Resumen de la faena de El Fandi en Santander I ISMAEL DEL PRADOlinea-punteada-firma1

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Fue un bocado sabroso. Pero también tajada que supo a poco, a pesar de que El Fandi lo cuajó de Alfa a Omega -en una faena de dos para todos menos para el palco-. Un ‘Pescadilla’ de apetitosa nobleza, que tuvo fijeza y, sobre todo, la medida duración que le faltó a sus hermanos de una pareja pero carente de raza corrida de El Puerto de San Lorenzo y La Ventana de El Puerto. Le faltó casta y, sin ella, la seria tarde de Castella -ovacionado en el quinto- y las ganas de Alejandro Marcos -al que, salvo en el manejo de la espada, no se le notó que estrenaba su temporada- fueron baldías. La mejor noticia, otro ‘entradón’ en el tendido, prácticamente lleno.

Con el hierro de La Ventana de El Puerto, ese cuarto, fino de cabos, fue un toro suelto y sin fijeza hasta rebasar su encuentro con el caballo. Le había enjaretado El Fandi cuatro verónicas muy templadas y un quite por chicuelinas de mano baja. Formó un lío en banderillas, donde destacó un ajustado tercer par al violín por los adentros. Comenzó de hinojos toreando en redondo, uno de ellos circular, interminable, exigiendo al toro, que respondió. Para el pase de pecho, el tendido ya estaba entregado.

Tuvo fijeza y nobleza el de la vacada charra, embistiendo con clase y ritmo. El Fandi corrió la mano en dos tandas de derechazos y otras tandas al natural en las que no escatimó en molinetes, martinetes, desplantes y toreo accesorio para terminar dar de ‘dar fiesta’ al tendido. La estocada, desprendida, tuvo efecto fulminante. Todo el mundo veía abierta la Puerta Grande, menos el palco, que la quiso dejar cerrada al conceder un solo trofeo con la consiguiente bronca del público.

Rompió plaza un ‘Cartuchero’ acapachado y lleno, bajo pero con caja, al que El Fandi saludó con dos largas cambiadas en un recibo en el que no se pudo estirar pues el toro salió abanto y barbeando. Tomó una vara al relance y, tras un quite por navarras, el granadino banderilleó con espectacularidad. El mejor, el tercero, de dentro a afuera. Luego, la faena tuvo algún natural suelto estimable, pero al toro, además de sin clase y a la defensiva, le costaba irse de los vuelos y no hubo brillo. Media en buen sitio. Silencio.

Bajo y bien hecho, el cornidelantero segundo evidenció su medido motor en un largo saludo de capa a pies juntos de Sebastián Castella. Destacó el francés en un quite por gaoneras ajustado y con quietud, después de meter los riñones con celo en el peto. Se lo sacó Castella a los medios y, allí, trató de templar a media altura las medias arrancadas del toro. Le seguía costando un mundo al de El Puerto de San Lorenzo. De uno en uno, logró una buena tanda al natural. Pero no hubo continuidad y, enseñado por los dos pitones, fue por el acero. Estocada y silencio.

Astifino desde la cepa, de mazorca blanca y pitón negro, el quinto fue el ‘lisardo’ con más cara del encierro. Un animal al que le faltó codicia de salida. A su aire, como toda la corrida. Castella aprovechó la movilidad del burel de El Puerto en un comienzo mayúsculo con hasta tres cambiados por la espalda y varios pases del desprecio. Clavadas, las zapatillas. Lo mejor del trasteo. Sin embargo, el de Beziers dibujó también buena tandas por ambos pitones ligando las inercias del toro, al que faltó mayor entrega. Cuando se le acabaron, se apagó la transmisión y Castella optó por recortar las distancias en un arrimón final, en el que cosió varios circulares invertidos en un palmo de terreno. Hierático, se pasó al toro una y otra vez, sobrado de valor. La estocada quedó algo trasera y desprendida. Ovación.

El tercero de La Ventana de El Puerto, abría más la cara. Lo saludó a la verónica Alejandro Marcos, con cadencia y ganando terreno hasta rematar en la boca de riego con una media mirando al tendido. Galleó por chicuelinas el charro y las fundió con tafalleras después en un jaleado quite. Comenzó Marcos con torería por ayudados de rodilla genuflexa y después construyó una faena en paralelo a las tablas basada en el pitón derecho, de buen trazo, aunque sin atacarlo. A menos, hubo una serie al natural más destacada, bajando más la mano, pero, en la siguiente, el toro se aburrió. Rajado y acunado en tablas, le costó pasaportarlo. Silencio.

Cerró plaza un animal montado pero bajo y acapachado, con perfil, que no permitió a Alejandro Marcos estirarse de capa, pues incluso pareció renqueante de los cuartos traseros. Le pegó un buen quite por delantales y brindó al público, en busca de repetir el triunfo de los dos últimos años. Esta vez no hubo suerte. El de El Puerto no rompió en la muleta y su falta de pujanza se tradujo en una condición cada vez más parada y a la defensiva. Silencio tras aviso.

Hierro de El Puerto de San Lorenzo - España Coso de Cuatro Caminos, Santander (Cantabria). Casi lleno. Cuarta de la Feria de Santiago. Toros de El Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto (3º y 4º), parejos y bien presentados. El 1º y el 2º, blandos y justos de fuerza; el 3º, a menos, se acabó rajando; el 4º, buen toro, tuvo fijeza, ritmo y mucha nobleza; el 5º, con movilidad, duró mientras duraron sus inercias, y el 6º, parado y muy deslucido.
Hierro de La Ventana del Puerto - España
El Fandi, silencio y oreja con petición de la segunda.
Sebastián Castella, silencio y ovación.
Alejandro Marcos, silencio y silencio tras aviso.