El toreo, como hace quince años I REUTERSlinea-punteada-firma1

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Mientras los españoles gastábamos recursos, tiempo y dinero de nuestra seguridad en el ‘asunto catalán’, el ISIS nos mataba en las entrañas de Barcelona. Los CEDAX de la Guardia Civil eran alejados por los mossos de la zona de una explosión que se considero ‘casera’ de forma infantil, y en realidad era la cueva de los islamistas. Ayer se cumplieron 15 años del 11M, un atentado brutal del terrorismo islamista en Madrid. Los partidos políticos, metidos en campaña eterna, han usado la fecha no para una reflexión de cómo estamos preparados frente a este terrorismo, sino para alimentar el guerracivilismo más abyecto de cara a las elecciones.

Los partidos y sus diarios y medios, a la espera de su pago por seguir dividiendo a España. No se buscan lectores ni audiencias, se buscan acólitos, se buscan partidarios, se buscan heridas abiertas, prejuicios comunes, sensiblerías permeables, bandos, adeptos, se busca a los míos alimentando a los míos con el veneno descriptivo hacia el  que no es mío, sino que, por definición bíblica hispana, está contra mí. Cada día se trata de alimentar con carnaza a mi tribu de incondicionales.

En esta forma, no de hacer política sino de usar la política, el toreo entra de pleno en esta guerra de trincheras. El toreo, el feminismo, la resurrección de Cristo y/o de Franco, todo vale. Es esta forma de hacer política consistente en cavar trincheras  con la insistencia de quien tiene el enemigo enfrente, es el lugar actual de la Tauromaquia. Si todo vale como piedra o bala para lanzar, el toreo es una de gran calibre en este mundo en que la raza política, la más inculta y cateta de la historia de este país, se mueve a compás de sus fakes cainitas.

Es como si este país jamás pudiera reconciliarse. O como si la reconciliación y el llevarse con el guante de la tolerancia entre los españoles, dejara a la caterva de nuevos políticos sin la excusa para pedirles el voto de su pesebre. Gente que se apropia de la verdad, de la moral, del sentido social de lo bueno como propiedad, no es político demócrata sino agitador de malas entrañas.

Jamás un país se había dedicado con tanta insistencia, usando instituciones, recursos, dinero, medios, para reinventar su propio pasado y contarlo en su contra. Jamás un país de cualquier cono, lugar o geografía se había dedicado con tanto ardor a tergiversar, reinventar, agredir, falsear, revisar y condenar su historia, no por vergüenza, sino por la sencilla razón de que para algunos la historia no les encaja, no le sirve, no les gusta. Países como Alemania, hasta no hace tanto dividido en dos, argumentadores de dos guerras mundiales, asumió sus errores hacia adelante sin fabricar para el ADN de su pueblo un cinismo nacional perpetuo.

Países como Estados Unidos, finiquitadores de las razas y culturas indias, Francia y sus métodos coloniales, Inglaterra y su economía de corsario, han salido hacia el futuro de otra forma a la nuestra, la de enfrentar cada día a cada español. Esta visión internacional de España como un país paranoico en su guerracivilismo, llevado al grado de que quien roba no roba si es de mi bando, es el que permite que Puigdemont esté donde está en lugar de en el banquillo de la justicia. Han llegado a pervertir hasta el lenguaje y ya no sabemos que significa exilio, fascismo, golpismo, maltrato, feminismo, machismo,…Fuera nos ven como nos retratamos día a día. Y el mejor retrato es la violencia extrema que la Tauromaquia ha sufrido y sufre cada día en las calles de los pueblos y las ciudades de España.

El mejor retrato de esta paranoica forma de convivencia de trinchera es la que muestra la contradicción, impropia de un país de derecho y libertades, de ver como una actividad Patrimonio Cutural de los Españoles, es suprimida, prohibida, impedida por quien le da la gana y sólo por el mero hecho de que le da la gana. El toreo y su supervivencia agónica, frustrada y de maquis, es el fiel retrato de un país de cultura agónica, de talento maltrecho, de política guerracivilsta y de futuro en suspenso. O en suspense.