Es un torero de culto. Por eso esta era su tercera corrida de la temporada. Su manera de torear dicen que está en desuso, de ahí que hoy haya sido su estreno en 2018 en plazas de primera. Y como tampoco pertenece al sistema, a principio de temporada nunca sale en las quinielas. Pero cuando llega agosto y la Aste Nagusia su clasicismo de vuelve a imponer, y ese reducto cada día más estrecho y selecto pero siempre permamente a los que denominan 'aficionados' lo reclaman. Porque Urdiales, como su toreo, nunca pasa de moda. Hoy dio la cara con el enrazado y cuajó al animal de más de clase los mejores naturales de las Corridas Generales.

Tuvo presencia la corrida de Alcurrucén, hechuras y, dentro de su variedad de comportamientos, importancia. No fue corrida fácil, incluso hubo un tigre jugado de segundo sobrero en quinto lugar, pero el público tomó conciencia que lo que allí pasaba era de verdad. Los dos toros de más importancia, el de raza y el de clase, se juntaron, como quedó dicho, en el lote de Urdiales. Ponce y El Juli no tuvieron animales tan aptos, pero aún así, como figuras que son, anduvieron cerca de pasear trofeos. Sólo la espada se lo impidió.

Largo, engatillado de cuerna, ensillado, en el tipo de la casa el tercero, que hizo una salida fría y abanta, embistiendo frenado. Se dejó pegar en el peto, cortó en banderillas, y en el último tercio embistió enrazado, con temperamento a la muleta de Urdiales, que brindó la faena al actor Juan Echanove. Se dobló con él de inicio y dejándole la muleta en la cara corrió la mano con autoridad, imponiéndose en cada muletazo al de Alcurrucén, ganándole la acción, ganándole un paso en cada pase, sin dejarle pensar, todo con aire barroco, roto, arrebatado, apasionado, todo aderezado con una manera de andar al toro y de desenvolverse por el ruedo añeja, en desuso. Faena importante, porque el de Alcurrucén fue toro encastado, agradecido pero costoso y nada fácil. Estocada tendida entrando con todo, derecho como una vela, antes de pasear la primera oreja de la tarde.

Bajo, con la cara para delante, enseñando las puntas el sexto. El toro de más calidad y clase de la corrida, permitió al torero expresarse con naturalidad y gusto, con sensibilidad, suavidad y delicadeza. Primero con la derecha aprovechando más la inercia, acompañando, con el mentón hundido, pero fue con la zurda, enchandole los vuelos al hocico y corriendo la mano muy asentado, por donde esculpió naturales de categoría. Tirando del animal con despaciosidad en una obra para degustar y paladear, artísticamente la mejor de la feria, sin duda. Pinchazo y gran estocada antes de abrir de par en par y por tercera vez en su carrera la Puerta Grande de Vista Alegre.

Más suelto de carnes, con cuello, estrecho de sienes el cuarto. No terminó de soltarse en los primeros tercios, y luego a media altura, dejando el trapo como cebo, lo fue haciendo romper, sin molestarlo ni obligarlo con esa técnica y estética inigualable. Faena de mérito, de maestría, de conocimientos, por cómo tapó los defectos del animal y alargó su embestida. Con este tipo de toro medio el maestro valenciano marca la diferencia. Incluso ensayó la poncina al final del trasteo. Hubiera cortado una oreja con fuerza de no haber marrado con el acero. Ya estuvo a gran nivel en el primero, al que cogió la altura a la perfección y sobre la mano derecha, en esa media altura, dejándole la muleta en la cara, fue capaz de ligar dos series con estética, elegancia, de gran composición, empaque y encaje a media altura. Por el pitón zurdo se desplazó menos, y en su retorno a la diestra la pujanza del toro disminuyó.

El quinto, sobrero bis, fue un berrendo muy serio, alto, grande y veleto, de salida fría, que no terminó de soltarse en los primeros tercios ni en el comienzo de faena de muleta. El Juli le dio sitio a partir de la segunda serie, incluso le robó una con gran mérito, provocándolo y sometiéndolo mucho con la voz, pero en las series siguientes el toro repuso y soltó un horrible gañafón. No volvió la cara El Juli, que aceptó la pelea como primerísima figura que es. Fue dura la batalla, por la aspereza y el genio del animal, violento por el derecho, imposible por el lado zurdo. Incluso cuando se vio podido hizo amago de rajarse, pero El Juli fue a su búsqueda para dejar claro su actitud y responsabilidad. Le despachó con dos coces su intento de pelea y El Juli se fue a por la espada... Antes inició faena al segundo hilo de las tablas, por alto, muy quieto, y luego, visto lo que tardeaba el animal y su corto recorrido, lo trató de provocar en corto, pero el toro se consumió en seguida y nunca aceptó la proposición de su lidiador.