Parecía estar en un tentadero. David Mora toreó con el convencimiento, el aplomo y la solvencia natural a un cinqueño rebrincado, reponiendo con genio. Aplicó en este tercero una máxima fundamental en el toreo frente a la violencia, nada de violencia. Faena importante que fue premiada con una vuelta al ruedo. Ese toro hizo honor a una corrida complicada y difícil para torear, de celos y embestidas cambiantes y con un cuarto peligroso, que pidió hasta el pasaporte. Curro Díaz exhibió firmeza estéril, sobre todo con el peor de la corrida al que recetó una estocada de premios, mientras que Morenito, sólo pudo dejar un buen ramillete de verónicas al segundo. Exceptuando al remiendo de Valdefresno, todos pidieron en el 'mostrador' de la corrida el carnet de identidad y el libro de familia.

Lo hizo el colorado tercero, amplio de cuna y ofensivo que enseñaba las palas, aunque estrecho de atrás, ya de salida. Echó las manos por delante en el percal de David Mora y se 'acostó' varias veces por el pitón izquierdo. No corrigió ese defecto tras el paso por el caballo, en el que peleó dignamente y fijo en el primer puyazo, ni en banderillas, de dónde salió renqueante, con una lesión muscular en el gemelo José Antonio Carretero. Sin embargo, Mora lo vio claro y, lleno de convencimiento, echó la moneda al aire, pese a vencerse el toro hasta tres veces más en la primera tanda. Apostó por el 'Ventorrillo' y lo consintió mucho, siempre en paralelo a las tablas, a pesar del genio del toro. Así, brotaron dos buenas tandas en redondo, mitigando una embestida nada clara, perenne sobre las manos y que terminaba soltando la cara una barbaridad al final del muletazo. Nada pertubó a Mora, cómodo y sin pasar 'medio agobio'. Corrió la mano y hubo muletazos de buen trazo, ligados, que tuvieron eco en la 'piedra' gracias a la, quizás, mayor virtud del toro: tenía emoción. La estocada, hasta la yema, hizo aflorar los pañuelos de manera tibia. Su vuelta al ruedo final, muy justa.

Luego, con el sexto, veleto y ofensivo, aunque sin remate, sólo pudo justificarse. Un 'Marqués' sin alcurnia, que blandeó durante su lidia y obligó después a perder pasos siempre para poder torearlo. No dejó nunca de hacer hilo el burel y fue imposible darle continuidad a la faena. Además, su falta de motor impedía, lo que otros si permitían, bajarles la mano. Silencio.

Curro Díaz tuvo un lote para volverse al hotel y, así, librarse de pasar la noche en el hospital. Lo raro fue no verle camino de la enfermería. Si el primero, que se estrelló de salida con dos burladeros, no pasó ni una vez y soltó un 'gañafón' guadañesco al final del viaje que le obligó a abreviar, el cuarto fue una alhaja. Más bajo y lleno, con desarrollo de pitón, se frenaba a mitad del viaje, midiendo lo suyo cuando no se desentendía, que era lo habitual. Ni los tres pasos por el peto medraron en 'Cafetero' que tomó la franela por encima del estaquillador y salió con los pitones cosquilleando con las nubes. El de Linares no volvió la cara y, a base de 'sobarle' de muleta, le bajó mucho la mano, sin vaciar del todo las embestidas, para robarle cuatro derechazos notables en sendas tandas consecutivas. La estocada final, hasta la yema, otra candidata más a los premios.

La segunda tarde de este mayo de Morenito de Aranda tuvo su Alfa y Omega en el saludo capotero al basto y amplio de sienes, de mazorca ancha, segundo. Un notable ramillete de verónicas, con cadencia y ritmo, aprovechando el celo del astado para ganarle terreno en cada lance meciendo la tela hasta sacárselo a los medios. Dos buenas medias finales. Se desmonteraron Andrés Revuelta y Pascual Mellinas con los garapuyos. Luego, el burgalés buscó siempre una buena colocación y ofreció los toques necesarios para que aquello rompiera, pero a 'Avellán', que pegaba un 'paroncito' para pensárselo a mitad del viaje, le costaba un mundo. Cada vez más corto se quedó y sin profundidad... Una quimera. El quinto fue el remiendo de Valdefresno. Cinqueño acapachado y de morrillo astracanado bien hecho, que tuvo clase y esa profundidad que faltó a su primero. Su lidia transmitió buenas vibraciones para el último tercio, pero entonces... Se desfondó. Tanda y media duró a Morenito para bajar, como sus compañeros de terna, la persiana a su San Isidro 2018.