Los cuellos eran para embestir, las caras -de plaza de primera- entraban en la muleta, apenas un cuarto de manos, hechos cuesta abajo con los pelos de la penca del rabo asomando por encima del morrillo. Nacidos primero, seleccionados con gusto después y enlotados en una corrida apta y de garantías. 'Majestad', el primero, fue el rey porque a sus hermanos les faltó fondo para desarrollar tanto y bueno como mostraron en los primeros tercios.

'Majestad', portador de la T de Vegahermosa, además de bonito tuvo fijeza, prontitud y recorrido. Quizá soltó un pelín la cara pero fue bravo. A Ureña le tocó 'Omeya', marcado con la estrella de Jandilla, otro toro de nota si se hubiera entregado más en el tramo final. Ureña está feliz y eso lo demuestra en el ruedo. Torea con el compás abierto o a pies juntos. Ofrece el medio pecho o da el frente. Se encaja y aprovecha cualquier virtud por mínima que sea.

La oreja se la cortó al quinto, un toro de embestida desigual pero con el que tragó, se puso firme y le sacó tandas muy ligadas. Lo que no sabía era que la Puerta Grande se había esfumado apenas media hora antes cuando un pinchazo desinfló la petición de oreja de una faena superior.

'Majestad' y 'Omeya' pusieron el listón muy alto a sus hermanos que quisieron pero no terminaron de romper. David Mora se chocó con el anodino cuarto, mientras que Javier Jiménez sacó la raza después de dos auténticos volteretones en el sexto de los que, afortunadamente, se repuso. El sevillano estuvo muy templado y mantiene el crédito de una temporada que se augura muy exigente.

Paco Ureña está fresco. Se le nota en la mirada y en la sonrisa con que aviva cada cite. El primero de su lote también tenía cuello, degollado de papada, serio de cuerna. El murciano se abrió con el capote, recogido de las puntas, el toro se enceló y repitió con alegría, para cuajarlo a la verónica abrochado con una buena media. Galleó por chicuelinas para llevarlo al caballo y lo derribó. Se quedó dormido en el peto empujando con codicia varios minutos antes de que Javier Jiménez entrara en su turno de quites. Llegó el toro a la muleta humillando, con calidad y trasmisión. Ureña estuvo asentado, torero, ofreciendo el pecho, con verdad. Le faltó un poco de empuje conforme avanzaba la faena pero Ureña lo entendió, toreó a pies juntos en un notable cierre de faena. Tardó en caer y la petición de oreja que se despertó no fue la suficiente. Vuelta al ruedo.

Volvió Ureña a colocarse en el mismo sitio con el quinto, con el hierro de Vegahermosa. Acapachado y con cuajo, salía con la cara suelta de los capotes. El murciano exigió en el arranque por doblones para fijar su caracter y, aunque fue desigual en su embestida, consiguió romper en una tanda de cinco derechazos muy ligada y con mucha profundidad. Con la izquierda toreó también con la mano baja y, ya a toro parado, se metió en los terrenos del toro. Ureña siempre entregado, dejó una estocada sublime en los medios. La oreja fue al conjunto de una tarde redonda.

Jiménez se fue a porta gayola, evidencia de torero de raza, para recibir al sexto jandilla. Se colocó, citó con gravedad pero el toro hizo caso omiso y le arrolló. Tremenda paliza que, afortunadamente, quedó en un susto. Se levantó con coraje el sevillano para volver en los medios a enjaretar una serie de encajadas verónicas que metieron al público en la función. El toro se desplazó con categoría en banderillas pero todo quedó en ese intento porque en la muleta, el toro se apagó. Fue en un muletazo del desdén en el comienzo de faena cuando el toro volvió a hacer presa y, ya en el albero, lo buscó hasta romperle la taleguilla sin coger carne. Con los huesos en su sitio volvió a levantarse Jiménez para poner toda la raza que se evaporó por el camino. Toreó muy suave, despacio y con serenidad, a pesar de los dos violentos percances y la necesidad de arrear cada tarde. La estocada al segundo encuentro fue hasta la bola pero dejó todo en una ovación.

El tercero fue ovacionado de salida. Con las puntas hacia arriba pero cerrando la cara, hondo de pecho y cortito de manos, le faltó un punto de fuerza que se uniera a la prontitud y la fijeza que poseía. Javier Jiménez lo recibió por delantales e inició su labor a pies juntos rematadas por un trincherazo superior. Sujetó Jiménez al tercero que pulseó la embestida y perdió pasos debido a una prontitud agobiante. Perfecto el sevillano con el toro. Terminó con bernardinas en un palmo de terreno ante de dejar una estocada trasera y un golpe de verduguillo.

Con la cara hacia adelante y cerrando, de buenas hechuras, con cuello y corto de manos. ‘Majestad’, con el hierro de la T de Vegahermosa, fue un toro con fijeza, prontitud y humillación. Aguantó la lucha de quites entre Paco Ureña, que se quedó impasible en dos gaoneras y una saltillera de infarto, y la respuesta de David Mora por ajustadas chicuelinas. Apretó en el caballo y se desplazó en banderillas, muy pronto y con acometividad. Mora brindó al pequeño Adrián y a Padilla. Fue bueno por el pitón izquierdo por donde basó la faena. La embestida era boyante pero soltando un pelín la cara. Toro bravo. Faltó conjunción y limpieza a la faena conforme avanzaba al tramo final. No estuvo acertado con la espada.

Hecho cuesta abajo, fino de cabos y con cara, tuvo mejores hechuras que comportamiento después. No dio opciones su falta de celo y entrega a David Mora que estuvo templado a la verónica. Aquerenciado en banderillas, Mora insistió en la muleta para encontrar cualquier resquicio de lucimiento. En un traspié, el torero cayó en un momento de máximo peligro pero él mismo se hizo un quite salvador.