El toro, alto y claro I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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La buena noticia es que formamos parte de algo. Que nuestro problema no es ya, a partir de ahora, un problema de ‘eso de las corridas’ como despectivamente se ha maltratado el asunto de la Tauromaquia. Porque resulta que, la pieza clave de toda ella (desde el toreo reglado al toreo en la calle, pasando por toda expresión popular) es el toro y éste ha entrado en el debate social y político. Y en las Instituciones Europeas. Dentro de los contenidos de la Tauromaquia y del toreo, está el arte, la economía, la tradición, la historia… pero siempre, antes, durante y después, está el toro.

En una editorial de hace tres años, decíamos que en un país donde dos tercios de los millenials españoles no saben quien fue Lorca y donde el apego a Picasso como referente causa indiferencia al 80% de ellos, el argumento cultural de la Tauromaquia, tal y como lo estábamos tratando era débil e insuficiente. Hablábamos de la cultural, si, la de lo rural, la del mundo del toro, la de la tierra, la que habla el mismo idioma que otros tantos sectores del campo, la cultura más válida y el valor más activo. Y el más apegado al pueblo.

En esta y otras editoriales, hemos abogado por la unidad de todas aquellas actividades de lo rural que tienen en su tierra problemas comunes. Problemas de la gente, de mucha gente. Satisface saber que alguien que aspira al Gobierno, como el PP, haya dado un paso hacia lo rural llamando a cazadores y ganaderos. Ya no estamos solos. El toro recupera su nombre al lado de los que son “de los suyos”, lo rural. Y, además, ya estamos donde hay que estar si es que existimos: en las instituciones del Parlamento Europeo, gracias al trabajo de la Unión de Criadores de Toros.

No se trata entonces de desprendernos de los activos de cultura estética o plástica ni de la erudición sensible histórica que ha recorrido siglos a través de grandes artistas. Ese activo, erudito pero también elitista, sirve allí donde se debate y se enriquece la erudición y las artes, pero no en la panadería de la esquina de cada calle. No se trata de despreciar las realidades de la aportación a la economía del país. Al contrario, hay que buscar mejorar aun esos datos. Tampoco hemos de prescindir del formato de libertad y derechos, pues los hemos logrado entre todos y éstos están para que ser cumplidos en nuestro país.

Se trata de jerarquizar nuestros activos en función de su impacto real en la sociedad. Comienza ahora ese runrún sobre lo que puede ser España dentro de unas décadas, pues para antes del 2050 sólo el 8% de los españoles vivirá en el campo. Un 8% manejando más del 80% del territorio en aras de una sociedad urbanita y desertizada ecológica, social y culturalmente. Una aberración. Contra la que el toro está luchando.

Ese es el gran activo del toro, antes, ahora y, sobre todo, mañana. Y en este momento y con este activo, el toro nos exige el mayor y más fino olfato y sentido. Ya se habla de esto. Del toro. Ahora, acariciando voz y voto social, estamos obligados desmontar el discurso de los prohibicionistas. Afinar con talento en el mensaje. Porque, en un análisis rápido de lo que se está publicando y emitiendo sobre ruralidad, toros, caza,… se nos clasifica al otro lado de dos términos: ecologismo y animalismo.

Nuestro talento ha de dirigirse a comunicar a todos que ecologismo y animalismo no es que no sea cosas iguales, sino que son ANTAGONICAS. Los postulados animalistas y la realidad y necesidad de una ciencia como la ecología que busca el desarrollo sostenible de un espacio, están en las antípodas. Lo sabe el ecologista, lo sabe el animalista y no lo sabe la sociedad.

Pero el toro se lo puede decir, hablando alto y claro.

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