Estaba Sevilla con aire de Sábado de Farolillos. Había alegría en el tendido que se volcó con la entrega de la terna de toreros-banderilleros que volvía a copar un mismo cartel. Un público agradecido que se dividía entre los que vinieron expresamente de la Feria a rebufo del cartel y los que se quedaron en el Real a la vista de los casi tres cuartos de aforo que se completaron. Juan José Padilla y El Fandi, aparte de sortear dos toros con grandes cualidades, contaron con el beneplácito de la concurrencia que disfrutaron durante la lidia y mostraron sus pasiones cuando la presidenta no concedió sendos trofeos que la plaza pedía de forma clamorosa.

El cuarto y el quinto fueron el cenit de una corrida bien presentada y seria de Jandilla. Toda la corrida corta de manos, preciosa de hechuras y con las caras que aportaban más seriedad aún al conjunto. Como virtud, la corrida tuvo movilidad -excepto el rajado sexto-, la clase y la fijeza. El cuarto desbordaba cada embestida desde el capote de Padilla, mientras que el que correspondió a El Fandi tuvo ritmo y profundidad. Hubo otro toro con cualidades, el primero, que quiso aunque tuvo el defecto de querer irse, pero cuando fue lo hizo con infinita calidad y recorrido. No tuvo la fortuna de que ninguno cayera en sus manos Manuel Escribano que tuvo que lidiar con los toros de menos puntuación.

El eje argumental de la corrida fue el tercio de banderillas. Una corrida habitual durante décadas con un público muy amplio que se vio hoy representado. Volvieron a compartir y a competir en un reñido duelo entre los especialistas del escalafón. Se vieron un gran carrusel de suertes: de poder a poder, dentro a fuera, el quiebro, la moviola, el violín o la calafia.

El Fandi se apretó con el quinto cuando en el primer muletazo de rodillas, esperando al toro en los medios, recibió una cornada en el muslo derecho a la altura de la rodilla. El toro se le cruzó y por astifino, le hizo presa con solo rozarle. El de Jandilla era acapachado y serio por delante y bien hecho pero con trapío por detrás. Ilusionó en el primer tercio por su embestida de infinita calidad, buen tranco, abriéndose y yéndose lejos en cada capotazo templado del granadino. Toreó bien con la capa con una media tras el quite de corte superior. En banderillas, galopó lo que dio un aire especial al buen par a la moviola que clavó con precisión de cirujano. Había que llevarlo muy toreado, por eso llegó el percance y por eso se volvió a colar en el siguiente cite de largo. Fandi tomó la media distancia donde el toro obedeció humillando, desplazándose muy largo también por el pitón izquierdo donde toreó muy encajado y con temple. Bravo y encantado fue el de la estrella. En el tramo final, las tandas se sucedieron más cortas pero efectistas. Puso al toro mirando a las tablas para ejecutar la suerte de recibir pero la espada quedó caída. A eso se agarró el palco para no conceder un primer trofeo que, como dice el reglamento, otorga el público. Después de la vuelta al ruedo y la consiguiente bronca, pasó a la enfermería para ser operado de la cornada..

Tampoco atendió al público la exigente Anabel en el cuarto. Padilla es ídolo en Sevilla y lo sabe. Se fue a la puerta de chiqueros para recibir a 'Caudillo' y no fue una sino hasta cuatro las largas de rodillas que recetó el jerezano. Como una revolución, fue hacia el toro para enjaretar una tras otra entre el desparrame general. También fue serio el colorado con el pial de Vegahermosa, enseñando las puntas, pero de buenas hechuras como lo fue toda la corrida. Embistió con clase en un exigente primer tercio en el que El Fandi quitó por lopecinas, mientras que El Pirata rescató los faroles invertidos que por infrecuentes en la lidia actual resultan incluso agradables. Compartió banderillas, esta vez, con Fandila que bordó la moviola. No se quedó atrás Padilla que aguantó como un jabato como le midió antes de clavar al violín y quedar a merced en la cara. De rodillas arrancó con la muleta para sacar al toro hacia afuera. Había en el toro movilidad y franqueza, sobre todo, por el derecho. Ahí fue cuando, ya mediada la faena, se apretó en una tanda muy reunida que a la postre sería lo mejor y único. Toreando por bajo concluyó antes de que la espada quedase desprendida. El público se desgañitó pidiendo un trofeo que nunca llegó pero que lo consoló en una lenta y jaleada vuelta al ruedo.

El primero siempre se quiso ir. Desde el capote salió suelto, mirando a las tablas cuando las tenia cerca, y los chiqueros cuando se alejaba galope va. Este era muy corto de manos, con cuello y la cara en su sitio. El Fandi entró en el tercio de quites por chicuelinas aprovechando la inercia cuando pasaba el toro queriéndose marchar aunque con un galope con buen son. Contra pronóstico, solo invitó a Escribano a parear. Estuvo torero y lidiador Padilla con él que dejó lo mejor en los doblones por abajo, sometiendo y fijando al toro. Solo veía muleta. Se quedó en el centro del anillo para empezar a desarrollar sus virtudes como fue el recorrido con calidad. Tuvo profundidad también por el izquierdo donde, además, tuvo la fijeza que no encontró en los primeros tercios. El toro explotó todas sus cualidades aunque siempre Padilla lo tapó la salida de forma magistral. Tardó en doblar el animal y hubo de necesitar un efectivo golpe de descabello. Hubo petición pero sin la aclamación de las ya citadas.

Tuvo la corrida otros tres capítulos de menor lucimiento. El segundo fue un toro con mucho ímpetu pero sin apenas entrega. La movilidad fue en tono defensivo, arrollando más que queriéndola tomar con franqueza. Hubo riesgo en tres ceñidas largas cambiadas e incluso la tercera midiendo un segundo que se hizo eterno. No tuvo material Manuel Escribano que sorteó en primer lugar un toro que soltaba la cara con mucha violencia y un sexto que se rajó en cuanto se sintió podido en dos tandas de mucho sometimiento.

En las dos ocasiones se fue a la puerta de chiqueros para recibir a su lote. Hubo frialdad, sobre todo, en la del sexto que apenas levantó alguna palma de un público que tenía la mente ya en el viaje de vuelta. Un par al quiebro en las mismas tablas en el tercero emocionó. A este le encontró la distancia para que no le tocara las telas a su rubricada embestida. Un mérito dada su condición. En el sexto ejecutó la arriesgada suerte de la calafia. Este se movía con clase pero le costaba un mundo. Así fue cuando después de un puñado de buenos multados, echó la persiana y se rajó.

Antes de que el sexto fuera camino del desolladero, los tendidos se habían desalojado con prisa. Volvían a poner rumbo a la Feria para contar a los que se habían quedado en las sillas de enea que Padilla es el ídolo de Sevilla, que El Fandi había toreado muy despacio con una cornada y que el pobre Escribano no tuvo suerte pero que estuvo muy bien en banderillas. También se acordaron de la racanería de la Dama de Hierro. Y de los tres toros de Jandilla que animaron la tarde.