Había hambre de toros en Pamplona. Y de toreros. Hambre canina. Avidez culinaria de nuevos valores para los que llevan un año esperando como agua de mayo en julio la Fiesta taurina más internacional. ¡Viva San Fermín! Aún no ha sonado el chupinazo, pero Pamplona ya tiene su primer triunfador: Francisco de Manuel, que celebró hoy su cumpleaños más feliz y su mayoría de edad abriendo la Puerta Grande. Dos orejas por perseguir con tesón el triunfo tragando un quinario en banderillas y con un arrimón de mérito en el deslucido sexto. A punto estuvo de rozar ese mismo umbral estuvo un importante Toñete, que a base de mando cortó una oreja de peso del encastado segundo y que por culpa del descabello se fue a pie después de imponerse al bruto quinto. No se fue con las manos vacías tampoco Alfonso Cadaval en su debut en San Fermín, que jugó bien distancias, alturas y tiempos en el cuarto, del que paseó un trofeo y que dio una vuelta al ruedo por su cadencia al natural en el que abrió plaza.

De dispar presentación, con más volumen los tres últimos, enlotó dos buenos novillos el encierro de El Pincha: el buen primero, con calidad, y el exigente y encastado segundo. Manso resultó el tercero, manejable fue el cuarto, descompuesto el quinto y deslucido el sexto.

No se apocó De Manuel frente a éste último, con expresión de toro, a pesar de que midió una barbaridad ya desde su salida. Esperaba el astado lo indecible en los embroques, pero el novillero se la jugó sin fisuras con gran exposición en los tres pares siendo ovacionado por el público. Excepcional la labor de brega de Sergio Aguilar, y también en un quite a Francisco de Manuel en este tercio. Brindó la faena a El Niño de la Capea, presente en el tendido. De Manuel lo hizo todo siempre a favor de un ejemplar deslucido, llevándolo a su altura, sin forzarlo, hasta darse un serio arrimón metiéndose entre los pitones al hilo de las tablas. Enterró el acero y dobló sin puntilla el animal. Y Pamplona fue una fiesta, porque demandó las dos orejas, que fueron concedidas.

Con el manso tercero, al que comenzó toreando de rodillas en el centro del ruedo, se mostró inteligente, sujetándolo siempre dejándole la muleta muy puesta para evitar su huida en una faena de recursos y capacidad, aprovechando siempre sus querencias. el pinchazo previo a la estocada le impidió que paseara otro apéndice.

Toreó con mando y exigencia Toñete al encastado segundo nada más comenzar la faena de muleta, tirando siempre del animal, con poder. Hubo temple y largura, también al natural, si bien destacó especialmente sobre la mano derecha en una labor de firmeza y poderío. Tras un pinchazo, cobró una estocada fulminante y cortó una oreja de ley. El novillo fue apludido en el arrastre. Más fuerte y abierto de sienes fue el bruto quinto, al que se impuso con valentía y firmeza para aguantar las embestidas descompuestas y violentas en una faena de ahínco. Tardó en doblar el astado tras una estocada casi entera y algo contraria y su fallo con el descabello le hizo perder la Puerta Grande. Fuerte ovación.

De rodillas en los medios comenzó la faena Cadaval al cuarto, que estuvo a punto de prenderlo en el inicio. Le dio los tiempos, distancias y altura con inteligencia ante un novillo manejable que tuvo un pitón izquierdo con menor recorrido. Con el novillo a menos, un torero final a dos manos y una estocada trasera y tendida antes de cortar una oreja. Antes dio una vuelta al ruedo con el novillo de su debut en Pamplona. Destacó al natural ante un buen novillo, con recorrido y clase que remató de estocada algo tendida. Se le pidió la oreja, pero el palco esta vez no la concedió.


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