Misma fecha. Mismo escenario. Parecido guión. Como hace ahora justo un año... De nuevo Rafaelillo. Y con otro Miura en Madrid. Su emoción al natural. Su buen toreo. La pasión desbordando el corazón. Y de nuevo... la espada se atravesó... Perdió una oreja de peso el gigante Rafaelillo hoy en Las Ventas. La espada le robaba el triunfo... Otra vez. Porque si el pasado San Isidro hubiera cortado dos orejas por una obra cumbre, éste que ya baja el telón mereció más que una gran ovación, como consuelo del que ve esfumarse la recompensa que había tenido en la palma de la mano...


Así toreó Rafaelillo con un bravo Miura, primero bis tras correr turno el matador, de excelente pitón izquierdo, que duró y tuvo profundidad, que fue el toro que marcó la diferencia con creces de una corrida corrida muy desigual de peso, aunque no tanto de presencia. Un lote que en varas cumplió mejor que a partir de banderillas, y que enlotó también un toro devuelto - el primero- inválido y flaco; el salpicado segundo, sin fuerza y a la defensiva y muy parado; un tercero avisado y con peligro; un sobrero de Valdefresno en cuarto lugar muy basto, flojo y con poco empuje; un complicado quinto y un grandón sexto que fue bravo en varas pero que siempre tiraba gañafones. En ese sentido, esos toros que tuvieron mala condición no la terminaron de desarrollar por su falta de poder.

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Flaco y escurrido de carnes, el primer Miura regresó a los corrales. Corrió turno Rafaelillo y saltó al ruedo el que hubiera sido el cuarto, un astado alto y zancudo, al que se sacó el murciano al tercio lidiándolo con las piernas de salida con poder. Cumplió en el peto y dejó buenos pares José Mora, que se libró de milagro al ser prendido contra las tablas al salir del último. Brindó el murciano al Rey emérito Juan Carlos I una faena que fue muy buena, fundamentada íntegramente en el potente pitón izquierdo de 'Tabernero', que duró un siglo en la muleta y que tuvo una gran profundidad. Se lo había sacado al tercio Rafaelillo lidiándolo por bajo al comienzo del trasteo. Pronto el murciano atisbó la emoción y la calidad al natural y lo toreó con temple, largura, limpieza aprovechando ese gran pitón izquierdo. Una gran obra sólo mancillada por una espada traicionera que le robaba una valiosa y merecida oreja. El público le reconoció con una gran ovación.


Basto, degollado, badanudo, de perfil acarnerado, flojo y con poco empuje, el sobrero de Valdefresno que salió en cuarto lugar fue protestado de salida. Quería pero no podía. Le faltaba fuerza, y perdía las manos cada vez que quería emplearse. Lo intentó Rafaelillo siempre, aunque la faena no podía salir lucida. Y esta vez sí, dejó una estocada en lo alto al primer intento. Lástima que no hubiera sido en su primer turno.

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Alto, agalgado, playero, más suelto de carnes que el primero, el salpicado segundo salió barbeando tablas. Sí cumplió en varas aunque echó la cara arriba en banderillas por el pitón izquierdo en dos pares. Se lució Fernando Sánchez en el último. También brindó Javier Castaño a Don Juan Carlos. Solvente, firme y asentado el torero con un deslucido Miura que fue flojo y se defendía con tarascadas, que se defendía y protestaba por su falta de poder. Castaño tuvo que hacer una faena de medios muletazos porque no había otra opción. Falló con los aceros. De cara abierta, alto, agalgado, el quinto humilló de salida y se empleó en el capote de Castaño a la verónica. Blandeó en el peto y galopó en banderillas. Pareció tener buen aire por el pitón derecho en los primeros tercios y otra vez Fernando Sánchez se desmonteró. Pero en la muleta la historia fue otra. Porque el toro embestía con la cara alta por el pitón derecho, dando tarascadas y reponiendo. Se queda parado, y no pasaba del embroque. Castaño trató de imprimir temple y suavidad, con mucho oficio. Mató de estocada y el público le reconoció con una gran ovación.


Más bajo que el sus hermanos, fino de cabos y chico, el tercero fue avisado y con peligro. Salió distraído y corretón, y se dejó pegar en el peto, con fijeza. Y le midieron el castigo en varas. Ya cortó en banderillas. Pérez Mota, que también brindó al Rey emérito, empezó la faena sin probaturas en los medios pero el toro no tenía recorrido, no pasaba del embroque, reponía y buscaba. Un toro muy muy complicado con el que el gaditano se mostró digno, a pesar de su falta de rodaje. También mostró la misma actitud con el alto y grandón sexto, que rompió las tablas de un burladero al salir de toriles. Muy generoso Pérez Mota, lo deja largo hasta en tres varas, puyazos que luego acusó en la muleta sin tener recorrido. Se había lucido Raúl Ruiz en banderillas. Otra vez sin probaturas empezó el trasteo en los medios frente a un astado que reponía, volvía las manos y tiraba tarascadas. Se baqueteó bien Pérez Mota, con mucha dignidad, y le dio un espadazo al sexto. Pero ni siquiera le sacaron a saludar...


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Plaza de Las Ventas. Último festejo de la Feria de San Isidro. Lleno. Toros de Miura, desiguales de peso, no tanto de presencia. Bravo el segundo bis, con un gran pitón izquierdo. Fue el toro que marcó la diferencia de la corrida. Un toro devuelto - el primero- inválido y flaco; el salpicado segundo, sin fuerza y a la defensiva y muy parado; un tercero avisado y con peligro; un sobrero de Valdefresno en cuarto lugar muy basto, flojo y con poco empuje; un complicado quinto y un grandón sexto que fue bravo en varas pero que siempre tiraba gañafones.

Rafael Rubio Rafaelillo, gran ovación y silencio.

Javier Castaño, silencio y ovación.

Pérez Mota, silencio en ambos.