No fue el peso, que era mucho, tantísimo, que diría un amigo italiano. No eran los pitones, la mayoría abiertos de cara, uno sin perfil, tercero; uno amplio hasta decir basta; el cuarto, otro cerrado en sienes estrechas y enseñando las palas por delante, el primero. Ni que escondieran el cuello tercero, cuarto y quinto. Ni que las alzadas fueran las fueron o que el sexto fuera como fue en una presencia basta. No es que fuera mas propia de Pamplona que de Bilbao. No. Fue la suma de lo que no es, que da como resultado lo que es. Que una ganadería de gran origen, que debutó cum laude en Illumbe hace un año, con una hechurada, entipada y sensacional corrida casi sevillana, renegó de su adn morfológico.

Esa corrida aludida, serviría para Bilbao. La de esta tarde, Para Pamplona. Escasa de raza, con peligro el quinto, la corrida se movió siempre sobre las manos, algunos con cierta nobleza .  Pero con tanto derrote en el escaso ir venir que se hizo insufrible. Y lo que es, también, es que lo cabal es huir a galope tendido del hipercrecimiento y del gigantismo. El gusto está en la armonía. Y esta ganadería que llega de Jandilla/FuenteYmbro,  siempre ha querido tener gusto. Recordando que no existe mal o buen gusto. Se tiene o no se tiene. El gusto.

En un alarde imaginativo, supongamos que la corrida tiene una condición excelente y nos encontraríamos que a Fererra le pedimos que se ciña con el cuarto, de una amplitud de cuna exagerada. Y eso rezaría para algún toro mas,  por la cara abierta, y por la anchura de pecho y culata, como el primero cinqueño. Toros para líneas paralelas. Esa línea usó Miguel Angel Perera en el primero de su lote, un toro que recordaba a un jandilla, pero multiplicado de tamaño de forma bestial,  al que encontró altura (jamás los vuelos de la muleta por el suelo) y distancia en una tanda breve y otra, la mas lograda de la tarde, de cinco muletazos de trazo lineal impecable. Pero eso fue todo porque, como le pasó a toda la corrida, que cumplió en varas, fueron a menos en todo y a más en caras sueltas y feos embroques.

Iba el público de Oh en Oh, contagiado del tamaño, como si éste fuera el correctivo de la corrida del martes y de algunos toros de ayer. Pero fue sensación de burbuja pues tras las ovaciones de escasa comprensión en el arrastre de algunos toros, la decepción llegó con la evidencia de la insistencia en lo negativo. El segundo de Perera era de hule si o si. Porque sin haberse colocado ya de le vino al pecho, desparramando la vista . Si se da coba, adjuntamos parte facultativo seguro. Pero ese fue el único toro de peligro. El resto fue obediente en cites y hasta alguno  apuntó tener condición buena, como el amplio cuarto, el mas estrecho de cuerpo, de menos remate, con el que Ferrera estuvo centrado, mente despejada, tratando de que no se fuera al suelo y hasta logrando pases de buen trazo. Se había enlotado con un toro de cinco años para seis, de mucho volumen pero estrecho de sienes y de pitón vuelto, serio de expresión, de fondo escaso y recorrido breve con el que el extremeño estuvo muy centrado.

Para nada mejoró la corrida el lote de Ginés Marín. El castaño tercero era alto y de perfil escaso en cara abierta  y corto de cuello. De movimiento sobre las manos y sin pasar. Por mucho que el torero buscó distancia y altura el toro jamás llegó a deslizarse una vez. Salió de sexto un toro muy muy grande pero sin expresión ni en tipo ni en sus movimientos de salida. No obstante, fue toro que galopó algo más, y quizá por ello Ginés brindó al público pero el del Parralejo pasó a hacer lo que hicieron sus hermanos.  A los dos los mató de dos buenas estocadas.