Belleza en estado puro. La de Manzanares, que cortó dos orejas a un toro de hermosa embestida de Cuvillo, el más enclasado de lo que va de Feria. Y verdad y toro roto de Talavante, que le firmó una importante faena al enrazado tercero, exigente y para poderle por abajo, como hizo el extremeño, que además se tiró a matar o morir en una dramática estocada. No tuvo suerte Castella con un simplón primero y el impetuoso cuarto, que se vino a menos en un encierro de nota de Cuvillo que enlotó cuatro toros impecablemente presentados con un gran toro de clase, el mencionado segundo, merecedor de la vuelta al ruedo, un quinto de clase con menos poder, y un tercero muy enrazado y con fondo.

Bajo, bien hecho y con buen perfil, el segundo ya marcó su buen tranco y clase en los primeros tercios. Lo lanceó con temple a la verónica el alicantino, que firmó una gran faena de dos partes bien distintas: bonita la primera, de suavidad y naturalidad, y una segunda de exigencia, con un toro bravo, a más. Fue bueno el inicio, de altas cotas, seguidamente dos tandas enormes con la derecha, plenas de plasticidad y empaque. La armonía por bandera. Soberbio el muletazo circular para cerrar la serie ante un gran toro, con mucha calidad y recorrido. .

Exigió más a partir de ahí el animal, que se vino arriba con bravura y, al no perderle pasos el torero cuando lo toreaba la zurda, incluso estuvo a punto de arrollar al diestro. Por eso las tandas fueron menos limpias y con más tensión. Cumbre el espadazo en lo alto recibiendo. Aguantó la muerte el bravo, siendo ovacionado por el público, con petición de vuelta al ruedo incluida para la extraordinaria res. Belleza por partida doble. Dos orejas para Manzanares.

Muy exigente fue el tercero, enrazado y con mucho fondo. Bajo, con mucho perfil, más cornidelantero, bien construído. Tropezó el engaño de salida, aunque sí tuvo celo y fue pronto y vivo en banderillas. Torerísimo y cumbre Talavante en el inicio de faena con la pierna flexionada dándole celo al toro, que tenía prontitud, fijeza y poder. Respondió al toreo ligado y de sometimiento de Talavante con la derecha. Sonó la música. Extraordinarias tandas al natural, obligando siempre al toro, tirando de él y desplazándolo con largura, con ligazón y torería. Monumental el pase de pecho mirando al tendido. Había que poder al toro para sacarle el fondo que tenía. Y Talavante siempre lo hizo. Con mucha verdad. Hasta el punto de volcarse en la estocada a matar o morir siendo prendido por el pecho en una estocada dramática. Oreja de ley, que bien hubieran podido ser dos.

Saludó con una larga cambiada al hilo de tablas Manzanares al quinto, un colorado con mucho cuello y estrecho de sienes que enseñaba las palas por delante. Toro de clase, pronto y bravo, aunque con menos poder, sin fuerza que cuando le acertó a darle sitio, le sirvió. Porque cuando la faena estaba en el punto álgido, el torero lo sacó hacia afuera y al toro le costó más embestir y a Manzanares cogerle la distancia. Se echó en falta alguna serie más, que las tenía. Pinchó y saludó una ovación.

El burraco y salpicado sexto arrolló a Valentín Luján al perder pie tras dejar el último par. Providencial quite de Manzanares. Talavante sólo pudo justificarse con él. No tuvo fortuna Castella. Su primero fue noble pero sin empuje. El francés estuvo correcto pero no pudo haber emoción en el trasteo. El cuarto fue a menos y el torero le planteó una faena paciente, con buena actitud y ánimo, y cuando se vino abajo, se metió con arrestos en las cercanías. No pudo hacer más.