No arreció esa lluvia gorda y fría que cae en Sevilla por abril desde un minuto antes de que Navarro diese el golpe firme al cerrojo que da por inaugurado un nuevo festejo. Las gotas seguían cayendo cuando con pasmosa lentitud con el capote y con un talento y profundidad de privilegiado, El Juli dictó cátedra en Sevilla. Bueno, podríamos decir que el discurso fue en Bilbao. Como el tendido, que se coloreó de chubasqueros made in Bilbao. Y de Bilbao, una corrida grande. Grande para cualquier plaza que elija el toro que no se pide en Sevilla. Por coherencia y a escala, si tres o cuatro toros que se lidiaron son aptos en la Maestranza, resultaría que el gigantismo se adueña del toreo.

Más basto que hondo, más gordo que fuerte, el lote de Justo Hernández hizo perder por unos instantes la identidad a una plaza con un toro tan identificable. Los dos primeros, grandes aunque bajos no secundaron a los siguientes que fueron creciendo, también, en alzada y en un pobre juego que arruinó las esperanzas de un público que colgó un 'No hay Billetes' que siempre hay que celebrar. Superaron los 630 kilos los de Domingo Hernández, apenas llegaron a los 550 los del hierro de Garcigrande. Curioso.

El quinto fue el único que se movió con alegría en los primeros tercios. La tarde pesaba a todos menos a El Juli que toreó sin velocidad alguna a 'Estrella' con el capote. Con una mano en la bragueta y con la que torea a un palmo del suelo. Más despacio y más abajo, imposible. La media, abrochada a la cintura, tuvo un empaque solemne. Apenas lo castigó en el caballo, con Barroso levantando la vara aún con el toro apretando. Rodilla en tierra, ya con la muleta, El Juli lo obligó para sacarlo a los medios donde desarrolló toda una faena de altas cotas técnicas y artísticas.

Si la primera tanda sirvió para calibrar al toro, desde la segunda El Juli comenzó a mandar en la embestida. El toro no ofreció una embestida igual que la anterior, de ahí su dificultad, pero apenas lo dejó ver el madrileño que bajó la mano en varias tandas de mucha reunión. Después un tiempo para atacar con un cambio de mano en el que le quitó la muleta de la cara, los pitones pasaron por los muslos y apenas corrigió un ápice sus zapatillas. Enorme. Dejó un espadazo acorde a la faena pero el toro se amorcilló y no quiso caer. Un golpe magistral con el verduguillo no restó para cortar una oreja de una dimensión colosal.

Ya había toreado bien al segundo también con el capote pero este iba sin ir. El quite por chicuelinas y unas julinas de profundidad infinita fueron replicadas por un Talavante con la suerte en contra. El Juli lo llevó siempre toreado, consentido en las telas pero sin rozarlas a pesar de que siempre se venía por dentro sobre el derecho. El mero toque de un pitón con la muleta supondría un violento tornillazo en su descompuesta embestida que fue a más. Esta vez no entró la espada a la primera.

Morante y Talavante se miraron desesperados. Cuatro toros que no guardaban ni media embestida dentro de su abrupto cuerpo. Con el cielo cárdeno, el chirimiri y una mole de 637 kilos, Morante tuvo que mirar a los arcos de la Maestranza para comprobar que seguía en Sevilla. Al primero, bajo y con mucha carne, lo lanceó muy despacio con el capote a pesar de que siempre lo buscaba por dentro. También intentó abrirle caminos a base de suavidad pero si no hay, para qué. La historia del cuarto fue como la del 'Día de la Marmota'. Sin oportunidad con el capote, lo toreó sobre las dos manos para descubrir si se había olvidado de alguna embestida. Sevilla le espera el martes.

Talavante comenzó a torear en redondo en los medios sin perder un ápice de tiempo al zancudo y astifino tercero. Vertical, ligado, reunido. El toro se fue yendo mientras el público se ausentaba de la faena. Con el sexto fue imposible. Una masa de carne pasando con la fuerza de seiscientos y pico kilos moviéndose hacia ninguna parte. Lo mejor que pudo hacer fue no alargar en demasía con el trabajo de los operarios del desolladero.

Seguía lloviendo con guasa cuando, uno a uno, salía por chiqueros una montaña rusa que deslegitima de un plumazo con el mapa de coherencia del toreo. Sevilla es Sevilla. Y el toro de Sevilla... otra cosa.