Morante en la plaza de toros de Valladolid I PAULA ZORITAlinea-punteada-firma1

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Morante formó un verdadero lío con el capote. Recibió al cuarto de rodillas y le enjaretó un variado recibo, que acabó en los medios en el que destacaron las chicuelinas. Ya en la muleta, el baile continuó, porque no fue una faena al uso, sino un baile entre toro y torero a compás y en total sintonía. El astado de Peña de Francia, que no estuvo sobrado de fuerzas, permitió al de La Puebla del Río abrir el tarro de las esencias como él sólo sabe. También de rodillas terminó el trasteo de muleta, que se fundamentó en bellos naturales. Mató de una gran estocada, aunque el toro tardó en caer y se puso difícil para descabellar, incluso para Araujo una vez en el suelo. Aún así, el público quiso premiar al sevillano con un merecido trofeo.