Resumen de la séptima corrida de la Temporada Grande en México I PLAZA MÉXICOlinea-punteada-firma1

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El ocaso fue preludio de un nuevo amanecer. Sin suerte en su último paseíllo, Juan José Padilla se despidió de los ruedos cortando una emotiva oreja a base de entrega y efectismos del toro final de su vida torera. Rescoldos apagados que se avivaron en la llama del mexicano Arturo Saldívar. Se atisbó su progresión el año pasado en este mismo escenario. Se ‘palpó’ esta noche con dos faenas de torero caro. Gusto, torería y temple a raudales. Paseó una oreja, pero a nadie le hubiera extrañado verle con cuatro. Primero el presidente y luego la espada, ‘amargaron’ dos faenas de muchos kilates del hidrocálido con un desigual -destacó el excelente quinto- debut de Boquilla del Carmen en Insurgentes.

Largo y fino de cabos, abierto, aunque con poco desarrollo de pitón, el segundo tendió a darse la vuelta al revés y a ‘vencerse’ por dentro en el viaje de salida, tras la larga cambiada inicial de Arturo Saldívar. El hidrocálido, que brindó al cielo, comenzó pegado al tercio con dos cambiados por la espalda que ligó con dos pases del desprecio de cartel. Luego, el trasteo tuvo enjundia, porque Saldívar entendió la corta distancia que pedía el toro y porque supo administrarlo en tandas cortas.

Inteligente y encajado, templó mucho para convertir las medias arrancadas del toro, noble, pero al que faltó empuje, en derechazos y, sobre todo, naturales profundos. Hubo dos cambios de mano eternos. Larguísimos. Los pases de pecho, a la hombrera contraria. Las trincheras, cumbre. El final, con el toro ya rajado, volcánico. Con circulares invertidos y dos arrucinas milimétricas. Sumó unas bernadinas de infarto, que le costó una voltereta tras cambiar el pitón en el último segundo. Angustioso, porque en el suelo, el pitón resbaló como una guadaña por su cuello. Espadazo y, cuando el doble trofeo parecía evidente, el presidente, aunque sacó el pañuelo dos veces… Sólo otorgó una oreja.

Alto, hondo y con ‘caja’, el acapachado quinto lució tremendo volumen de salida. Le saludó con bríos a la verónica Saldívar, que se lo dejó crudo en el peto, antes de brindar a Padilla. En los medios, comenzó un trasteo en el que volvió a mostrar su dulce momento con las telas, pues toreó al ralentí por ambas manos, aprovechando la enclasada embestida de un gran toro de Boquilla del Carmen. Muy encajado, fue un trasteo lleno de aplomo y convicción, en el que barrió la arena con la muleta. Lo mejor, tres tandas de naturales, limpias, profundas, de largo trazo. La última, mayúscula, echando los vuelos y ralentizando las almibaradas embestidas, con Saldívar, roto, abandonado. Inmensa. El astado, a pesar de su romana, a más. El epílogo, por manoletinas. Sin embargo, sólo enterró la mitad del acero y necesitó de dos descabellos. Fuerte ovación tras petición.

Se despidió de los ruedos Padilla -vistiendo el mismo terno que lució en su reaparición en Olivenza tras la gravísima cornada en Zaragoza, verde esperanza y oro, con bordado en hojas de laurel- con un precioso cárdeno claro, caribello, acapachado, de hechuras perfectas. No hizo honor a ellas este ‘Guitarrista‘ de la despedida. Sin fijeza, muy deslucido, nunca humilló y de embestidas irregulares… No era toro de despedidas. El jerezano, que lo saludó de nuevo con una larga cambiada, volvió a declinar banderillearlo.

Brindó por las cámaras a su mujer y visiblemente emocionado bajo los acordes de ‘Las Golondrinas’ buscó las vueltas al toro a base de recursos y efectismos, muy en Padilla, como varios desplantes. Se volcó sin miramientos sobre el morrillo y dejó una estocada de efecto fulminante. El tendido premió su entrega con una oreja, que paseó en una larga y emotiva vuelta al ruedo.

Sorteó primero en un cárdeno cornidelantero, de lomo quebrado, que abría la cara, al que saludó con dos largas cambiadas. Le faltó celo de salida. Se dejó pegar en el peto y, aquerenciado, esperó en banderillas. Luego, al toro, reservón, le faltó recorrido y siempre se defendió. En uno de esos secos derrotes, estuvo a punto de echar mano al jerezano, que se dolió mucho del hombro. Volvió a la cara y logró, con oficio, lidiarlo tras estocada casi entera y media docena de descabellos. Silencio.

Largo y zancudo, amplio de cuna, el tercero trató de quitarse la puya en el caballo y salió suelto, sin demasiada fijeza, a pesar de la excelente lidia de Víctor Mora. Fue estéril, porque el toro, al que Fermín Espinosa ‘Armillita IV’ trató de ligarle las tandas a base de provocarle la embestida, apenas tuvo celo. Sin empuje, cada vez tuvo menos recorrido y empezó a ‘protestar’. El sexto se partió el pitón izquierdo en un burladero y salió un sobrero de Xajay, orientado y agarrado al piso, muy reservón, con el que el Armillita optó por abreviar. Silencio en ambos.

Hierro de Boquilla del Carmen - México Plaza de toros La Monumental de México (México D.F.). Sexta corrida de la Temporada Grande. Menos de un cuarto de entrada. Toros de Boquilla del Carmen, que se presentaba en Insurgentes, y un sobrero (6º bis) de Xajay, desiguales de presentación. El 1º, aquerenciado, reservón y sin entrega; el 2º, noble, aunque le faltó empuje, una brizna más de casta, 3º y 4º, deslucidos y sin clase ni entrega; el 5º, excelente toro, con fijeza y clase, tuvo transmisión y duración, quiso todo por abajo; y el 6º, con genio y agarrado al piso, complicado. Incidencias: Tras el paseíllo, se descubrió un busto en memoria de Miguel Espinosa ‘Armillita’.
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Juan José Padilla, silencio tras aviso y oreja.
Arturo Saldívar, oreja con fuerte petición de la segunda
Fermín Espinosa ‘Armillita IV’, silencio en ambos.