Madrid es Madrid. Por su propia ideosincrasia, por su exigencia creciente. No hay otra plaza comparable en el mundo. Su compleja maraña de factores hacen del triunfo una 'rara avis' que depende de un decálogo. Un manual de estilo que obliga a ticar los diez parámetros para que el toreo fluya dentro de una autoimposición que se convierte en una auténtica utopía. Así, o se cumple con el decálogo o eres un torero especial. Ginés Marín y 'Barberillo', por ejemplo, lo cumplieron a rajatabla.

El decálogo para triunfar en Madrid está compuesto por cinco obligaciones para el toro y otras cinco para el torero. La falta de una de ellas supone dar al traste con cualquier opción. Por eso hoy fue una tarde más. La corrida de José Luis Pereda no reunió -todas ellas en su conjunto- con movilidad, fuerza, emoción, repetición y ligazón. Cinco parámetros que se vieron reflejados, por ejemplo, con la movilidad que tuvo el segundo por el pitón izquierdo pero sin romper de verdad hacia adelante o la nobleza del cuarto al que le faltó fuerza y emoción. Un corrida sin el sello 'Núñez' en sus hechuras como el grande y basto sexto o unas caras desorbitadas mirando al cielo.

El torero también tiene otras cinco obligaciones: actitud, compromiso, capacidad, inteligencia y la estocada. Solo casos como el de Talavante el jueves pueden cumplir los diez mandamientos de forma parcial. Los que tienen sello rompen con cualquier esquema. Gonzalo Caballero dio un salto cualitativo del tercero al sexto. Mientras que con el primero intentó no perder la colocación, torear limpio antes que encelar a un toro que salía del muletazo yéndose, en el que cerró la tarde pisó el terreno que acostumbra, echó la muleta y solventó las complicaciones de un animal que no fue fácil.

A Gonzalo le esperaba un toro inmenso para cerrar, probablemente, la tarde más difícil de su vida. Un toro que hubiera mandado al psicoanalista al mismísimo Carlos Núñez si lo hubiera visto salir de chiqueros. Porque el problema radica ahí. Se ha sacado el toro de tipo como ya pasó con otros encastes como lo de Santa Coloma. Es más fácil irse al toro de las 12 de la mañana, el que al menos te asegura lidiar la corrida completa. Este no se empleó nunca en los primeros tercios pero Gonzalo le dio distancia siempre en la muleta. Firme, dispuesto. Con esa angustia de verlo cogido porque o pasa el toro o pasa. Lo mejor llegó con la mano izquierda. Siempre encajado en el cite y echando la muleta. A pesar de que el toro pegaba el tornillazo al final, volvía a ponerse sin perder colocación. Las manoletinas con el toro volviéndose con malas ideas llevaron su sello. Todo corazón. Con la espada estuvo de nota. Lástima que esta vez el toro se amorcillara y tuviera que dar un golpe de descabello. La vuelta al ruedo, a buen seguro, le sirvió de homenaje y honra para su padre.

El tercero, engatillado de pitones y reunido de cara, corto de manos y hondo, salió suelto en cada lance con el capote. Incluso en el buen quite de Morenito a la verónica. Caballero optó por buscar el buen trazo y la colocación óptima pero faltó la ligazón -o el irle a buscar- necesaria para que el decálogo cumpliera la pauta. Consumó perfecto, eso sí, el de la estocada que hizo rodar al toro sin puntilla.

Bajo de manos pero ensillado y alto de cruz fue el segundo. Muy serio de cara y enseñando las palas. Siempre fue y vino muy rebricando en los capotes. Fandiño se fue a los medios para dar dos pases cambiados por la espalda. El toro tenía cierta ese punto de viveza que se convierte en agresividad. Sobre todo por el pitón izquierdo donde llegaron los momentos de mayor calado. Estuvo firme Iván. 'Arocheno' tuvo fijeza y buen embroque pero le faltó rebosarse y romper hacia adelante. Cuando se fue la inercia, se terminó como un bluf. Las bernardinas fueron de hinojos. Con el quinto alargó una faena que contó con el mérito de reducir la violencia con que pegaba unos gañafones difíciles de domeñar a través de la limpieza en el trazo. Era su último cartucho en la feria y no se dejó nada, incluida una limpia porta gayola.

No gastó un gramo de su limitada fuerza el primero de la tarde en emplearse. Imposible trasmitir con todo lo que le hizo a su altura Morenito. Un toro que lo mejor que te puede pasar en Madrid es que te lo devuelvan. El cuarto tampoco fue un derroche de fuerza pero al menos tuvo la nobleza de seguir los engaños y fondo para aguantar una faena larga. Encontró la altura Morenito para, después, apretarlo en una tanda sobre la mano derecha mediada la faena que fue lo que duró. Bonitos fueron los remates que fue con lo único que pudo resarcirse en su último paso por este San Isidro.