Hemos contado tantas veces a Ponce que parece que ya no hay calificativos para contar sus hazañas sin resultar redundante. Pero mientras echas mano de ingenio, y del diccionario, él sigue cuajando toros y dictando lecciones. Algunas inverosímiles, como la de esta tarde en 'su' Bilbao. En medio de la sinfonía poncista se coló la raza de Ginés Marín, a quien, vistos los galones del veterano, no le quedó más remedio que cruzar la raya e imponerse, toreando además con buena expresión, a otro toro incierto y correoso. Como toda la corrida de Victoriano, salvo el primero de Cayetano, que en su debut en las Corridas Generales también puso su nombre a la tarde. Sólo la espada le privó de sumar en Vista Alegre.

La corrida de Victoriano del Río fue exigente de verdad. Sobre todo, por lo imprevisible de su comportamiento: ahora embisto, ahora me freno, ahora derroto, ahora repongo. Por eso tuvo tanta importancia el derroche del genio de Chiva en el cuarto. Porque además de cuajarlo, sacó la caja de pinturas. Y eso que el animal, largo de viga, estrecho de sienes, enseñando las palas, musculado, voluminoso, pareció no tener fuerza de inicio, porque perdió las manos en el saludo de Ponce, pero como colocó la cara y tranqueó en los primeros tercios el presidente lo aguantó. Se empleó en el caballo, estuvo además largo rato bajo el peto, pero en banderillas comenzó a arrear, y al último tercio llegó tecloso.

Medido el viaje, protestón, descompuesto y pegajoso, su embestida resultó molesta e incómoda de inicio, pero en la segunda serie Ponce le cogió el sitio, y le robó una serie grande, la más artística de esa primera parte, porque la obra pronto tornaría en un emocionante toma y daca, que tuvo emoción por la entrega del torero y la embestida del toro, que aunque nunca se entregó, dio importancia a todo cuanto se le hizo. El último tramo con el público puesto en pie, pareció más fácil de lo que en realidad fue, porque el maestro, pegado a tablas, relajó la figura acompañando el viaje con clase, estética y plasticidad, pero sin dejar de someter al toro, porque era de los que no perdonaba errores. Parecía que se había pasado de faena, que el toro no le iba a ayudar en la suerte suprema... pero lo reventó de un estoconazo sin puntilla... y las dos orejas cayeron a un tiempo. Soberbio.

Ya el primero, bajo y fuerte, musculado, algo engollipado, construido cuesta arriba pareció mejor por el trato que le dispensó el maestro. Echó las manos por delante el animal, le costó desplazarse en el capote de Ponce, que lo lanceó ganando terreno hasta rematar casi en la boca de riego. Lo picaron trasero en los dos encuentros, cortó el toro en banderillas antes de un inicio de faena muy para el toro, dándole tiempo y celo, prolongando su embestida entre las dos rayas, sin obligarlo, en paralelo a las tablas. Con la zurda también le faltó recorrido al animal, se quedó en mitad del embroque, sin fuelle para romper para delante, a pesar de la dedicación del genio de Chiva.

El toro de más calidad del envío fue el del debut de Cayetano en la Aste Nagusia. Nada exagerado, algo corto de cuello, se desplazó con tranco de salida, metiendo la cara abajo, descolgado. Se arrancó con alegría al caballo y empujó en varas. Cayetano ordenó poner las banderillas a sus subalternos con los colores de la bandera de España, en lugar de los palos de tela clásicos de esta plaza, lo que desató una fuerte controversia. Gran tercio de Iván García, que saludó montera en mano. El inicio de rodillas, al hilo de las tablas, tuvo fuerza y brillantez. El toro, enclasado, pero no sobrado de pujanza, pidió engancharlo y despedirlo con suavidadCayetano le dio tiempo, no lo atosigó, y de uno en uno consiguió muletazos de mucha expresión por los dos pitones, pero más conseguidos con la mano zurda. Faena de mucha actitud, pero con cabeza. Hubo fibra pero no arrebato. Equilibró a la perfección el carácter con la plasticidad. Lo mató de una gran estocada, pero fue al segundo intento. Por eso la petición no terminó de cuajar.

Bajo y hondo el quinto, acapachado de testa. De pitón blanco. Con otra tipología. Recordó, por hechuras, a ejemplares del encaste Lisardo - Atanasio. Se movió de salida, con viveza y pies. Cayetano lo saludó con una larga en el tercio de rodillas y desenpolvó el Quite de Ronda donde ya le puso los pitones en la cara. También en el tercio de banderillas echó la cara arriba, como en los primeros compases de la faena. Animal con genio, que se quedó corto, no humilló y derrotóCayetano se dobló por bajo con él de inicio, enseñó al público la condición del toro y lo despachó con habilidad, y eso que el toro no le dejó pasar.

Ginés vio cómo su primero, la vedette del envío, regresaba a los corrales tras partirse un pitón de salida contra un burladero. Corrió turno el extremeño, y saludó el reseñado de sexto, más despegado del suelo el tercero, que embistió con poca clase al capote, un defecto de se prolongó en la muleta, donde inició el muletazo mejor de lo que lo terminó. Siendo un toro manejable, fue poco lucido. Hubo una serie muy buena con la zurda de Ginés, otra con un natural extraordinario, pero ahí surgió un desarme y la faena sufrió un parón. Buscó el animal cualquier excusa para irse para dentro. El torero puso fibra y actitud para sostener la faena, cerró por manoletinas, y de haber acertado con el acero le hubieran pedido un trofeo.

Salió enrazado luego de la exhibición poncista para saludar al sexto, largo y feo sobrero, suelto de carnes, de poco cuello. No se empleó en el peto, embistió sin clase y sin humillar al capote de Ginés Marín, que brindó la faena a Ponce. Se movió de modo descompuesto, no tuvo dos embestidas iguales, y sobre todo, no perdonó errores porque fue toro áspero, vivo y correoso. Ginés estuvo muy despierto con él, lo enjaretó con la mano zurda, incluso arrancó la música. Esfuerzo grande, y esfuerzo toreando. Incluso perdió pie al final de la faena, cayó a merced del toro, que le buscó en el suelo y le tiró un feo derrote al cuello. Se escapó de milagro. Tras un estoconazo la oreja fue de ley, como toda su tarde. Una tarde que tuvo dueño y señor. Como la Aste Nagusia, Como Bilbao. Porque Bilbao (con permiso de Ordóñez y de Capea) es más de Ponce que de nadie.