Respecto a Roca Rey aún andan algunos en duda nada filosófica. Huevo o gallina, qué es primero. No se ahorquen los que dudan por llevar consigo el kit de ahorcar figuras. La respuesta, en lo tocante al peruano, antes, durante y mañana, lo primero, sus güevos. Despejada esta duda, que es indudable, los que llevan a la plaza el kit de ahorcar figuras del toreo, han de saber para qué usa los suyos Roca Rey: para torear. ¿O es que no toreó hoy? Y muy bien. Con apenas tres temporadas de alternativa, ya se usa con él todo el arsenal que cabe en el mencionado kit de ahorcar a exitosos. Pitar sus toros, tratarlo con intransigencia y sin razón. Suele pasar cuando la cueva ve a una figura. Sucede que cuando los güevos son antes que la gallina, quien los arrastra aplica ante el vocerío la Ley de Boyle: a más presión, menos volumen. A más presión, a este Roca, ni le cambia el color, ni le repite el ajo. Puede que hasta le vaya la marcha.

Una faena propia de los que pueden mucho, al final de la tarde, quizá incluso merecedora de más premio luego de un volapié perfecto en güevos y talento, levantó él el ánimo que había mandado al piso una corrida que puso en práctica la teoría del manso bravo. Tardando siempre en encelarse, la corrida de distintos tipos de Victoriano del Río aparentó en el caballo lo que quizá ni fue en el caballo: brava. Golpes de riñón en el faldón del peto, quizá algún toro, empujar con el tercio delantero, varios, alguno medio acostado. Fijos, sí. Tiempo en la suerte, sí. Pero la bravura que no da para la muleta no es bravura. Otra cosa es hacer cosas de bravo sin serlo. Y todos, bajos de raza. Uno de clase pero sin alma y otro explosivo al principio para poner el cartel de cerrado muy pronto fue el lote de Perera. Impecable. Los mismos toros, en otras manos… El lote de Talavante se afligió a la de dos, no a la de tres, para dejar inédito a uno que se lleva la palma, por ahora, de la feria.

Metidos en los conceptos de hace un siglo sobre el bravo y el manso, quizá un simplismo para el toreo tan exigente de hoy, fue bravo o lo aparentó el tercero en el peto. Se lo dejó llegar muy muy, pero que muy asustado Roca Rey, para cambiarlo por la espalda, pero no para expulsarlo, sino para recoger la inercia y reunirse en un inicio tremendo. A partir del primer cambio de mano por abajo, el toro comenzó a proteger sus cuartos tarseros caminando hacia atrás, con el torero caminando hacia delante. Y, de repente, el toro se le venía con todo y con una movilidad descompuesta. Con una particularidad, que en su marcha atrás, para proteger sus posteriores en tablas, el toro jamás le dejó colocarse en paralelo, donde el torero manda más y el toro puede menos. O donde se juega con las querencias.

El sexto salió crudo del caballo. Salieron las protestas desde el kit de ahorcar, como ya lo había hecho en el primero de Roca. Esta vez el inicio fue por estatuarios, sin mover ni el flequillo, recogiendo las embestidas incluso en un pase por la espalda, antes de sacarlo a los medios, en donde el toro tuvo la emotividad del que no está gastado: pronto, sin deslizarse, sino rebrincando cuello y manos. Tres pases le aguantaba a Roca el toro, tres por abajo sin terminar de entregarse. Hubo como tres breves faenas en una misma. Dos tandas con el toro sin entrega en la distancia. Dos de mando y trazo más limpio y menos velocidad cuando el toro bajó en poder y una más en la cercanía, dejándose tocar la taleguilla con los pitones hasta caer en la cara del toro una vez. La estocada: hacer la cruz con pureza.

El primero, flacón y de buen son, recibió un trato exquisito de Perera. Desde el suave quite por altaneras hasta una perfecta y casi mimosa elección de terrenos, distancias, alturas y con un trazo limpio y por abajo. Una faena notable a un toro bueno sin alma. Tuvo el cuarto una movilidad inicial emotiva por venirse fuerte, bravucón, fijo y pasando pero sin rebosarse, descompuesta embestida. Pero antes, en banderillas, demostró que apretaba para adentro haciendole hilo a Curro Javier de forma peligrosa para terminar su carrera en una zona que precisamente no es de bravo. Más allá del Tendido 6. Justo cuando Perera le bajó los humos con una muleta impecable, dejando siempre a la vista del toro la tela, tapando cualquier ventana para la huida, el toro echó el cierre. En otras manos ni uno ni otro lucen tantito.

Lo de Talavante fue venir a cortar el cupón. Pusieron sus dos toros el cartel de “ya no embisto” antes de que el extremeño pudiera pegarle la primera tanda, los dos casi al inicio de sus faenas. Se quedó inédito excepto el inicio de faena del quinto, cuando quiso aplicar que el toreo es ya, y se puso con la zurda, y una tanda más con la mano derecha. A Perera lo midieron en el primero a ratos, los del kit del ahorcado. A Talavante se le respeta. Es como de la casa y tiene una hoja de servicios brillante aquí. A Roca le van a publicar que se ha comprado un chalet como el de Iglesias. Bueno, mejor, más caro. O que copió en los exámenes o que habla esperanto con los osos hormigueros. Las fake news, que dicen ahora. Eso se lo llevan publicando a El Juli años y años. Por qué será. A ver mañana.