Ferrera torea este sábado seis toros en Las Ventas I MAURICE BERHOlinea-punteada-firma1

ARTÍCULO DE C. R. V. > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Anda en silencio mediático Ferrera, sin hacer alardes previos a la corrida del sábado, seis para el sólo y sólo él con seis toros en Madrid. No recuerdo torero alguno que no se haya aventurado en eso de hacer premieres y presentaciones mediáticas para lograr animar a la taquilla. Siendo fuera de abono, la razón aplicada con lógica demandaba esas cosas de los medios, pero, cada vez con más convencimiento, creo en la frase de Quevedo: ‘El corazón tiene razones que la razón desconoce’. El corazón de Antonio, uno de los últimos versos libres de esto que dicen el toreo, tendrá razones que la razón desconoce.

De Ferrera se habla mucho, se masculla más y se especula más que mucho. Sobre el estado interrogante de su razón. Si se torea como se es, que creo que es así, como se escribe como se es, eso seguro, creo que Ferrera tiene el corazón repleto de razones. Hubo un tiempo en el que pensé que en el toreo estaba lo peor de cada casa. Lo peor en el sentido de lo menos razonable, menos predecible. Lo peor de cada casa en el sentido de tener la boca más dura para la doma. El salvajismo en pie de guerra. El desorden inverosímil en una misma hora, la cordura extramuros del sentimiento y lo cerebral ocupado por una pasión inabarcable.

En un verso solo cabe lo peor de cada casa. Aburre hacer poemas sobre lo cartesiano, lo predecible, el orden estable, el buenismo, la asepsia mortecina de lo estupendo, la educada respuesta, la respuesta dócil, la ausencia de lo que necesita espuela, el exceso de seda que ya es empacho de almíbar, el decir soñar como quien dice pásame la sal. Aburre vida tan sin sal, camino todos de ser los más sanos del camposanto, comida idéntica para la gusanera. A mí me da pereza tantas veces el toreo escolástico de lo que se espera porque es razonable.

Dijo Juan Benet que la razón es un recurso científico, antítesis de la inspiración. Que se muera la razón, entonces. A la chingada y al carajo y a la mierda lo razonable. No sé la razón de mi sin razón que la razón aqueja, jugó Lope en sus versos. Los toreros a los que la razón no les regaña, a los que no les da la espalda por no verse atendida, no son toreros completos. No lo son porque jamás podrán crear desde el caos que es y debe de ser el toreo: una fiera el toro, una plaza un cosmos en caos en la que separar mares de tierras y esas cosas que se llaman creación.

Espero una tarde apegada a los versos de Lope, Quevedo o Benet. Una frase donde la razón de ser del torero sea su sinrazón. La rebeldía de modos, los dramas expuestos con gallarda alegría; las tristezas si es que llegan, con el decoro del hidalgo digno, un desorden para ser ordenado desde el libre albedrío, una rebeldía frente al guión establecido. No espero una anarquía, sino una utopía sin final razonable sino recordable. El toreo piensa mucho y siente poco. Deseo que Ferrera sienta mucho.

Detrás o dentro o al lado de cada persona hay una historia. Todas las que nacieron en la razón y desde lo razonable no dieron paso a sentimiento alguno o al recuerdo. Nos encontramos con una historia dentro de una persona y a una persona dentro de un torero: una tormenta perfecta. Un hombre que huye de los tormentos saliendo a su búsqueda. Y ese salir es torear, ser torero.

Y serlo debería ser más o menos así. Más o menos irremediablemente irracional. Irresistiblemente apasionado. Que el segundo que se vive desconozca al segundo que sigue. Que no se hablen los minutos que se van hilados en el reloj. Que un latido del corazón sea la contradicción vital del siguiente. Que todo sea un laberinto deseado con Ferrera dentro.

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