Las orejas del manso I MUNDOTORO linea-punteada-firma1

JAVIER VILA > Madridlinea-pie-fotos-noticias

Se veía venir. No sé si antes o después de lo esperado, pero sucedió el otro día. Mi hija Ruth, 10 años crecidos en genética candidez y, alguno, en la inseguridad bondadosa que da no ser adulto cuando eres un niño, ni niño cuando eres ya adulto, sufrió el otro día su primer ataque antitaurino. Y pasó curiosamente en un comedor lleno de albóndigas procesadas con carne de cerdos no de bellota sacrificados en cualquier matadero de Lleida por cualquier matarife ejerciendo esa labor tan desagradecida como necesaria para el tema ese que es alimentar a niños con albóndigas.

‘Los toreros son gente mala que mata a pobres animales indefensos para comerse las orejas y el rabo’. El dueño de la frase es Alvaro, balonmanista infantil de profesión, hijo de un padre que dice saber lo que le cuenta porque, dice el padre, que a los niños hay que decirles la verdad, por cruda que sea. Y claro, según ese genio, ‘lo único que se come del toro son las orejas y el rabo’. Ahora solo falta que le diga también que, en este país, la ley es ley y no chufla infinita y repetida en el tiempo con criterios que cambian según quien esté implicado: macho o hembra, persona o animal, rebelión o embrión de indulto, o, en el día de ayer, banco o ciudadano.

Y es que lo que ha pasado estos últimos días con los garantes de la justicia al hilo del impuesto de las hipotecas demuestra sin lugar a dudas que la ley es un toro morucho que embiste porque el tatarabuelo saltó el cercado y dejo preñada a la más brava de las mansas. Porque es absolutamente inconcebible que el sistema financiero se sirva todas las personas y personos (me han dicho que debo escribir con igualdad) para financiarse a sí mismo en el segundo rescate que los ciudadanos hemos a los bancos de la última década.  Porque los miles de millones de euros que suponen un ‘riesgo’ para el interés público, ‘son’ del interés público que conformamos mi vecina y yo, por ejemplo, que hemos pagado un impuesto que a juicio de la justicia de hace unas semanas no nos tocaba y a la vista de esa misma justicia…hoy sí.

Y es que, en este proceso, si lo analizas un poco, concluyes que es para echarles el cabestro a todos, sobre todo al Presidente, que decidió de forma bastante excepcional, que, en este menester, iban a opinar todos: los expertos en la materia y los que se dedican a otras cosas. Vamos, que tocaba torear una de Saltillo y se llevaron a los del pellizco.

Y yo, que no entiendo de más leyes que las que me toca acatar, que son, por cierto, todas, he decidido contratar a una nueva abogada. De entre todas me quede con una que era muy mandona y que le gustaban los toros. Ambas cualidades bastante necesarias para lidiar conmigo. Ayer le encargué su primer trabajo: hacerme un diagnóstico sobre lo que me puede suceder en el caso de que me tome un café con el papa del balonmanista. El de las orejas y el rabo. Su respuesta vehemente me hizo reir y ratificar que me encanta: ‘no te voy a hacer ningún diagnóstico porque no te vas a tomar el café’.

Así que le he dicho a Ruth que no discuta con el tal Alvaro no sea que venga su padre a intentar convencerme y la cosa se complique tanto que acabemos en sede judicial. Lugar que, según mi nuevo y definitivo fichaje, es toro mas incierto que el del casino, porque, por lo menos, la ruleta siempre fue el rojo, el negro y una bola rodando. Sin sorpresas y sin depender de un alto tribunal contradiciéndose a sí mismo cuando le llaman los bancos.