Exterior de la plaza de toros de El Puerto I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

Artículo de JAVIER VILA > Madrid linea-pie-fotos-noticias

Confieso que tengo debilidad por el talento. Y confieso peor que me producen mala digestión los cafés con los que rehúyen de él. Porque hay gentes que viven cómodas en la comodidad de dejar que las cosas pasen a su alrededor sin más misión que ser parte del entorno. Un entorno que existe gracias a todos menos a ellas, que lo contemplan en un estado entre el aburrimiento y la abducción paranormal. Que es la peor de las abducciones.

Y me preguntaba el sábado, camino del Puerto, que habría detrás de esa corrida que meses antes no se iba a dar por razones que no alcanzo a comprender y que son el día a día de un espectáculo que merece entre mucho y mogollón pero al que dan entre poco y nada. Porque poco y nada son concesiones de uno o dos años en un negocio en el que hay que invertir en mantenimiento y promoción. Y menos que nada es tener que lidiar con ayuntamientos que se autodenominan ‘el actual’ o ‘el anterior’ en función de quien haya ganado las últimas elecciones, como si el gobierno de la ciudad fuese una cosa que nace y muere con cada nuevo gobierno. Albacete, el Puerto o Villapendio de Abajo merecen gobiernos que no se reinventen cada cuatro años, dejando los salientes su incapacidad escondida debajo de la alfombra para que los entrantes intenten echar cemento encima sin haber barrido antes. No hay empresa en el mundo real que funcione así porque ningún empresario en ese mundo real gestionaría su dinero de una forma tan irresponsable como lo hacen nuestros políticos.

Porque hay cosas que un catalán, no taurino, y cuya única relación con el mundo del toro es tener un amigo que es el número uno en lo suyo, no alcanza a comprender hasta que alguien se las explica. Y es que andaba yo, a tortas conmigo mismo, tratando de entender que sería para el Puerto un agosto sin toros, o para los toros un agosto sin el Puerto, cuando vino alguien con cara de listo pero sobre todo de muy currante y me dijo, ‘mira chaval, no te líes, en el Puerto se tienen que dar toros…porque sería una pena que no se dieran’. Y al oírlo me quedé con la cara que se queda mi hija Blanca cuando le digo que los padres quieren a sus hijos mucho más de lo que Cenicienta quería al Príncipe.

Porque hay historias que por ser una pena no debemos dejar que pasen si queremos que nuestros nietos sigan creyendo en lo que nuestros abuelos nos dijeron y que conviene no dejar de recordar. Porque no nos podemos permitir dejar de sentir lo que sentimos el sábado cuando alguien, roto hace cinco meses, nos explicaba, sin palabras, que la vida es tesón, responsabilidad, esfuerzo, pero sobre todo alma. Y ahí vive lo que no podemos olvidar: que el ser humano es fundamentalmente un ser con capacidad para sentir mucho mas allá de lo que cree que puede llegar a ser capaz de sentir.

No tengo ni idea de quién hubiese sido el responsable de que quitarle al mundo esa gran corrida de toros que echó Juan Pedro el sábado (con un fondo para soñar), pero no hubiese sido responsabilidad de titularidad privada. Como tengo claro también que, como me dijeron el sábado a la hora del sorteo, se han dado porque hubiese sido una gran pena no haberlo hecho. Y hay que reconocer y agradecer el esfuerzo de quienes lo han hecho posible. Hay cosas que no hay dinero en el mundo capaz de justificar lo que suponen. Pero, por suerte, el mundo gira gracias a esas gentes que se mueven no (sólo) por dinero.


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