Dio la impresión que Ginés Marín se convirtió, en el intervalo de tres toros, en figura del toreo. Porque el modo de calibrar su primera faena en esta Beneficencia 100% extremeña, nada tuvo que ver con la exigencia, o acritud, conque juzgaron su última obra. Así es el público (o los públicos) de Madrid, capaz de mutar no ya cada día, sino durante el mismo espectáculo. Receptivo, disperso y agrio en ciento veinte minutos. A pesar de la bipolaridad venteña, el más joven de la terna fue protagonista mayor del último festejo de clavel de un ciclo que ya enfila su recta final. Prometía más -sobre todo por sus excelentes hechuras- la entipada corrida de Alcurrucén, que tuvo algunos ejemplares que apuntaron cualidades pero les faltaron finales. Uno de ellos, el que abrió plaza, exigente y temperamental, con el que Ferrera se lució al final. Perera por su parte saldó en blanco su último compromiso isidril.

Quizá el ensillado tercero, lleno y hondo, fuera el toro más 'agradable' del envío. Tuvo celo de salida y Ginés lo aprovechó para volar el capote con la facilidad que acostumbra. Se empleó el toro en varas, volvió a lucirse Ginés a la verónica y Ferrera replicó por toreras chicuelinas de mano muy baja, muy en el aire de Manzanares padre. El comienzo de faena fue torero y original a un tiempo, con muletazos con el envés de la muleta, a mano cambiada. Al toro, noble y pronto, le faltó terminar de humillar y despedirse de los vuelos; Había que empujarlo. Y eso hizo el torero en una faena que tuvo reunión, expresión y gusto, sobre todo una serie con la mano zurda, sensacional, tirando mucho del animal, el culmen de una labor de torero puesto. Llegó mucho a la gente el apretadísimo final por bernadinas y tras una gran estocada precedida de un pinchazo se hizo con una oreja.

Este toro fue enlotado seguramente con el más agresivo; largo, fino y estrecho, que repitió sin excesivo celo de salida, salió suelto del caballo y marcó querencia en el tercio de varas. Anduvo listo Ginés dándole metros, aprovechando, sin probaturas, la inercia de un animal que tuvo buena condición pero le faltó ese último tranco que tanta fama le ha dado a los toros de su encaste, pero sobre todo, por su falta de celo, tendió a abrirse y descolocarse después de cada pase. Pudo Ginés ganarle un paso, pero prefirió quedarse en el sitio para ligar los muletazos y desde arriba, en lugar de calibrar naturales de gran expresión, muy hundido y encajado, muletazos a dos manos de remate para cerrar las tandas de exquisito gusto... optaron por censurarle la colocación. La faena tuvo más peso específico, fue más maciza que la del toro anterior, por mucho que tuviera menos quorum. Solo faltó el remate con el acero.

Hubo otro toro, el primero, que tuvo carácter y temperamento. Un animal para apostar, seguramente sin el vendabal que a esa hora hora soplaba en Las Ventas. Bien hecho, fino, colocado de cara, se frenó en el capote de Ferrera y salió rebotado tras sentir el hierro en el tercio de varas, donde manseó de modo ostensible tanto en el picador de suerte como en el que guardó la puerta. Incluso en su huida arrolló a José Manuel Montoliú cuando realizaba labores de brega. Como es habitual esta temporada, Ferrera no intervino en banderillas, tercio donde el toro esperó y arreó para dentro. Empezó el torero directamente sobre el pitón zurdo y el toro se desplazó con emoción. Transmitiendo. Por el derecho el toro fue más incierto, más mirón, aunque obedeció siempre a los toques. Volvió Ferrera a la zurda, con el toro más atemperado, y trató de gustarse, de uno en uno, aunque no todas las series fluyeron limpias, porque el toro buscó repetir las embestidas y sorprendió en ocasiones al extremeño cuando trató de darle un tiempo entre un pase y otro.

No tuvo historia su faena al colorado cuarto, engatillado, con cuello, que humilló de salida, marcó querencia en varas y embistió pronto, con pies, en banderillas, tercio en el que tampoco intervino Ferrera. Buscó acomodo el torero en varios terrenos, pero en ninguno encontró colaboración del animal. Tampoco el lote de Perera se prestó: Bajo el segundo, hondo, con la cara muy colocada, embiste con celo, muy humillado, en el inicio de faena de Perera en los medios pero le costó más a partir de la segunda serie. Dio la sensación de venirse abajo. Al girón quinto, largo, estrecho, abrochado de cuerna, le bordó un inicio estoico por alto, entre las dos rayas, que tuvo eco. Lo desplazó más en línea en la primera serie, lo obligó más en la segunda, donde el toro, sometido, respondió mejor. Pero por el pitón zurdo se quedó más corto y en su vuelta a la mano derecha la faena no remontó.