Y salió el toro en una grillera. Muy serios, con leña, algunos con edad y cuerpos voluminosos que dieron un variado y completo espectáculo. Salió el pronto, el fijo, el enclasado, el manso con emoción, el que fue bueno por el derecho, el que había que encelar. Se vio un tercio de varas espectacular. Entrega, disputa, competencia. Orejas. Ciento cincuenta minutos que fueron pluma cuando otros días pesaron como plomo. Pero aún así no vale. La intransigencia con que se trató a Roca Rey mientras buscaba con ansia la Puerta Grande, frente a un empinado abismo con el que muy pocos son capaces de tirar la moneda, convirtieron una plaza que vivía una tarde buena en una jaula de grillos en una de esas calurosas noches de verano en que dormir se convierte en una epopeya.

El toreo tiene la grandeza de compilar tantos toros, tantos toreros, tantos estilos que cuando se llega al límite de la intoleracia, la Fiesta es menos Fiesta. Lo grande se convierte en pequeñito. El mundo no cabe en la palma de una mano. Las exigencias han llegado al límite de castigar las faenas que no cumplen con los cánones autoimpuestos a pesar de que la tarde había tenido de todo y para todos los gustos. No existe el toreo de una forma. Como no fueron iguales las orejas de Miguel Ángel Perera y Roca Rey. Como no fueron iguales 'Beato' y 'Cantapájaros'. Ni 'Cangrejero' ni 'Cojito'.

Así fue la primera corrida de Victoriano del Río en Madrid en apenas quince días. Con cuajo, grande sin ser alta. Con caras de 'tío', más guapos por reunidos tercero, cuarto y quinto, abriendo más primero, segundo y sexto. Dentro de la variedad, dieron juego para una entretenida tarde excepto el que abrió -por sosito- y el que cerró -por complicado-. Hubo un lote bueno, el de López Simón, y dos toros para hacer lo que hicieron Perera y Roca Rey.

Con Roca Rey temieron que pudiera abrir la Puerta Grande. Por eso le trataron como a una gran figura por primera vez. Será porque su faena al avanto y manso 'Beato' fue de las de mostrar la dimensión real de un torero. El peruano estuvo firme, valiente. Rozó la capacidad insultante frente a uno de esos toros que si los consigues tapar en el viaje de fuera, el que te da por dentro es de lío. Pero no para cualquiera. Todo fue en la puerta de chiqueros. A escasos metros de las tablas. Hubo conjunción, emoción, temple. Y mucho de tragar esa embestida humillada y profunda de un obús de 639 kilos. Tuvo emotividad la faena, prácticamente, íntegra sobre la mano izquierda. Apabullante Roca Rey en una de sus faenas más meritorias e importantes de su carrera. Por lo complicado del toro, por la plaza, por la responsabilidad. Entro de verdad para dejar un espadazo en todo lo alto. Toro rodado y una oreja merecida que lo ha puesto en un lugar muy importante.

Buscaba Roca Rey la Puerta Grande. Le iba a dar igual lo que salía por chiqueros. Por eso después de repucharse en el primer puyazo, apenas lo señaló en el segundo. Necesitaba brío y una embestida poderosa. No lo entendió así ese Madrid inquisidor que consiguió condicionar lo que vendría después. Un toro complicado, al que le costó tirar para adelante pero con el que el Andrés no dudó. Se quedó ahí. En ese terreno donde embisten los toros y el corazón se revoluciona. Pero a este parece que es de cera. No fue 'Entrador' como sus hermanos. Ni el público el mismo que se apasionaba minutos antes. La estacada hasta las cintas y el gesto de rabia, pura poesía.

El último cartucho debe saber tela a pólvora. Hasta la indigestión. A Perera solo le quedaba uno. Y fue ese, por fin, el que le sirvió para quitarse un peso que le debe hacer andar más ligero por la temporada. El cuarto llevaba otro nombre ilustre en Madrid: 'Cantapájaros'. Cada vez que sale un toro así de renombrado hay murmullo desde el sorteo. Muy hondo y lleno, serio aunque con la cara reunida. Corto de manos y sensación de bajo a pesar de los 640 kilos con los que cargaba. Tuvo ya mucha quietud un variado quite antes de tomar bien el capote en banderillas. Torero de perfil en los medios, muleta por delante para sacarla por detrás en el último aliento. Fue muy reunido este inicio que evidenció el buen tranco del animal. Perera toreó reunido y largo, enganchando los muletazos muy adelante justo cuando terminaba el anterior. Mano baja. Por la izquierda, 'Cantapájaros' no cantó igual. El final marca de la casa y el buen espadazo arriba le puso en la mano una oreja. No tuvo continuidad el primero que estaba a tres meses de cumplir la mayoría de edad. Le intentó limar defectos propios del paso del tiempo. Incluso le bajó la mano pero a un viejo es difícil pegarle pases.

López Simón tuvo suerte con el lote. Fue bueno por el pitón derecho aunque pudo durar más. También tuvieron las dos faenas dos inicios álgidos y con la respuesta del público. 'Cangrejero', de mazorca fina, enseñando las puntas, fino de cabos y bajo de manos, tuvo la intención siempre de humillar como lo hizo en un intenso inicio de faena. Directamente toreando en el tercio del cinco. Dos tandas reunidas y de trazo largo. Después lo tomó en corto cuando el toro pedía aire. Con la izquierda se diluyó el azucarillo. El quinto, 'Cojito', fue un tío. Más basto de hechuras, un punto zancudo y con dos pitones que cerraban arriba pero que tenían veneno. Derribó a Tito Sandoval en el primer encuentro y ahí empezó un espectáculo. Volvió de lejos y con fuerza. Tito picó en la mismísima yema y le metió las cuerdas antes incluso que llegara a su jurisdicción. Tremendo. Le redujo la velocidad según entraba al peto. Bravo el toro. Cuando salió, no contento de no haberle derribado, volvió con la misma fuerza que la primera vez pero esta vez el picador amortigüó el viaje y no le puso la vara encima. Hay que ser muy valiente. Tuvo que destocarse el castoreño cuando marchaba entre barreras. Simón se echó de rodillas. También hay que ser valiente para eso. Y el toro se arrancó con alegría, prontitud y fijeza. Allí le pegó una tanda de categoría por comprometida. Y exigente. El toro se rebosaba en cada viaje y repetía con codicia. Ya de pie volvió a venirse de largo. Faltó sitio según avanzaba la tanda lo que ensució el trazo cuando punteaba el engaño. No era el mismo toro por el lado zurdo. Se cerró en el tercio cuando volvió a la derecha pero todo se había evaporado.