El paseíllo rompía en Madrid con el Barça aún en plena huída de la batalla campal por invasión del no tan respetable público de Los Cármenes como campeón de Liga. Más de tres cuartos de fieles cubrían los tendidos a pesar de que el Real también se la jugaba en el ensayo light del 28M y que el puente en la capital deja la ciudad como el solar de la tía Carracuca. Menuda papeleta tuvieron que salvar Fernando Robleño, Miguel Ángel Delgado y Diego Silveti en el ruedo. Como papeleta, también, fue la del ganadero que tuvo que comprobar cómo criar lo mejor que hay de la línea Buendía no sirve para que los 'expertos' permitan lidiar una corrida entera en Las Ventas, abanderada de la diversidad de encastes donde solo es precepto el trapío 'domecq'. Por lo menos parece que deja de llover.


El día iba de cárdenos. Cuatro de la parte de Bucaré de la división en tres que se hizo de lo de Buendía, tan hermoso y sevillano, que ahora pasta en la madrileña Colmenar por un loco de lo de Santa Coloma como es Carlos Aragón Cancela, y dos toros de San Martín, invento español del genuino mexicano Pepe Chafik, donde desembocan sangres tan diversas como lo último de Hernández Plá. No defraudaron a su salida por chiqueros, excepto el basto cuarto que guardaba el negro pelo de Ibarra, lo degollado de Saltillo y una cara tan destartalada que se perdía por los confines del tiempo. Pinturas fueron el tercero -sueño de lo de Buendía- o el quinto, recogido de cuerna y con tantos accidentes en la capa que recordaba perfecto a la última absorción.


Y una vez en el ruedo, todo lo demás se derrumbó. Robleño tuvo al dormido y al cabrón, Delgado sorteó al exigente y al anodino, y Silveti, al noblón y metiroso. Ninguno de ellos llevaba dentro la bravura como tampoco hay nada que reprochar a la terna que defendió, cada uno en su estilo, una corrida que apenas alcanzó las dos horas de duración.

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El 'Pirata' fue mentiroso o se confundió en dos tandas. Este sexto, con el hierro de San Martín, salió rebrincado, probón y pendiente de todo cuanto que sucedía en el callejón. Peor en banderillas. Dicen que hasta vio cómo el mozo de espadas de Silveti le cambiaba el capote por la muleta una vez que se asomó a curiosear. Ya, solos toro y torero, en la segunda tanda el mexicano se puso como si fuera bueno y pareció atisbar una embestida sugerente por el derecho. Siguió por ese pitón y consiguió sacar dos tandas estimables porque trazó el muletazo exacto que pedía el toro y porque lo redujo perfecto. Ahí empezó y terminó la tarde. Quiso una tercera tanda pero el toro vio la puerta abierta y huyó despavorido. Ni un pero a su actuación: se estiró a la verónica, quitó por delantales y tafalleras, o unas manoletinas sin ayuda al tercero demostraron un punto más. Silveti necesitaba defender su sitio con una actuación así de madura.


El valor lo puso Delgado. Este también lo necesita y por eso no se dejó ni media embestida. El escaparate de San Isidro tiene que llevar la actitud que puso en el ruedo el sevillano. Quizá no fue el mejor inicio al segundo esperarlo en los medios con la mano izquierda, pero vaya los arrestos que tuvo. O querer torear como si fuera largo y entregado. Tuvo las agallas, casi irracionales, de ponerse para en el mismo sitio donde lo había derrotado, se le había venido al pecho o había intentado descoserle, con la precisión de una costurera del Zara, el macho de la taleguilla. El quinto no descolgó ni un palmo ni a la hora de 'entregarse' para la muerte. Siempre con una alzada casi superior a la del torero, esperó el cité para pensarse si iba o no. En su haber cuenta con la única ovación que, en tardes como hoy, es debe ser un título.

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Hubo que rascarse los ojos para comprobar si el paseíllo estaba Robleño o Esplá. El vestido azul, de reminiscencias antiguas con la hombrera ancha y el chorrillo largo, era propio y habitual del genio alicantino. No desmereció el calificativo y se mostró docto en la materia. Al primero lo lidió para que la sosería que tenía no se trasformara en el carbón que llevaba de serie el cuarto. A los dos los cogió en corto en tablas y les barrió el lomo a media altura para dejarlos más allá de la segunda raya. Y a torear. Uno le dejó demasiado y el otro nada. Menuda prenda el negro cuarto. Cambayá va, chicotazo viene consiguió sacarle una emocionante tanda por la derecha. Este sí puede esperar al 2 de junio donde seguro que le esperan dos pavos de Cuadri.


Con la puntualidad de un té inglés terminaba la novena de feria y empezaba un descafeinado Eurovisión. Atrás quedaron los tiempos en que las familias se unían en torno a la televisión para ver a Julio Iglesias, Raphael, Betty Missiego o Masiel con la ilusión de que el nombre de España reinara, por lo menos, en la canción. Hoy, la tal Barei canta en inglés, se peina a lo garçon y hace unos movimientos con los pies que mataría de un parraque al que cantaba a la del 'mantón de manila y el vestido chiné'. Mañana, nos vamos de chotis.

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Plaza de Las Ventas. 9ª de la Feria de San Isidro. Más de tres cuartos de entrada. Cuatro toros de Flor de Jara y dos de San Martín, desiguales de presentación -mejor hechos primero, tercero y bonito el quinto- y de pobre juego. Desde el soso primero hasta el complicado cuarto.

Fernando Robleño, silencio y silencio.

Miguel Ángel Delgado, ovación y silencio.

Diego Silveti, silencio tras aviso y silencio.