Queda bien en todos los carteles. ¿Por qué? Porque tiene una tauromaquia liberada de estereotipos que le permite desarrollarla en cualquier plaza. Olivenza, Sevilla o Madrid. Primero fue en Olivenza con figuras. Luego, en Sevilla con Victorinos. Y ahora, en Madrid en una terna de banderilleros. Tres carteles distintos con tres registros diferentes y en los tres se ha erigido protagonista y además, con nota. Hoy volvió a hacerlo. Y a demostrarlo. Una oreja de peso en Las Ventas a un toro difícil de torear. Todo un seguro de vida. Porque se encuentra, en un momento de madurez. Posiblemente, en el mejor de su carrera. Porque es un torero en sazón que ha ampliado sus registros y porque va camino de convertirse en un torero de aficionados. Bajando revoluciones a su toreo, toreando con reposo, sin afectación y con naturalidad. Ya lo dejó patente en Sevilla. Con esa suavidad con el capote. Como ha toreado hoy a ese quinto de Las Ramblas. La versatilidad y la eficacia de Ferrera, a prueba de bombas.

Una oreja de torero en sazón. En plenitud. Así fue como Ferrera se llevó de calle la undécima de San Isidro. Un trofeo de peso a un toro pronto y obediente, el quinto. Astifino, estrecho de sienes, cornidelantero, más hondo, embistió con la cara por las nubes en el capote de Ferrera y salía sin celo en los primeros tercios. Se lució en banderillas Ferrera, que esperó mucho la llegada del toro en el primer par y dejó también un tercero muy vistoso, en corto por los adentros, al quiebro. Lo vio claro Ferrera desde el comienzo de faena. Precioso y muy torero el inicio, andándole al toro, sacándolo a los medios. Y después Ferrera vendió mucho la mercancía, cada cite, el estar cruzado con un toro de Las Ramblas, que tuvo nobleza y recorrido y al que inteligentemente no apretó. Ese fue el secreto en una faena con mucha prosopopeya, acompañada de muletazos reunidos y rematados hacia atrás descritos en semicircunferencia. Caló hondo en Las Ventas esa impactante puesta en escena, tanto, que no importó que el trasteo no tuviera ligazón. Porque ahí estaba el temple y la inteligencia de Ferrera. Un torero en sazón. Impresionantes dos naturales, largos, con enorme temple. El público entregado. Y un final de trincherazos y adornos, soberbio. La estocada hizo rodar al toro sin puntilla. Y fue premiado con una oreja, e incluso hubo una fuerte petición de la segunda.

Había acertado la empresa en programar el festejo en domingo, elegido para un público menos riguroso que venía a disfrutar sin complejos del espectaculo de tres toreros banderilleros. Porque en un mes de toros consecutivos tiene cabida un festejo como éste. Lidió Las Ramblas la corrida mejor hecha que posiblemente haya lidiado hasta ahora en Las Ventas. De manos cortas en general, y aunque con algunos toros ofensivos de cara, el conjunto siempre se movió dentro de sienes estrechas y reunidas. Todo, en un encierro de nota media, justa de raza, con un fondo medido, pero que siempre quiso coger los engaños por abajo, con excepción de alguno, como el primero y el cuarto, a los que les faltó fondo, en un lote que tuvo dos toros muy aceptables el mencionado quinto, y el buen sexto, noble, con clase y profundidad, toro éste último que si llega a tener más raza hubiera sido de nota, y al que cuidó en una lidia muy fiel a sí mismo Manuel Escribano, que lo recibió a portagayola con gran compromiso a un toro serio, cornidelantero, aunque estrecho de sienes.

Siguiendo a sus principios, el sevillano expuso después una barbaridad una vez más en un par de banderillas al quiebro por los adentros, que puso al público en pie, para después poner los pelos de punta al personal en un escalofriante inicio de faena con pases cambiados por la espalda en el dentro del ruedo, rozándole los pitones, a milimetros de la taleguilla. Lo toreó con mano baja y llevándolo largo, en una labor importante sólo emborronada por un feo metisaca que se fue a los bajos. La única mácula de su actuación.

El otro capítulo relevante de la tarde fue el espectáculo que brindó Padilla con el rajado astifino, estrecho de sienes, y cornidelantero cuarto en otra lidia de personalidad, made in Padilla, quien lejos de sentirse cohibido por una plaza como Las Ventas, se mantuvo fiel a su esencia, recibiéndolo con cuatro largas cambiadas, y protagonizando un brillante tercio de banderillas. Comenzó la faena rodilla en tierra Padilla, con emoción, aunque no pudo terminar de mostrar su repertorio, porque el toro se rajó y no duró.

Más insulsa fue la primera parte de la corrida, con tres toros bajos de raza. Muy cornidelantero, con mucha alzada y canal, el segundo acometió con emotividad en el capote de Ferrera, que lo saludó a la verónica con temple y remata con una gran media en los medios. Un toro con mejor embroque que final al que Escribano firmó un buen quite por chicuelinas. Compartío Ferrera banderillas con sus compañeros y brindó un comprometido par por los adentros Ferrera, que inició muy torero el trasteo, con cambios de mano, gusto y mucha suavidad. Tuvo nobleza y movilidad el astado, aunque le faltó fondo y Ferrera no pudo hacer más. Con el cornidelantero, astifino y suelto de carnes tercero tampoco tuvo opción Escribano. Igual que Padilla con el noble pero blando primero, que llegó parado a la muleta.