icono-sumario Para Manuel Merino, abogado y portavoz de ANFITEC, el caso es de ‘enorme trascendencia judicial porque es el primero de España en el que tres personas aparecen encausadas en un delito de odio por razones ajenas a las habituales’

Adrián, en el festival en su honor I MUNDOTOROlinea-punteada-firma1

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Según ha publicado el diario Las Provincias, las condenas de los tres procesados por los comentarios en las redes sociales deseando la muerte al pequeño Adrián, un niño que deseaba ser torero y murió a causa de una grave enfermedad, podría llegar a ascender a tres años de prisión, importantes multas o  indemnizaciones de 30.000 euros.

Según el juzgado de Alzira que investigó los hechos, tres de los autores traspasaron la frontera de lo delictivo y acabaron encausados por delitos de odio: un valenciano,  una vasca  y un residente catalán. La Fiscalía mantiene que los tres sospechosos, que actualmente están en libertad provisional, cometieron un delito contra la integridad moral.

La acusación pública pide que se les condene a un año de prisión y que indemnicen de forma conjunta a la familia de Adrián con 9.000 euros ‘por los perjuicios y daños morales ocasionados’.

Para el progenitor y su abogado, los tres cometieron un delito de incitación al odio y los tres merecen pasar tres años en la cárcel por ello, además del pago de una multa de 3.650 euros y una indemnización de 30.000 euros por los daños personales y morales.

En el procedimiento está también personada como acusación popular la Asociación Nacional de Afectados por Internet y las Nuevas Tecnologías (ANFITEC). Para Manuel Merino, abogado y portavoz de ANFITEC, el caso es de ‘enorme trascendencia judicial porque es el primero de España en el que tres personas aparecen encausadas en un delito de odio por razones ajenas a las habituales, como origen, orientación sexual o religiosa… En este caso las manifestaciones de odio llegan, simplemente, por los gustos culturales o aficiones de un niño, algo que es muy grave y merecedor de una respuesta contundente por parte de la justicia’.

En el lado opuesto están las defensas de los acusados, que se aferran a argumentos como la libertad de expresión, que no pretendían la gran difusión que alcanzaron sus mensajes o que éstos iban dirigidos a sus círculos de amistades y seguidores en vez de a un público general a escala nacional.