Fue una corrida muy de Pamplona: Seis toros seleccionados más para el espectáculo matinal que para la función vespertina, tres toreros muy entregados y metidos en el guión que exigía la tarde, con profusión de toreo de rodillas y demás resortes. Y la estocada: Donde el premio gordo sale si el toro dobla pronto, más allá de dónde haya caído la espada. Pamplona es así y así hay que entenderla. No se puede pedir a una ciudad en fiestas que vive alejada de la belleza y apegada a los excesos que en lo taurino sea exquisita.

Agresivo por delante, suelto de carnes, sin remate en algunos de sus ejemplares, que difícilmente hubieran sido aprobados en otras plazas de primera categoría, cosos donde, evidentemente, no hay encierro matinal, el lote de Cebada, eso sí, de manos cortas, con menos alzada que años pasados, fue el más noble y pacífico que ha lidiado últimamente esta vacada, pero su obeciencia vino unida a un estrecho depósito de raza que derivó en falta de transmisión. Un lote de astados que con un hierro más 'comercial' hubiera recibido más críticas que loas.

En esta atmósfera el más beneficiado fue el debutante Octavio Chacón, que venía avalado por su irrupción isidril y que se metió pronto en el guión con un toro grande, estrecho, vareado y amplio de cuna, el que abrió corrida. Pasó dándose la vuelta al revés en el capoteo, tardeó y no se empleó en el peto y marcó querencia en banderillas. Inició faena el gaditano de rodillas en terrenos de tablas y comprobó que el toro respondió mejor cuando el viaje era hacia los adentros. Por eso, después de un breve intento de toreo en los medios, regresó a la tapia para, en paralelo, plantear una faena esencialmente asentada, sobria, ganando un paso en cada muletazo para facilitar la ligazón, porque el toro perdía celo tras el embroque.

En un desplante de rodillas el 'cebada' le sorprendió y estuvo a punto de herirlo de modo muy serio porque quedó colgado a la altura del costado. Se fue detrás de la espada con fe para cortar la primera oreja de la tarde. Otra le arrancó al carbonero cuarto, avacado, estrecho, suelto de carnes, astifino desde la mazorca, bajo y zancudo, que humilló en el capote y cumplió en el peto antes de lesionarse la mano izquierda durante el tercio de banderillas. Esa merma condicionó su lidia aunque fue de largo el de más clase y mejor condición del envío. Chacón lo toreó muy templado, ayudando al animal y además utilizando resortes para llegar al tendido. Una faena muy a tener en cuenta por sus registros técnicos, pero, por la lesión del animal no una faena de premio. Salvo en Pamplona.

Otra oreja paseó Juan del Álamo del tercero, merced sobre todo a la gran estocada con que rubricó su obra. Hasta ahora, sin duda, la estocada de la feria. Largo, con cuello, estrecho, bajo, vareado, zancudo, amplio, cornidelantero, queriendo enseñar las palas, el animal echó las manos por delante en el saludo del salmantino, que también echó las rodillas al piso para principiar su obra. El toro se movió de modo desordenado, soltando la cara, sin ir metido en el engaño, pero Del Álamo fue capaz de templarlo. Tuvo menos clase pero una chispa más de transmisión que sus hermanos y el torero lo empujó para delante con la mano derecha con profundidad y limpieza antes de acabar con la rotundidad antes referida.

El sexto fue un animal feo, por escurrido y destartalado carente además de virtudes para hacer el toreo, pues ni tuvo fondo ni embistió con calidad. El mirobriguense tiró de recursos y lo despachó con eficacia. Sin cortar orejas, la actuación de Bolívar no desmereció en absoluto de la de sus compañeros. Sacó un diez en técnica el torero del Valle del Cauca tanto con el colorado segundo, otro astado feble, seleccionado con poco gusto, construido cuesta arriba y sin cuello, al que Bolívar embarcó y pulseó con suavidad y eso que el toro ni descolgó ni le dejó echarle la muleta abajo, como luego en el quinto, el más 'cebada' de todo el sexteto, al que, pese a su nobleza, faltaron finales. Buscó el torero darle celo entre un pase y otro para que el trasteo fluyera y en parte lo consiguió, con pericia de torero curtido. Si se fue de vacío el caleño no fue por su falta de tino con el acero, sino porque sus toros tardaron más en doblar que los de sus iguales. Y eso aquí, es pecado mortal