabos, al que recibió como había hecho antes su hermano en la puerta de toriles en una comprometida portagayola en la que le rozaron los pitones por la espalda y a punto estuvo de ser cogido. Enrabietado, lo lanceó a la verónica con temple, pero el astado, que apuntaba buen son, se dio una costalada que le hizo llegar a la muleta sin fuerza. Lástima porque tenía clase, pero Cayetano no tuvo opción ante tales circunstancias. Eso hizo que echara el resto y con la raza que le caracteriza, con el sexto, un toro lavado de cara y alto al que le firmó un soberbio quite de Ronda que puso a la Maestranza boca abajo. Con enorme torería se despojó de las zapatillas y le lanzó la montera al toro, al que aguantó en la corta distancia poco antes de echarse el capote a la espalda en ceñidísimas gaoneras, a compás.

Un gran tercio de banderillas protagonizaron Iván García y Alberto Zayas, que se desmonteraron ante la sonora ovación de una entregada Maestranza. Y un emotivo brindis de Cayetano a su hermano. Otra ovación de Sevilla. Cumbre el inicio de faena. Soberbio Cayetano. Tiró de raza y se echó de rodillas para ir poco a poco acortando la distancia. De forma inverosímil, aguantó estoico en un escaso terreno para provocar su arranque. Y así, se le entregó Sevilla, rodilla en tierra, en una serie de mano muy baja, con dos cambios de mano extraordinarios. Magnífico. Elegancia, toreo muy relajado, encajado y con temple a un toro con calidad, que mediado el trasteo quiso rajarse, pero lo buscó siempre el torero, con mucha raza y torería. Allí, trató de exprimirlo al máximo, en tablas, con gran mérito, en una torera faena de peso, de mucha actitud, y de raza. El estoconazo, de libro. Y cortó una oreja e incluso se le pidió con muchísima fuerza la segunda, que el Palco no tuvo a bien conceder.

El Juli no pudo ser protagonista en esta tarde fraternal porque le correspondió el lote de peores prestaciones. Pero firmó una interesante al segundo. A compás lo saludó a la verónica, un toro serio, alto, y cuesta arriba pero fino de cabos, al que instrumentó unas ceñidísimas chicuelinas de mano baja abrochadas con una preciosa media en un bonito quite. Le respondió Cayetano, con raza, por verónicas. Y se lució José María Soler en banderillas. Lo sujetó Julián a un toro noble que pronto quiso irse a tablas, pero con mando, el madrileño supo someterlo sin dejar que huyera. Faena importantísima de El Juli, que no dejó irse a un toro muy difícil de sujetar. De no haber fallado con la espada, le hubiera cortado una oreja con fuerza.

Luego tampoco pudo resarcirse con el quinto, un animal estrecho de sienes, con la cara hacia adelante y zancudo. No apuntó buenas maneras en los primeros tercios y aunque El Juli siempre trató de hacerlo romper hacia adelante, no hubo forma ante un toro complicado y deslucido que embistió a tornillazos. Por eso no pudo festejar El Juli el orgullo 'Paquirri'.