El Rey en el exilio I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Pongamos la razón en el armario para cerrarlo con llave y lanzarla al fondo de los mares. Eso, luego de hacernos una lobotomía que consiste en extirpar inteligencia y sensibilidad. Hagamos eso y hallaremos la neurona actual del español medio, preñada de una paranoica paradoja que, por ejemplo, consiste en que un Rey anima una y otra vez a que se pacte un Gobierno de entrañas antimonárquicas. Un Rey de España auspiciando un gobierno “a la portuguesa” que bien podría, como antaño hicieron con sus antepasados, mandarlo al exilio en Estoril. Olvidar ciertos pasados es ingresar de nuevo en el pasado. Las contradicciones y paradojas tienen la mueca de la hiena.

El toreo, que ejemplifica como ningún otro arte la relación social en este país llamado España, anda preñado de las mismas paradojas hilarantes. Hay un Rey por apellido y por corona nada dinástica, exiliado en el peor Estoril posible. Viene a llamarse Andrés y es torero. Vive el peor de los exilios aunque, paradójico mundo, parte del vulgo toma su angustia como una situación de nadería. Una especie de vacaciones forzadas a causa de una supuesta reyerta veraniega de adolescente. Es curioso. Enojosamente curioso. Cruelmente curioso.

Resulta que a Andrés Roca Rey se le clasificaba de un no se qué variable porque le tropezaban mucho los toros. Le cogían mucho los toros. Le cogen los toros. Unos decían que era fruto de sus cojones camino de la cima. Y, como el toreo es una especie de botica de sentencias que siempre tiene otra sentencia como antídoto, otros decían que era porque era torpe. Más bien la sentencia primera parece ser la cierta, pues a base de sus propias partes, al parecer de los hechos, bien puestas, de sus condiciones, esfuerzos, capacidades y superaciones, este joven bisoño se puso la corona de Rey en un tiempo en que serlo es más difícil que ser Rey de España en los tiempos de los Gobiernos a la portuguesa.

En tres años, a @RocaRey le han cogido los toros lo que no le cogen a gran parte del escalafón sumado en muchos años. Y, siendo virtud, se toma como defecto. Un defecto que, metidos en buscar razones al por qué no torea por lesión, ya ni siquiera es defecto. No le cogen. Ha sido una reyerta. Ya no le han tropezado los toros, no le han herido, no le han abierto las carnes, no le han lanzado al aire y al suelo. Ya no es que sea osado y atropelle la razón en busca de la corona. Ni tampoco es que sea torpe, qué va. Ya no le cogen. Es el Rey clamando por un gobierno a la portuguesa para que lo exilien a Estoril.

Ahora que hay un silencio sobre este torero, el silencio que llega después del llanto en abonos y taquillas, el silencio sepulcral con que se trató una lesión de difícil curación para no auyentar al personal de las taquillas, es de ley romperlo para decir que Andrés es, ahora mismo, un Rey sin su Roca. Un angustiado. Un Rey infeliz en la desdicha más grande que puede padecer un torero: no poder torear. Un hombre joven hecho a sí mismo, llegado arriba aupado a sus bemoles, que ha creado un ADN torero, que vive en torero, respira torero, un hombre esencialmente torero. Un joven con una edad en la que primero se es torero y luego torero, está sufriendo tanto o más que ese día que, aún sin caballos, no sabía cuándo lo volverían a poner.

¿Qué daría Andrés Roca Rey (@RocaRey) por torear en Bilbao?. Todo el oro del Perú y más si le dan crédito. ¿Qué daría si los médicos le hubieran podido asegurar que tal día se pondría fin al dolor y a la incapacidad?  Sentado en su Roca, el Rey no puede ser consolado por Andrés. El hombre, tantas veces, no puede consolar al torero. No cuando la sangre está llena de arena de alberos de todas partes, cuando el corazón late con los clarines, cuando la adrenalina reclama su dosis de pitones, embestidas y públicos. No cuando torear es un verbo único, sólo traducible por otro verbo: vivir.

Este verano de toros, los no anunciados se desesperan son sus razones en carne viva. Cierto. Andrés Roca Rey  (@RocaRey) está sentado mirando a ver si se termina la arena a un reloj que marca el tiempo de su vuelta. Y ese reloj parece tener dentro toda la arena de los mares.


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