Las definiciones perfectas existen. Gris. La misma palabra lo dice. Esas tardes instaladas en la línea recta del tedio sin nadie que las agite. Tuvo la corrida de La Quinta presencia, algún toro sin el tipo deseado, dos con hechuras de dibujo y grises defectos que nacen de ese gris que es la falta de raza. Embistió bien el cuarto y alguno tuvo esa movilidad sin celo que tiene este toro cuando se mueve sin embestir. Algún muletazo de Bautista, con una estocada de libro y una pasmosa facilidad en una faena académica que tampoco alcanzó a cobrar color; unos lances de Morenito y un querer de El Cid con un lote que tuvo a un toro más de público que de otra cosa. Ni siquiera la movilidad fuerte del mega astifino sexto sacó a la tarde de ser lo que fue. La definición perfecta del color gris.

El mejor toro, sin duda, fue el serio cuarto, de manos largas y lomo recto pero cuesta arriba. Tomó el capote con más brío que clase, pero luego humilló y tuvo recorrido en el último tercio, a pesar de que el primer muletazo lo tomaba aunque después iba perdiendo celo. Había que darle sitio y cogerle la distancia precisa, y Bautista así lo entendió en una faena escolástica, pero de naturalidad, en la que dibujó varios lances y muletazos de cartel con un toro noble que a la postre fue perdiendo fuelle y se vino a menos. Gran estocada, de libro. Merecida ovación. Tuvo que abreviar faena antes en el primero, un toro noble que andaba sobre las manos y que sacaba la cara por arriba perdiendo celo. Ninguna opción ahí para el francés.

Sí humilló con movilidad y transmisión de salida el tercero, al que Morenito de Aranda lanceó con temple en un buen saludo a la verónica. Tuvo el astado clase también en el suave quite por verónicas a pies juntos de Bautista. Pero el toro cambió radicalmente de comportamiento en la muleta, agarrándose al piso, echando la cara arriba, reponiendo y acortando su recorrido. Lo intentó el burgalés, pero no hubo forma con un toro que terminó parándose.

Muy agresivo por delante, el sexto quedó crudo en varas -destacaron la actuación a caballo de Francisco José Quinta y de José Manuel Zamorano en banderillas-. Así, llegó muy entero y temperamental a la muleta. Para apostar. Pronto, el toro pasaba con la cara alta pero Morenito se dejó sorprender por el astado hasta en tres ocasiones con la muleta retrasada. Con todos esos condicionantes, parte del público le vio más virtudes al toro de las que realmente tenía. Así el burgalés no encontró por dónde meterle mano. Y no anduvo fino con los aceros, hasta el punto de que le sonaron dos avisos.

El otro toro de público fue el quinto, muy abierto de sienes, alto y con mucha caja, que siempre hizo hilo desde su salida. Se venía andando siempre, con mucha movilidad y sin salirse de la muleta, marcando su distancia y sin humillar. Una difícil papeleta para El Cid, que no tuvo opción. Bajo y bien hecho, el segundo embistió a media altura, con nobleza pero perdiendo el objeto al final del muletazo por su falta de raza. Tampoco tuvo opción el sevillano con un material gris. Como la tarde.