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El Coliseum: pionero en modernidad



El Coliseum de La Coruña fue la primera plaza de toros cubierta que se construyó en un recinto multiusos. Cuando en 1991 se levantó este singular edificio en la Avenida de Alfonso Molina, en la salida de La Coruña por la A-6, ya se tenía conciencia de que comenzaba una nueva era para el espectáculo taurino. Así lo aventuró Camilo José Cela que acudió invitado a su inauguración el 12 de agosto de ese año: “Estoy participando en lo que será el futuro de las plazas de toros”, dijo. El Coliseum de La Coruña ha sido referente para las construcciones posteriores que se sumaron a la idea de crear un espacio amplio, cómodo, funcional y climatizado, no dependiente de las inclemencias del tiempo, y más acorde con los gustos y necesidades de la afición de hoy.

Los principales arquitectos encargados del proyecto fueron Salvador Pérez Arroyo y Javier García Alba, junto a los ingenieros de caminos Jesús Ortiz y Juan A. Domínguez, quienes desarrollaron un inmueble de planta central formado por un coso circular y graderíos, y cuya innovación la representaba la cubierta de gran luz sin soportes intermedios, que se resuelve mediante la sustentación de un gran arco central formado por arcos generales separados transversalmente. Para la parte estrictamente taurina se contó con el asesoramiento de los empresarios del coso Jesús Manzano y Luis Álvarez quien viajó a Madrid con los técnicos para tomar ideas de la plaza de Las Ventas: “El edificio era magnífico e innovador -cuenta-, pero cuando se entregó, la parte taurina no estaba rematada. Luis Miguel Dominguín hizo un repaso y me dijo, “Luis, aquí tú no vas a dar toros”.

Quedaban dos días para la primera corrida y faltaba una rampa para desembarcar los toros, la báscula, un pasadizo por encima de chiqueros, más corrales, y unir unos con otros, ya que los habían hecho independientes… No se tenía conciencia de lo que se necesitaba para manejar el ganado. El alcalde Paco Vázquez me mandó una cuadrilla de trabajadores y se logró tener todo a tiempo. El primer toro de Victorino que bajó del camión arremetió contra una puerta y la lanzó por los aires, –recuerda-. Los técnicos y albañiles que había salieron corriendo asustados”. Pronto se vieron los beneficios de la nueva construcción, era un placer añadido ver toros en un asiento cómodo con respaldo, con una acústica excepcional y con una temperatura perfecta, sin sol ni lluvia, y los toreros comentaban lo a gusto que se toreaba bajo la cubierta”.

 

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