Tercera de la Feria de Otoño I CANAL TOROSlinea-punteada-firma1

JOSÉ MIGUEL ARRUEGO > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Desde el mismo paseíllo se notó que toreaba a domicilio. El murmullo que trepaba por el tendido en los toros pares del festejo se transformaba en silencio y e indiferencia cuando era Perera quien salía a parar los suyos. Había ganas de ver a Ureña, que correspondió a la expectación con otra actuación de máxima entrega, pero en el quinto el extremeño cambió el guión, se adueñó de la tarde y volteó el ánimo y la voluntad de una plaza que acabó rendida a sus pies.

Se ‘tragó’ Perera a Madrid con eso que Madrid siempre ha pontificado; esas distancias que tanto y tan bien manejaron Antoñete y Rincón, esa manera de citar al toro de lejos para que luciera su galope primero y esperarlo, en el caso del extremeño, casi de frente, con la muleta por delante, atornillado en la arena, para deslizar la muleta con suavidad, muy por abajo, muy sometido, con gobierno y mando, hasta hacerse con el de Cuvillo primero -gran toro por cierto- y con el cónclave madrileño después.

Bajo, hondo y rematado el astado que vino de El Grullo había echado las manos por delante en el saludo y en el tercio de varas, pese a no claudicar, había sido severamente protestado por los hooligans. Perera inició faena en los medios, sin probaturas, dándole metros. Cada vez citó el torero a mayor distancia y cada vez respondió más y mejor el de Cuvillo. Los tendidos, que minutos antes protestaban, disfrutaron luego del tranco, la alegría y la codicia del animal y del toreo sincero y rotundo de Perera, que hizo todo a favor del toro, además de torear con aplomo y ajuste. Muy de verdad.

La última parte de la faena, dos series naturales de gran descripción, tirando mucho del animal, pusieron al público en pie, ya totalmente roto y entregado al extremeño. Finalizó con bernadinas en los medios, también dando metros al animal, y el público volvió a levantarse de sus localidades. En pleno éxtasis, Perera eligió ese mismo terreno para rubricar su obra en lugar de cerrar al astado, cobró un pinchazo y un metisaca y se esfumó la Puerta Grande. No fue la rúbrica que mereció una obra que se aloja sin duda entre las más rotundas de la temporada.

Pero la tarde de Perera no se circunscribe solo a la lidia del quinto. Ya había estado a un nivel notable en el que abrió plaza, toro serio y rematado de Juan Pedro al que toreó largo y reunido, apretándolo pero dándole un tiempo entre pase y pase. No todos los muletazos salieron limpios pero el ajuste fue máximo. Pese a su prontitud y humillación, sobre todo en el inicio del muletazo, le faltó al toro un punto de brío y pujanza para que la faena, notable de planteamiento y ejecución, cobrara la intensidad necesaria para optar a premio. La estocada, caída y trasera, fue la única mácula, igual que en el tercero de Victoriano, más recortado, al que saludó rodilla en tierra, ganando terreno.

Estuvo paciente primero el torero, afianzando al animal, sin apretarlo de inicio, para irlo exigiendo progresivamente conforme se desarrollaba el trasteo, primero con la derecha, deslizando el trapo con ritmo y limpieza, dejándole la muleta siempre puesta, y luego con la zurda, por donde al animal le costó más e impidió al extremeño rematar todo lo apuntado en la lidia, que no fue poco. Con una espada más regular, seguramente estaríamos hablando, numéricamente, del triunfador de la temporada.

Tienen los manos a mano, sobre todo de un tiempo a esta parte y sobre todo en la plaza de Las Ventas, una necesidad entre el público de que el festejo tenga un vencedor y un vencido, que genera en el espectáculo un halo de competición deportiva, que en cierto modo desvirtua la rivalidad y la competencia que debería ser la génesis de un duelo así. El público, de inicio, había tomado partido por Ureña al que acogió con calor y trató con cariño desde el primer minuto. Correspondió el murciano primero con una faena de gran sinceridad al segundo de Cuvillo, fino de hechuras, cornidelantero, amplio de cuna, acodado, que hizo una salida abanta.

El inicio a dos manos, por bajo, provocó la primera ovación del espectáculo, pero cuando cogió la zurda el toro se fue al suelo y cuando recupera la verticalidad el animal pareció haber perdido fuelle. Lo empujó para delante Ureña con pulso y aplomo, muy hundido en la arena, encajado, y el animal sacó fondo de clase. Con la derecha también respondió con profundidad en la embestida. La última serie por ese pitón fue redonda, rotunda, de gran verdad. Faena medida, rubricada de un soberano volapié cobrado con la misma verdad con la que describió la obra.

Más basto el jabonero cuarto de Juan Pedro, amplio, bajo, que acometió con prontitud pero fue más bruto en su conducta y acometida. Luego el sexto de Victoriano regresó a los corrales y fue sustuido por un sobrero de José Vázquez, serio, estrecho de sienes, que hizo salida abanta, salió suelto del peto y siguió sin sujetarse en banderillas, apuntando que, dentro su carácter díscolo, iba a transmitir. El inicio en tablas, dándole celo con la pierna flexionada, tuvo intensidad, porque el toro, en su afán de irse y pese a lo descompuesto de su acometida generó emoción.

Ureña trató de sacárselo a los medios primero, al tercio después y finalmente lo intentó en tablas donde el toro siempre se quiso quitar el trapo de la cara con saña. Aguantó Ureña las tarascadas muy cerrado, sin volver la cara pese a los gañafones y derrotes del animal. Se reconoció el esfuerzo del torero en una faena que tuvo riesgo y exposición, y que, quizá en otro orden de la tarde, hasta hubiera resultado premiada pese a que el efecto del espadazo no fuese inmediato. Pero para entonces, la voluntad de los espectadores había mutado. Algo así como si se hubieran cambiado de equipo a mitad de partido.

FOTOGRAFÍAS DE LA TERCERA DE LA FERIA DE OTOÑO

DETALLES DE LA TERCERA DE LA FERIA DE OTOÑO

Hierro de Juan Pedro Domecq - España Plaza de toros de Las Ventas. Tercera de la Feria de Otoño. Lleno de no hay billetes. Toros de Juan Pedro Domecq (1º, 4º), Núñez del Cuvillo (2º, 5º), Victoriano del Río (3º) y José Vázquez (6º bis), de variada presencia y juego. Destacaron los de Cuvillo. Temperamental el sobrero. Hierro de Núñez del Cuvillo – España
Miguel Ángel Perera, silencio, silencio tras aviso y vuelta tras aviso
Paco Ureña, oreja, silencio y ovación tras aviso

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