Cuando Homero cantó las aventuras de Ulises en 'La Odisea', no sabía que estaba acuñando para la posteridad el término 'épica'. En ese mundo de los griegos clásicos donde los dioses cohabitaban con los humanos, grandezas y miserias, honor y derrota, surgía el héroe. En su viaje de vuelta a Ítaca, una semana de duración, Ulises se llevó diez años. Lotófagos, cíclopes, brujas… en una especie de maldición encadenada de esfuerzos sobrehumanos, le impidieron arribar a las puertas de su ciudad: la Puerta Grande que a Ureña le tarda por abrirse. Tiene este torero un halo de épica griega, aguantador de tormentas y su verdad por montera. Dentro de una buena corrida de toros, para él fue el de mejor nota, el segundo, y, tras un tramo de toreo limpio y encajado, de arrebato roto, se le fue el triunfo en parte por la espada, en parte por su apego hacia él mismo. No quiere ser otro. Y, siendo el mismo, con un toro menor como fue el cuarto, su toreo fue mayor. Con un espadazo jugándose el tipo. Ureña es Ulises hacia Ítaca. Le quedan aún dos tardes en esta Feria para llegar. Se dejó el lote de López Simón, mientras que el de Fandi apenas tuvo condición en la muleta.

A la quinta no fue la vencida. Ureña por quinta vez, se quedó a un paso de la Puerta Grande de Las Ventas. El extraordinario y enrazado segundo, especialmente por el izquierdo, le dejó el camino hacia el triunfo. Hubo verdad, a la que siempre es fiel; en cites sin esconderse, en actitud, disposición, voluntad de reunirse con el animal, pero también tensión en trazo, fruto de ese encajar el cuerpo por máxima de todo. Mejoró mucho la faena con la derecha después de un toreo con la izquierda que dejó al público esperando. La profundidad del toro sobre todo por el pitón zurdo, pedían mayor rotundidad en una faena en la que lo llevó largo y por abajo, con toreo roto, al que siguió una por el pitón derecho jugando la cintura hacia atrás. Una tanda a pies juntos y en distancia más corta bajó el diapasón y ya todo fue al traste con cinco pinchazos tras aviso antes de una estocada. Primero se ovacionó largo al toro, luego al torero. .

El quinto, sin llegar a esa excelencia del segundo, tuvo son y ritmo a media altura, porque no terminó de descolgar. Lo tuvo en gran medida porque se lo dio el torero. Volvió a derrochar querer, pero en una faena mejor pensada. Firme pero sin arrebato. Faena importante al natural, por cogerle al toro la medida justa en distancia, terreno, -en la segunda raya- y en paralelo a tablas- con ligazón y temple. Todo muy de verdad. Remató con unas ajustadas manoletinas y una estocada trasera, voltereta incluida, que sumó puntos para la petición. Oreja de ley.

Fueron esos los mejores toros de la corrida de Puerto de San Lorenzo, que fue desigual de tipos. Sí tuvo calidad y largura en su embestida el tercero, otro toro bueno con el que se desmonteraron Jesús Arruga y Vicente Osuna en buenos pares de banderillas. Se dobló con él López Simón en el inicio, en un trasteo del que destacaron dos buenas tandas al natural y un muletazo largo con la derecha, con la cintura quebrada, siempre muy fiel a ese concepto suyo de ligar los muletazos sin perder pasos. Tras unas ajustadas manoletinas de cierre, dejó media estocada y todo quedó en silencio.

De nuevo sin perder pasos anduvo frente al sexto, un tío, el de más cuerpo de la corrida, que resultó manejable aunque no duró. Se libró de milagro tras ser sorprendido en un arreón al entrar a matar. Media estocada. Descabello. Silencio.

Marcó querencia el cuarto, y a pesar de ello, El Fandi insistió en faenar en los medios y por ello el astado siempre quería irse. Quien sabe si cambiándole el terreno y en paralelo a tablas, el toro hubiera respondido mejor. Optó el torero por coger la espada y con el toro muy gazapón y metido en tablas, acertó con una estocada atravesada. No tuvo historia la faena de El Fandi al primero, que no tuvo fuerza ni fondo. Tuvo que abreviar.