Vídeo resumen del triunfo de Perera en Santander I ISMAEL DEL PRADOlinea-punteada-firma1

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Un cuento conocido. Ese de un presidente con doble rasero que da y quita con distinto criterio a su antojo con argucias de trilero. ¿Dónde está la orejita? ¿Dónde está? ¿Aquí? ¿Allá? Y el ‘allá’ fue la mano de Miguel Ángel Perera que, con mejor criterio que el palco, declinó pasear ese trofeo del quinto, que le abrió la Puerta Grande. El que escribe no entra en debate. Sí fue o no. Lo que sí cuestiona es que sí fue, también debió ser para El Juli en el cuarto. Dos trasteos de entrega supliendo la falta de raza de un encierro de Garcigrande-Domingo Hernández, que adoleció de ella, salvo un segundo encastado, con ritmo y transmisión, que procuró a Perera la faena de la tarde para igualar la oreja, sesuda, inteligente, que cortó El Juli del primero. Aguado, con el peor lote, toreó al ralentí con el capote y dejó fragancia caras del torero caro que ya es.

Abría más la cara el segundo, un toro bajo y de lomo recto, bien hecho que estuvo a punto de saltar al callejón. Le saludó Perera a la verónica con bríos sacándoselo a la boca de riego. La media superior. Empujó sobre un pitón en el peto, antes de un ceñido quite en el que intercaló saltilleras y gaoneras. Comenzó en los medios con dos cambiados por la espalda de rodillas. Ya en pie, cuajó por los dos pitones al ‘Garcigrande’, tardo, pero, que cuando arrancaba, iba con todo. Tuvo ritmo, profundidad y enorme transmisión. Perera, muy cómodo en la cara, corrió la mano con mando y sometiendo su encastada embestida. Gusto en los remates, afarolados, capeínas y largos de pecho. De pitón a rabo. La espada cayó algo desprendida, pero fue certera. Oreja.

Más agradable por delante, el quinto salió enterándose y sin repetir en el engaño de Perera. Tomó una vara al relance y cortó lo suyo en banderillas. Perera, sin preámbulos, se la puso con la diestra y trató de aprovechar sus inercias, mientras duraron, porque el toro, manejable, pasaba y dejaba estar, pero no tuvo transmisión alguna por su falta de poder. Como El Juli, se fajó el pacense, acortando la distancia en el tramo final para rebañar esas medias arrancadas. Hundió el acero entero y, esta vez, el presidente, cambiando el criterio, sí otorgó el trofeo.

Rompió plaza un colorado chorreado ojo perdiz bocidorado de Domingo Hernández que saludó a pies juntos con relajo El Juli. La media, a compás abierto. El quite por chicuelinas a un toro suelto y por definir. Complicó mucho el tercio de banderillas a la cuadrilla. Incluso procuró un susto a Álvaro Montes. Mantuvo su movilidad, sin entrega, en la muleta de El Juli que, inteligente, no le exprimió en las primeras tandas y, a base de toques, logró darle el celo que le faltaba. Le ayudó a romper en un tramo final, donde le exigió más, sobre todo, en una tanda rotunda de derechazos a los que sumó dos más de circulares invertidos en una baldosa. La estocada, una brizna desprendida, fue fulminante y paseó un trofeo.

Salió suelto y sin fijeza, el cuarto, alto y bastito de Garcigrande, al que saludó a la verónica El Juli, sin poder rematar por la abanto condición del burel. Lo cuidó en el caballo y se le hicieron las cosas bien durante la lidia. Sin embargo, el toro, que siempre llevó la cara a media altura, no rompió en la pañosa de El Juli, que volvió a dejar a su aire al toro, sin atacarlo en la primera mitad del trasteo. A partir de entonces, Julián porfió y buscó las vueltas al astado, acortando las distancias y tratando de prolongar siempre las medias arrancadas de su oponente para llegar al tendido. Cosa que logró. La estocada, certera, hizo asomar los pañuelos. Se pidió con vehemencia, pero el palco no la otorgó. Ovación.

Más alto y basto de hechuras, el tercero tomó con codicia y humillando el percal de Pablo Aguado, que le saludó a la verónica con tersura. Meció el capote con temple, como un lienzo, muy despacio, dos medias de remate. El quite, por chicuelinas de mano baja. Le costó tomar los engaños al de Domingo Hernández, más tardo aún en la franela del sevillano, que comenzó con enorme torería por bajo hasta sacarlo a los medios. Luego, construyó la faena en paralelo a tablas. Destacaron un par de tandas en redondo. Macizas, reunido y muy encajado. Otra más al natural en el mismo aire en una faena preñada de trincheras y cambios de mano de orfebre, pero que, por el empuje del toro, fue a menos. La estocada casi entera, en el sitio, precedió a una ovación tras leve petición.

Cerró plaza un astado bajo y bien hecho, armónico, al que Aguado, que lo recibió con una larga cambiada, volvió a torear con elegante despaciosidad a la verónica. Galleó por chicuelinas y repitió a la verónica en el quite. Mucho gusto en todo. El prólogo de la faena fue una delicia. Se lo sacó al tercio con trincherillas de cartel, a cámara lenta. Volvió a ralentizar las embestidas del ‘Garcigrande’, que quiso más que pudo siempre, en las dos series posteriores. Muy despacio y manejando con mucha suavidad las telas. Aroma caro, por la pureza de los muletazos, muy relajado, con desmayo, alguno de ellos. Lástima de la falta de poder del toro, que coartaba más de la cuenta la ligazón y la transmisión con el tendido. El final, a pies juntos, citando de frente, con sedosos naturales. De uno en uno. El pinchazo previo a la estocada acabó de enfriar al tendido. Ovación.

VÍDEO DE LA ACTUACIÓN DE JULIÁN LÓPEZ ‘EL JULI’

VÍDEO DE LA ACTUACIÓN DE PABLO AGUADO

Hierro de Garcigrande - España Coso de Cuatro Caminos, Santander (Cantabria). Quinta de la Feria de Santiago. Lleno. Toros de Garcigrande y Domingo Hernández (1º y 3º), desiguales de presentación. En general, les faltó raza y poder en el último tercio. El 1º, movilidad sin entrega; el 2º, encastado, con ritmo, profundidad y mucha transmisión; el 3º, tardo, y el 4º, desrazados y sin poder, a menos; el 5º, manejable, dejó estar, con inercias; y el 6º quiso más que pudo . Hierro de Domingo Hernández - España
Julián López ‘El Juli’, oreja y ovación.
Miguel Ángel Perera, oreja tras aviso y oreja.
Pablo Aguado, ovación y ovación.

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