No hace tanto tiempo, España iba en asno, comía torreznos y colesteroles a mano, y se calaba la cabeza con una boina. Que dicen es de origen vasco (discrepo), pero que fue el símbolo agrario de esta 'piel de toro' a lomos de burro que ya no hay. Como las boinas, que ya no hay. Luego, la boina fue sinónimo de cateto y algunos hicieron humor para estúpidos sacándola fuera de tipo: en la tele de los 'Ochenta'. Yo respeto a la boina. En los pueblos las había capadas y sin capar. Capar la boina, quitarle el rabito del centro, era mal síntoma. Una indecencia, un frenesí gay, un síntoma de debilidad. A los quintos que iban a la mili en edad de envergar, que diría el sargento (mayoría de edad en lenguaje actual), los veteranos les pedían el derecho de llevarla... sin capar. El derecho del quinto era llevarla entera. Mucho derecho ese, sí señor. La Quinta se había ganado el derecho de estar en Las Ventas (también sí, señor) pero esta Quinta cinqueña del debut de Plaza Guan (One, 1) será recordará capada: un toro por el pitón izquierdo y otra vez la mala suerte de David Galván.

Fue fea la corrida. No. Lustrosa boina a estrenar, pero de tipos distintos que recordaron a veces los hocicos chatos de un 'pablorromero', o 'lo' de Hernández Pla. Hubo uno feo de cuerpo por alto, el quinto, que, sin embargo, embistió muy bien media faena por el pitón izquierdo y otro feo por delante, porque abrigó la cara de este a oeste en exceso, el sexto. Los demás enseñaron las palas, menos el tercero, que fue zapato de hechuras. En lo que igualaron fue en esa falta de celo y raza, que les animó a perder las miradas buscando novia de baile, como perdían las miradas los quintos de boina en la víspera de ir a la mili en el baile de despedida. Miraban a las mozas. Lógico. Lo que miraban los de La Quinta era ese lugar donde mira este encante cuando se descasta.

De los reseñados, una cosa negativa, una positiva y una en tierra de nadie. La negativa es que David Galván tiene un pleito con un tuerto. Lleva a un Polifemo a las corridas porque, otra vez le tropezó feo un toro, el segundo, que salió enterándose, que arrolló mucho, que salió 'de naja' en el caballo y que era toro de aliviarse. Siempre se vino por dentro este toro con cinco para seis años y, a la que el torero se quiso colocar para una tanda, lo cazó en fea voltereta quedando KO en el suelo. Los cronistas antiguos del tiempo de la boina describían a este toro como 'de sentido'. Nosotros decimos orientado, listo. Fue el más duro de la corrida, porque luego, los quintos no tuvieron maldad, a veces arrollaron a querencia o perdieron celo, pero no malas ideas.

La positiva es que hubo un toro, el quinto, ancha mazorca, degollado, abierto en pitones arremangados, que se vino al pecho de caballo y luego a los cuartos traseros. Rompió muy bien por el pitón izquierdo. Tenía poder el toro y Javier Jiménez estuvo cauteloso en las primeras tandas, cuando el toro tenía el celo de subir los muletazos después de cada pase. Para la ligazón era de apuesta. Hubo momentos en los que parecía que la faena rompía definitivamente, sobre todo en la cuarta serie, cuando el de La Quinta perdió un poco el celo, aliviando la apuesta, ya que era suficiente con ir a buscarle tras cada pase. Pero al rato, ese defecto se hizo más grande y se le capó la boina. Lástima porque fue el toro de la corrida, con su defectos, sobre todo por el pitón derecho, que fue de tomar el olivo. Queda descrita también la cosa en tierra de nadie.

Esta cautela de Jiménez, torero nuevo en esta ganadería y encaste, se vio menos aparente con el tercer toro, ejemplo de movilidad sin clase, que paso con la cara media altura, que fue y vino, más claro antes del embroque, más complicado al final. Y el sexto, que lidió por la baja de Galván, le negó opciones en un dejarse sin celo, tras caras altas y descastamiento. Uno parecido en condición al de Alberto Aguilar que hizo cuarto, que apuntó dejarse por el pitón izquierdo, pero, en un suspiro, cuando el torero le había cogido aire y sitio de forma inteligente, el quinto comenzó a buscar moza. Miro por arriba, pierdo celo, busco algo por las batuecas, 'hola que me alegro de verte'.

Lo bueno del primero fue un verso de Sabina: lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un güisky 'in the rocks'. Esa forma noble y buena de embestir por el pitón de izquierdo, duró dos tandas justas a las que Aguilar le tomó el aire. Pero luego fue una declaración de no querer tela ni por arriba ni por abajo ni por pitón alguno. Un quinto objetor de conciencia es asunto jodido. Posiblemente este buen ganadero cuidó con mimo y dio de comer un año más (con lo caro que está el asunto de echar de comer) a una corrida cinqueña que fue de escaso acuerdo y capada boina.