Video resumen de la faena de Garibay, al primero I NTR TOROSlinea-punteada-firma1

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Fue el adiós soñado. La sexta y última salida en hombros para Ignacio Garibay. El veterano diestro capitalino se despidió de Insurgentes con una tarde en sazón, de torero maduro y lleno de poso para pasear sendas orejas de su lote, el más potable de la tarde, mientras que Castella -oreja que pudieron ser dos de no ser por la espada- cuajó a un gran sobrero de Julián Handam. Silveti ‘pinchó’ otra de un descastado encierro de La Estancia en el segundo festejo de la Temporada Grande 2018-2019.

Rompió plaza un toro bien presentado, serio, acodado y que enseñaba las palas, al que saludó Garibay con bríos a la verónica. Preciosa, la media. Tras una altanera, tomó un puyazo en el picador que guardaba la puerta derribando. De mano baja, las chicuelinas del resto del quite. Se desmonteró Gustavo Campos con las farpas.

El toro, siempre algo tardo, marcó las querencias, pese a lo cual, el mexicano -que comenzó con torerísimos doblones- dejó una faena llena de reposo y temple, para limar la tendencia del toro, que humilló y tuvo cierto recorrido, a puntear los engaños. Cuando lo logró, caló en los tendidos. Dejó una estocada casi entera y paseó una oreja.

‘Matita de Romero’ fue el toro del adiós de Garibay a Insurgentes. Fue este cuarto un precioso cárdeno claro salpicado y calcetero, estrecho de sienes, bien hecho. Una lámina. Buen ramillete de verónicas del azteca que dejó un sensacional galleo por delantales para ponerlo en suerte y otro torerísimo quite por tafalleras que abrochó con media docena de brionesas sin enmendarse.

Luego, el toro, al que faltó casta, se vino enseguida a menos y tuvo Garibay que poner toda la carne en el asador. Incrustado entre los pitones para robarle los muletazos con hierática figura. Muy cómodo, en sazón, se lo dejó pasar una y otra vez muy cerca de los muslos. Importante. Pese al pinchazo, antes de una estocada, la petición fue un clamor y cortó otro trofeo.

El sobrero de regalo lució la divisa de Julián Handam. Bien hecho y fino de cabos, estrecho de sienes y cornidelantero, corroboró con su juego esas buenas hechuras. Definido desde el cadencioso saludo a la verónica y el posterior quite por chicuelinas, tuvo enorme calidad en sus embestidas. Derrochó transmisión y Castella, muy centrado con el humillador toro, lo aprovechó para cuajarlo de principio a fin por ambos pitones atacándolo por abajo. Series largas, templadas, en las que hubo hondura. De buen trazo, los remates por bajo. La estocada, muy baja y algo trasera, impidió que el presidente, pese a la petición, concediera el segundo trofeo. Oreja.

Antes, había quedado casi inédito. Colorado girón y casi playero, algo cornicorto, el segundo de La Estancia fue un toro bajo de raza que salió a su aire y con poco celo de los engaños en los primeros tercios. Sin recorrido, no pasaba luego en la muleta de Castella, que lo enseñó por ambos pitones y, contrariado, abrevió.

Negro listón, corto, algo acarnerado, de mazorca ancha y acodado, el quinto fue otro toro al que le faltaron mayores dosis de casta. Aunque derribó en el peto, apenas se le castigó en varas. Echó la cara arriba en banderillas y marcó mucho las querencias. El galo brindó al público y comenzó en los medios el trasteo, pero el toro, sin poder, duró muy poco y tuvo que acortar las distancias sin éxito y, de nuevo, fue silenciado.

Cárdeno y algo atacado de kilos, el tercero, alto de agujas, evidenció enseguida su blanda condición. Lo saludó con buenas verónicas y vistosa revolera Diego Silveti, que después firmó un ajustadísimo quite por gaoneras. El dinástico brindó al público y trató de templar con pasmosa suavidad a media altura las nobles embestidas del de La Estancia, pero fue una quimera, porque ni por esas conseguía tenerse en pie. Claudicó repetidas veces y la faena de Silveti no tomó vuelo. Se le atragantaron en exceso los aceros. Silencio tras aviso.

El sexto fue un castaño más terciado que el resto del encierro al que Silveti saludó a la verónica hasta rubricar en los medios con una templada revolera. El quite posterior, por cordobinas, aunque terminó perdiendo las manos el astado. No le sobró la raza al toro de La Estancia, que obligó a un esfuerzo máximo al mexicano. Tras dos jaleados cambiados por la espalda, buscó correr la mano por ambos pitones, pero el astado, sin poder, se fue rajando, a pesar de la voluntad del dinástico de Guanajuato. Arrimón que finalizó con unas bernadinas de infarto. SIn embargo, marró con el acero y se esfumó el premio. Silencio.

Hierro de La Estancia - México Plaza de toros de La Monumental de México (México D.F.) Segunda de la Temporada Grande. Más de un tercio de entrada. Toros de La Estancia y un sobrero de regalo de Julián Handam (7º), desiguales de presentación. En general, marcaron las querencias y les faltó casta, poder en el último tercio. Destacó el 1º, que punteó los engaños, pero humilló y tuvo más recorrido que sus hermanos; y el sobrero de regalo, gran toro, con prontitud, clase, duración y transmisión. En el 1º, se desmonteró en banderillas, Gustavo Campos.
Ignacio Garibay, oreja y oreja.
Sebastián Castella, silencio, silencio y oreja con petición de la segunda en el de regalo.
Diego Silveti, silencio tras aviso y silencio.