Es la inercia una virtud o una vistosa apariencia. Es virtud de bravo o resultado sólo de la velocidad que no se puede frenar. Hay quien gusta de la inercia, sin duda porque es fácil de ver y creadora de una emoción instantánea. La inercia niega el recuerdo. Y si el toreo es lo que se puede recordar, la inercia no es el toreo. Otra cosa es el uso de las velocidades y las inercias que resultan de ellas. Listo como el hambre que tiene, un torero que se siente mejor a toro parado, a toro para traer y llevar, Morenito de Aranda, cortó una oreja al único toro apto para el triunfo (el triunfo y el toreo a veces se dan la mano, a veces). Asumió ese riesgo que tiene Madrid al tomar partido tantas veces por las velocidades de los toros que se vienen pero que no se van.

Inercia viene del latín "inertia", El negativo "in" y el "ars" que significa arte o disposición o habilidad. No arte. No disposición. No habilidad. El toreo y la bravura comienzan justo cuando desaparece la inercia. Allá cuando el toro ya acomete al cite para querer coger los vuelos hasta donde le lleven, es el toreo. Pero el burraco cuesta arriba y de pitón largo, más alegre en varas que bravo en el peto, fue eso: toro de movilidad para sensibilidades que gustan de lo visible que no se va a recordar. Lo toreó bien con el capote Morenito, le dio de merendar a Las Ventas al lucirlo en varas y en dos tandas en la larda distancia, una citando hacia afuera y otra hacia adentro.

Se vino el toro en ese ohhhhhh veloz, para no rebosarse por debajo nunca, perdiendo un paso el torero de forma cabal y poderle ligar tres y algunas veces cuatro pases, cuestión difícil porque, terminada la inercia, el toro apretaba y con la cara suelta. Otra de las virtudes fue saber que era el pitón derecho, cuando el toro lo había hecho todo mejor por el izquierdo, y otro más el terminar la muleta con una tanda en paralelo con la mano derecha también, luego de que la faena baja intensidad al natural. Cerró con un toreo de buen sabor a dos manos y a pesar de un pinchazo, la oreja fue justa.

El resto de la corrida no tuvo ni inercia ni velocidad. Bien comida, nada exagerada, con uno feo por tener la cara demasiado abierta y perder el perfil que ha de tener un toro, la corrida de El Ventorrilo fue un una balacera de plomo descastado. Sin el peligro del toro avisado, si tuvo el peligro del toro rajado y fuerte, del que huye arrollando o del vende cara la piel emboscándose en arreones. Ese fue el lote de Eugenio de Mora, lote de hiel. Se puso de rodillas en el inicio de faena del primero y el toro casi le arrolla. Y con la espada, el toro tapó la salida, huyó al hilo de las tablas y arreó en corto y al cuerpo. Pero es que el cuarto no fue mejor. Llegó rajado a la muleta y ni siquiera es a receta de citar en paralelo a tablas, sirvió de algo.

Lo de torear en paralelo no es ninguna estupidez elucubrante. El sexto arrolló en fea voltereta a Román en un muletazo en perpendicular, con el viaje a favor de querencia. Se puso este torero toda la tarde a cara de perro. Por colocación, presentación y firmeza parecía que estaba toreando a una corrida fetén. Con el capote entró a quites quieto como un palo, como un poste se puso en abierto compás para tirar de las arrancadas protestadas y feas del tercero, como un poste inició por estatuarios la faena al sexto. Un derroche de querer a quien no te quiere, que fueron dos toros rajados de una rajada corrida.

Hay tardes en donde la inercia cae de pie. Se cuela por entre la nada cuando no pasa nada y saca premio. Morenito, que había intentado torear al primero en la distancia mas corta y sin usar la inercia, tomó nota, como Juncal. Porque el toro no se la quiso tomar por abajo ni una sola vez. En el toreo, la inercia es el refugio de lo vulgar. De lo que pasa deprisa, que es esa cosa que no se recuerda. Hay gente a la que no le gusta recordar, porque emociona a los tres días, semanas o años... Y esa emoción hace pensar y soñar y esas cosas que no hace la velocidad. Pero hay gustos veloces que también son de Dios.