Todo lo hizo sobre las manos la corrida de Cuadri. Excepto el último toro, que sí humilló y se movió con nobleza. El resto de la corrida se movió muy poco. En este laberinto de mensajes caóticos sobre el toro se confunde poder o fuerza (que la tuvieron algunos toros) con movilidad. Pero no es lo mismo tener fuerza o poder sobre las manos que desarrollar movilidad, conceptos que el castellano y la sabiduría ancestral de la tauromaquia definen perfectamente. El encierro de Cuadri no tuvo movilidad, tuvo poder sobre las manos. Poder y fuerza sobre las manos.

Esas fueron las claves: Los toros iban frenándose, reponiendo sobre las extremidades anteriores y con la cara por arriba. Para este tipo de toro, el que muestra poder sobre las manos sin movilidad, el torero necesita utilizar el toreo sobre las piernas. Y ante tales circunstancias, es una barbaridad pretender aplicar el toreo de quietud de piernas y de movimiento de brazos y de muñecas. Y hasta que no eduquemos al público para que se permita realizar a este tipo de toro una lidia sobre las piernas, y no sobre los brazos y las muñecas y de quietud de cuerpo y de movimiento de brazos, estamos haciendo todos el ridículo. El ridículo. Y un peligroso agravio comparativo además. Porque cuando un chaval se quiere quedar quieto toreando sobre los brazos, como le ocurrió hoy a Venegas, el peligroso tercero casi le arranca la cabeza. O educamos para que la lidia sobre las piernas sea absolutamente vigente con este tipo de toros, o este tipo de corridas no tienen sentido. Que existan estas corridas. Por supuesto. Que existan estos encastes. Por supuesto. Pero que se le aplique en coherencia una tauromaquia para su lucimiento, que es el toreo sobre las piernas.

Hubo dos toreros, sobre todo en dos toros, que sí aplicaron ese toreo sobre las piernas. Me pongo, me quito. Me pongo, me quito. Y siempre con la muleta armada. Fueron Fernando Robleño con el peligroso cuarto, al que a punto estuvo de cortarle una oreja de no pinchar; y Javier Castaño con otro peligroso Cuadri, el quinto. Fue Robleño el que saludó la única ovación. Le hubiera cortado una oreja de enorme mérito al avisado cuarto, que se movió sobre el tercio delantero sin raza -como casi toda la corrida de Cuadri, a excepción del buen sexto- y pegando tornillazos. Aguantó con firmeza el madrileño, que supo buscarle las vueltas, lidiándolo sobre las piernas, muy inteligente, para acabar pegado a tablas y entre los pitones, con gran valentía. El pinchazo previo a una estocada caída le hizo perder el valioso trofeo que le hubiera arrancado.

Abrió la tarde un Cuadri estrecho de sienes, de mazorca ancha y no lleno, que aunque tuvo prontitud en el peto, no se empleó en el caballo y que después en banderillas siempre quiso quedarse de la segunda raya para adentro. Tuvo que torearlo en paralelo en la segunda raya el madrileño, llegándole mucho en ese terreno tan cerrado en una labor en la que sacó series estimables ante un toro manejable que adoleció de raza y de fuerza.

Tampoco podemos equivocarnos al decir que el quinto toro de Castaño mejoró. No. Perdió fuerza. Y al perderla, pudo parecer que fue menos peligroso. No. Ese toro siguió teniendo el mismo peligro. Sólo tuvo menos poder. Por favor, no equivoquemos conceptos. Movilidad no es lo mismo que fuerza. Fuerza no es lo mismo que poder. No es igual. Un ejemplo: si uno que pega puñetazos, se cansa, no es que no quiera pegar puñetazos. Es que se ha cansado. Que no tiene fuerza, poder para pegar más. Pero sigue queriendo pegar puñetazos. Se movió sobre las manos de salida ese toro, y tuvo que lidiarlo sobre las piernas Castaño, ganándole terreno. No se empleó en varas y arreó en banderillas. Se impuso Castaño a base de lidiarlo sobre las piernas y dejarle la muleta muy puesta, otro toro que se movía entre las manos y que reponía una barbaridad por el izquierdo, y al que logró extraerle tandas de mucho mérito en una faena en la que el riesgo se hacía más que evidente. Antes estuvo firme con el segundo, que siempre se movió con la cara alta, que pronto repuso y acortó su recorrido, echando el freno, sin dar más opción que acortar distancia al salmantino.

Honda, aunque menos llena que en otras ocasiones, y seria, la corrida de Cuadri se movió entre las manos, frenándose, a excepción del buen sexto, que sí humilló y quiso romper hacia delante aunque perdiera las manos en los primeros tercios, por emplearse. Chapeau el presidente, que aguantó con buen criterio a ese toro en el ruedo ante la impaciencia y la sonora bronca del público. Venegas dio todo lo que tenía e hizo cuanto supo, respecto a su rodaje y dio la cara siendo su primera corrida del año. Cobró dos volteretas, la primera en el peligroso tercero, en el que se libró de milagro de una cornada, por querer precisamente torear sobre los brazos y las muñecas y no sobre las piernas; y la última, también fortísima, al intentar bernadinas en el que cerró la tarde. Por eso acabó en la enfermería, con un traumatismo costal y posible fractura costal.