(I)

Mi primera vez

Miguel Fernández Molina

Solo se vive una primera vez. Y su recuerdo, en cambio, perdura en el tiempo. Ese volver la vista atrás, con la sonrisa del adulto, para rememorar nervios, miedos, ilusiones de casi niño. Para rememorar, también, el sonido de ese portón vetusto al abrirse. Ahí está ella y ahí estás tú. Cuatro pasos al frente te sitúan en el centro de todas las miradas. Las Ventas es para ti. Tú, para Las Ventas. El día que todos los toreros y los que no lo somos hemos soñado alguna vez. Acaba San Isidro pero sus protagonistas siguen emocionándose al recordar su primera vez en Madrid. Con cinco de ellos, historias tan diversas, viajamos en este reportaje de la memoría.

Uceda Leal: 'Mi presentación fue casi mi debut con picadores'

'Mi debut en Las Ventas fue, digamos, una especie de debut con picadores. Para ese año, 1994, estaba previsto que tanto Luis Miguel Encabo como yo debutásemos con picadores en San Isidro, pero por aquel entonces no podíamos ir directamente de las sin caballos a Madrid. Por eso debuté el 1 de mayo en Lorca, pero mi estreno 'de facto' fue el 30 de mayo de aquel año, en plena feria. No conocía Las Ventas como torero porque en aquellos tiempos la final de la escuela se hacía en El Batán. Imagínate mis sentimientos presentándome en Madrid y en San Isidro. Una mezcla de ilusión, nervios, impresión... Recuerdo especialmente el momento de abrirse el portón y ver todo el ruedo y toda la plaza para mí. Eso con 17 años. Luego, toreando sentí cosas bonitas durante la tarde. Un cartel con Víctor Puerto y José Ignacio Sánchez y novillos de El Torreón. Para lo nuevo que estaba hice buen papel. Con mi primero rocé una oreja y di una vuelta al ruedo y con el segundo podía haber cortado algo si no lo pincho. Pero los aficionados ya vieron en mí virtudes que, lógicamente, con el tiempo pude desarrollar'.

Rafaelillo: 'Pensé que había acabado mi carrera'

'Lloré dos veces en mi debut en Madrid. Una, al llegar al patio de cuadrillas, de emoción por cumplir el sueño que todos tenemos y la otra, al término de festejo, de tristeza'. Fue el 24 de septiembre de 1995, el mismo día en que se presentaba José Tomás y junto a Luis Miguel Encabo, con novillos de Las Ramblas. El sexto novillo fue uno de los astados más fieros que he visto. Y me tocó a mí, un novillero nuevo. Lo puse todo de mi parte, pero me faltaron los conocimientos necesarios. Fue como someter a un chaval de instituto a un examen para notario. Imposible de aprobar. Empecé bien, porque casi corto una oreja, pero al final la tarde fue dura. Me costó superarlo, lo logré en parte porque asumí que no todo era culpa mía. Yo no tenía el conocimiento para poder a ese novillo entonces. Pero hasta que conseguí superarlo lo pase´muy mal, pensé que había acabado mi carrera. Me pasé la noche sin dormir y te digo más. Al día siguiente toreaba en un pueblo de la sierra de Madrid y tras lidiar y cortar una oreja al primero me puse a llorar de impotencia otra vez. Suerte que al otro le corté un rabo y eso también me ayudó. Todo esto es muy duro de afrontar para un chaval de 16 años. Creo que se me trató con demasiada dureza. Aquel día Madrid me frenó muchísimo, pero, cosas de la vida, Madrid fue quien me relanzó años después en varias ocasiones'.

Fernando Robleño: 'El primer día que me sentí torero grande'

'Debuté el 5 de agosto de 1995 en una sin picadores nocturna de promoción que organizaba Toresma. El cartel, David Mora -el hijo de Pedro Mora-, Juan Diego y yo [Fernando García, su primer apellido, en el cartel] con utreros de Hnos Gómez Perez. Lo recuerdo con mucho cariño. Le corté una oreja al quinto, un 'nevadito' precioso. No tuve tanta repercusión general porque Juan Diego estuvo soberbio y salió en hombros. A él le valió mucho. Pero para mí, personalmente, debutar en Madrid con 15 años y cortar una oreja fue algo único. Además, no es solo el festejo. Aquel fue el primer día que me sentí torero grande, mi primer hotel bueno... Me acuerdo de El Juli, porque por entonces éramos compañeros y ese día él me acompañó. En el hotel, en la furgoneta hacia la plaza... El público era más cariñoso de lo que sería una tarde normal. Había muy buen ambiente, más de media plaza, y la gente estuvo muy con nosotros, con los que empezábamos. Una pena haber perdido festejos como esos, servían para dar oportunidades'.

Morenito de Aranda: 'Lo viví con la ingenuidad de quien no conoce la profesión aún'

'Fue una tarde que comenzó mucho antes, porque se iba a dar durante San Isidro, se aplazó y se celebró después, ya en junio. El 6 de junio de 2004 el gran protagonista fue Miguel Ángel Perera, que cortó tres orejas, pero yo tuve también una actuación muy torera. El triunfo mayor de un compañeros siempre te tapa un poco, pero sentí que desde aquel día yo entré en Madrid por mi manera de torear, y eso que llevaba pocas novilladas picadas.
Me acuerdo mucho, muchísimo de aquel día. De hecho, tras torear en Las Ventas lo recordaba con mi apoderado, el maestro. Miro atrás y recuerdo que no conocía la profesión como ahora y por eso viví la novillada de mi debut con más ingenuidad. Pero en el fondo eso es bonito, te centras en torear y ya está.
Para mí, Madrid siempre lo ha sido todo. Desde crío, como aficionado. Recuerdo que me impactaba y hasta me superaba esa plaza llena, su manera de vivir los toros... Ya de torero, siendo un crío, sin esa madurez vital sentía como si estuviera sin estar. Como un sueño que no sabes si es cierto o no. Ojalá nunca pierda esa chispa especial que siempre siento al pensar y pisar en Las Ventas'.

Daniel Luque: 'Llegué sin nada, ni había estrenado un vestido aún'

'Nunca había estado en Las Ventas ni como aficionado hasta ese 23 de julio de... ¿2006? Sí, 2006 -risas- en las novilladas nocturnas de promoción. Desde entonces parece que se me ha dado bien Madrid. Recuerdo muchas cosas. La primera, que llegué sin nada. De hecho llevaba toreadas unas 30 novilladas y no había estrenado ni un vestido aún. Por delante tenía solamente un festejo en Guadalajara, porque había recibido varias 'ofertas' para torear pagando y obviamente las había rechazado. Me acuerdo también de las sensaciones al descubrir esa plaza. Especialmente llamativo para un chaval de 16 años, como tenía yo entonces. En el primer novillo de mi presentación me sentí bien, pero lo maté mal. La hora que me tocó esperar hasta volver a torear me la pasé pensando que se me había acabado todo. Qué rato, te puedes imaginar. Por suerte al segundo de Buenavista le corté una oreja y clasificarme para la final de ese certamen. Entonces sí que me cambió la vida. Corté tres orejas y salí en hombros Había cierto ambiente familiar en el público, pero Madrid no cambia su gente. Incluso en novilladas así el sector más exigente está allí y da seriedad al festejo y a tus faenas. Es un público fiel que nunca falla'.