Resumen de la corrida de La Quinta de la Feria de Santiago I @TOROSlinea-punteada-firma1

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El Cid sumó un nuevo idilio color cárdeno en Santander. Si en 2016 fue ‘Madroñito’ -aquel inolvidable toro de Adolfo Martín que indultó en 2016-, esta tarde, en su despedida soñada de Cuatro Caminos -una de las plazas talismán de una carrera que tiene varias… magnífica señal- fue ‘Timonero’. Cárdeno de La Quinta, que envió una corrida pareja y entipada con dos toros de nota (3º y este 5º), al que cuajó hasta desorejarlo. Una faena emotiva de la que disfrutó cada segundo como respuesta al público que lo había homenajeado tras el paseíllo. Emilio de Justo, volteado en ambos toros, puso empeño y toreo profundo para cortar sendas orejas y exhibir la ambición del que quiere ‘arrear’ para abrirse paso en la mesa de las figuras.

Más lleno y cuajado, astifino desde la mazorca y con perfil, el quinto fue otro cárdeno que salió de chiqueros con bríos. No se pudo estirar El Cid con el percal. Recibió un puyazo al relance y empujando sobre el pitón izquierdo. Se desplazó con alegría en banderillas y mantuvo ese ritmo en la franela de El Cid. Tras un brindis con aroma a despedida a la afición de Cuatro Caminos, como tantas veces, citó desde la boca de riego para torear en redondo. Pronto y en la mano.

Ligó las tandas, sin apreturas, con emotividad templando la noble y bonancible embestida de un Santa Coloma que fue a más. Cada vez con mayor entrega y clase. Se le vio muy cómodo, paladeando una faena que creció exponencialmente en una tanda al natural que abrochó con un afarolado y dos de pecho. Dos tandas más con la zurda de la misma intensidad. Lo llevó hasta la misma boca de riego y, allí, se volcó sobre el morrillo. Dejó media en buen sitio. Fulminante. Dos orejas que paseó, visiblemente feliz y hasta emocionado, en una clamorosa vuelta al ruedo. Ovación para el de La Quinta.

Cárdeno claro y lucero, fino de cabos, el segundo no estaba sobrado de energías. Claudicó en el recibo de El Cid un par de veces y se hizo más notorio, tras un puyazo en el que el de La Quinta buscó el pecho del caballo con descaro. Marcó querencias en banderillas y la faena estuvo marcada por la endeblez del Santa Coloma. El sevillano trató de templarlo a media altura, con suavidad y sin toques bruscos. Así logró dos tandas tan limpias y despaciosas como vacías por la falta de emoción del toro. Una más por la derecha resistió el toro. Silencio.

Un precioso cárdeno claro acapachado sorteó en tercer lugar Emilio de Justo, que le pegó un cadencioso ramillete de verónicas, ganando terreno en cada lance. Acudió con alegría al peto e hizo pelea de bravo. Mantuvo ese ritmo en banderillas. De Justo comenzó a pies juntos para sacarlo más allá de las dos rayas. Allí, firmó una faena emotiva a un gran ‘Bombero’ de La Quinta, con fijeza, nobleza y duración. Embestidas humilladas que el cacereño templó por ambos pitones. Muletazos con reunión y hondura, sobre todo, al natural. Echando los vuelos y enganchando las dulces arrancadas del cárdeno. Largos, los de pecho, a la hombrera contraria. Con magnífica expresión. Una tanda más en redondo, ya con el acero, y exigiendo aún más al toro, terminó de convencer al respetable. La estocada, de premios, pues se volcó sobre el morrillo. Incluso le hizo jirones la taleguilla. Oreja de ley.

Hubo también buenas verónicas de Emilio de Justo al sexto, más lavado de cara y cornidelantero, al que se tapó la salida. Galleo y quite: chicuelinas al cuadrado. Se desmonteraron Morenito de Arles y Pérez Valcárce, con las farpas. Luego, De Justo buscó las vueltas para arrebatarle muletazos estimables a un burel más reservón e incierto. Fruto de ello, lo prendió por la corva derecha, sin aparentes consecuencias, mediada la faena. Ni se miró y volvió a la cara para pegarle dos tandas más de derechazos, el pitón más potable de un toro que fue acortando el viaje. Lo mejor, de nuevo, los pases de pecho de pitón a rabo. Como en su primero, se tiró derecho como una vela detrás de la espada y enterró el acero hasta la yema. El esfuerzo del extremeño tuvo premio y cayó otra oreja.

Rompió plaza un ‘Jabonero’ cárdeno, de preciosas hechuras, cornidelantero, que no anduvo sobrado de fuerzas. Tras una tanda a su aire para evitar que se afligiera, templó otra en redondo reunida, maciza, limpia, aprovechando la bondad del toro, que quiso más que pudo. En la tanda posterior, estuvo a punto de dar un volatín y se rompió la mano izquierda. El jiennense, obligado fue silenciado.

Cárdeno lucero, el cuarto fue un astado que apretó para dentro en el saludo de capa de Curro Díaz y no se empleó en demasía con los del castoreño. Apretó de lo lindo para dentro en banderillas. El de Linares hilvanó una faena preñada de muletazos de bello trazo. Vertical y con relajo en ocasiones. Una forma de componer que llegó al tendido ante un adversario que tuvo movilidad pero le faltaron finales, algo desentendido. Las trincheras, de orfebre. Sin embargo, el acero cayó muy abajo y, pese a que su efecto fulminante propició que asomaran los pañuelos, el palco no otorgó el trofeo. Ovación.

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Hierro La Quinta - España Coso de Cuatro Caminos, Santander (Cantabria).  Tres cuartos de entrada. Tercera de la Feria de Santiago. Toros de La Quinta, bien presentados, muy parejos y en tipo, bien hechos. El 1º quiso más que pudo, además, se partió la mano izquierda en mitad de la faena; el 2º, endeble y muy justo de fuerzas; el 3º, buen toro, peleó de bravo en varas, con fijeza, duración, lo quiso todo por abajo; el 4º, movilidad sin entrega, le faltaron finales; el 5º, otro excelente toro, pronto, de embestida dulce y emotiva, con mucha transmisión, fue a más; y el 6º, reservón e incierto, fue acortando el viaje.

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Curro Díaz, silencio y ovación.
El Cid, silencio y dos orejas.
Emilio de Justo, oreja y oreja.