Que su proyecto tenía algo más que buena pinta lo supimos cuando se presentó como novillero en Madrid, que su carrera iba más allá de un doctorado lujoso lo intuímos después de verle ratificar en Pamplona, Albacete, Gijón, Sanse... lo que le hizo en Las Ventas a aquel novillo de El Montecillo, pero es que desde entonces, la carrera de Luis David no ha hecho más que crecer. Hasta el día de hoy. Porque el mexicano, como en su día su hermano Joselito, viene para quedarse. Acostúmbrense a ver su nombre en plazas de aquí y de allá, porque con esa determinación y ese modo de torear, el hidrocálido va a ser gente a ambos lados del Océano.

Los más respondones argumentarán que le correspondió el mejor ejemplar de una corrida de Juan Pedro que tuvo mejores hechuras que fondo, pero a ese 'Ombú' (uno de los toros de la feria), había que hacerle las cosas con milimétrica precisión. Cualquier desajuste en forma de tirón, desarme o enganchón hubiera violentado a un toro bravo por encima de todo cuyo temperamento amenazaba con subirse a las barbas de su joven lidiador. El inicio por estatuarios, impávido, ya concentró la atención arriba. Tuvo el toro fuerza y tranco, emoción y transmisión. Luis David lo bordó en dos series con la derecha, dejando la muleta puesta, muy por delante, y corrió la mano con suavidad y templanza.

También con la zurda tiró con limpieza de su acometida. Hubo un pase de pecho a la hombrera contraria y una arrucina que adobaron un toreo fundamental tan de verdad que no necesitaba resortes accesorios. La última serie con la zurda, de frente, también fue notable por su pulso y trazo, virtudes imprescindibles para que el animal no se desordenase. Cerró por bernadinas y se tiró encima del morrillo con mucha verdad, y aunque la espada cayó un tanto desprendida, el modo de hacer la suerte sobrecogió por su autenticidad. La oreja, de las que cuentan…

El sexto, con el hierro de Parladé, más basto y más atacado, con la cara para delante, también tuvo emoción en sus acometidas, sobre todo en la primera parte de la faena. Tuvo un inicio fulgurante la obra, con un pase cambiado angostísimo. El astado tuvo emoción pese a que no terminó de irse de los vuelos. Hubo disposición y actitud en el diestro hidrocálido en una faena de toma y daca, de ida y vuelta. Sin una renuncia, que redobló el riesgo cuando el animal, que desarrolló a peor mediada la obra, y empezó a reponer y a quedarse corto. El público palpó la emoción y el riesgo y se volcó con el aztecam que concluyó su primera tarde en el abono de un pinchazo y un descabello. Le hubieran pedido la oreja…

En realidad los toros de Luis David fueron los de más sustancia de un envío al que faltó fondo y empuje. Hubo toros de buena condición, sobre todo primero, segundo y cuarto, que con menos kilos y en una plaza de menor tamaño también hubieran sido 'orejeros', sobre todo el que abrió plaza. Finito dejó retazos que dejaron intuir el gran torero que fue. Hasta cuatro medias al primero y varios muletazos con porte, de excelente embroque, sacándose al toro al tercio. El cuarto le permitió expresarme menos. Román por su parte no pudo refrendar la imagen mostrada la pasada semana, pues su primero se consumió en un suspiro y el quinto fue el más deslucido del sexteto. El valenciano sólo pudo poner actitud.