Madrid pasó de esas dichosas astillas de pertinaz lluvia a la leña pura de Torrehandilla y Torreherberos. Uno de los debuts ganaderos de la isidrada. Veintidós tarde ya. Una detrás de la otra. Muy seria, astifina como huso de rueca, a la corrida -cinqueña- le faltó el combustible de la casta para arder. Como madera mojada en otra tarde que masculló la caladura. Falta de fijeza, movilidad sin entrega, gañafones, genio, desagradecidos, poca duración... La falta de bravura y sus derivados con la única excepción de un colorado quinto, noblón y con buen tranco al que faltó poder, y un sobrero de Virgen María, manejable, que se movió pero al que faltó final de muletazo. Frente a ellos, actitud de tres toreros que jugaron sus respectivas bazas. Del poso de Luque, cada vez más maduro, al temple y la serenidad de Álvaro Lorenzo, pasando por la plácida comodidad de David Galván en las angostas cercanías.

A Álvaro Lorenzo le supuraba la Puerta Grande del Domingo de Resurrección por el vestido de luces. Traía buen bajío. Esos giros de guión que cambian la carrera de un torero en un parpadeo. El toledano fue un compendio de serenidad, lucidez y convicción toda la tarde. La única que echarse a su boca este San Isidro. Sin materia prima para el triunfo en el Cónclave -quedó prácticamente inédito con la capa- dejó su impronta en dos faenas para aficionados. Su primero, ensillado y ofensivo, amplio de cuna y de tremenda arboladura, salió suelto y sin fijeza, desparramando la vista, luego, en banderillas. Le atacó desde el inicio, sin preámbulos, Lorenzo en los medios, pero el toro ofreció perenne respuesta: tratar de quitarse la muleta al final del embroque. Soltó mucho la cara y ese 'guadañesco' gañafón, a la defensiva, hizo imposible ligarle los pases a pesar de que Lorenzo consiguió templarle las embestidas.

Devuelto el enmorrillado y ensortijado jabonero sexto, saltó un sobrero de Virgen María, que llevaba de 'okupa' toda la feria en los toriles de Las Ventas. Musculado y armónico, engatillado y más estrecho de sienes que los del hierro titular. Salió suelto del caballo, por el que pasó tres veces, y tuvo embestida franca en banderillas. Mantuvo la movilidad cuando se quedó a solas Lorenzo con él y dejaba estar, manejable, pero le faltaba mayor entrega en el final del muletazo, en el que siempre trató de tropezar el engaño. Lorenzo, de nuevo, a base de ese temple marca de la casa, logró minimizar ese problema para arrancarle varios muletazos limpios y ligados. Sin embargo, el toro no duró demasiado y, a menos, la faena se terminó diluyendo. Ovación.

El único que se salvó de este debut de leña sin chasca fue 'Pantalán'. Un colorado ojo de perdiz, bajo y voluminoso, amplio de cuna y con desarrollo de pitón, que se deslizó de salida y tomó con cierta codicia las telas de salida. Le saludó -tras la larga cambiada inicial- con garbo David Galván. Ahora por verónicas, ahora por chicuelinas. La media, superior. El quite, de nuevo por chicuelinas, entre dos puyazos en los que el toro se dejó pegar para salir protestando. Comenzó en la boca de riego con un 'cartucho de pescao' invertido para coserle varios estatuarios, hierático, antes de dos pases del desprecio de cartel. Ese vibrante prólogo fue lo mejor de una faena en la que pasó de llevarlo a media altura, muy aliviado, a incrustarse literalmente entre las astas. Muy cómodo en esas cercanías, le robó varios muletazos estimables, pero, de uno en uno, cuando la gente, quizás, prefería haber visto al toro en otras distancias. Con más sitio. Se llevó dos pitonazos calcados al intentar sendos epílogos por bernadinas y manoletinas. El espadazo final, la réplica perfecta del primero. Eficacia máxima. Ese estoconazo a aquel segundo, muy serio y amplísimo de cuna, le hizo saludar una ovación como bálsamo a la violencia del 'tornillazo' que soltaba en cada embestida el de Torrehandilla para quitarse la franela de encima. Perdidas sus inercias, el burel duró lo que un terrón de azúcar en disolverse.

Para darse de bruces contra el burladero fue el lote de Daniel Luque. Ni el que rompió plaza -largo, ensillado y con dos 'perchas' por delante-, que tuvo movilidad pero nunca se entregó y descompuso su embestida soltando, además, la cara en cuanto el sevillano lo exigió, ni el afligido cuarto -veleto y menos lleno que sus hermanos- sirvieron. No obstante, se atisbó ese poso que dan los años de alternativa en el de Gerena. Madurez que salpicó una faena en la que consintió mucho al primero y que hizo concebir esperanzas con un 'Pescador' que acabó derrumbándose por el ruedo a la salida de un pase de pecho. Es lo que tiene la leña mojada... que nunca arde.