Raúl del Pozo I DIARIO DE VALLADOLIDlinea-punteada-firma1

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El artículo de Raúl del Pozo en El Mundo (Los toreros de Vox), cuyo autor es de unos de los líderes de opinión que se ganaron la entrada en el club de los argumentadores sagrados y eficaces diagnosticadores, concluye, por fabulario e irreal, quizá por superficial, que entre su verdad de élite periodística y la realidad de España y del toreo, cabe un mundo que el señor Del Pozo ya desconoce. El final lapidario y con cierto brillo de navajas ‘los toreros suelen ver, con la montera hasta las cejas, por dónde se cuela la historia pretende desplazar a la aún no superada frase de José Ortega y Gasset: ‘No se puede comprender bien la historia de España, desde 1650 hasta hoy, quien no se haya construido con rigurosa construcción la historia de las corridas de toros en el sentido estricto del término’.

Entre un pensamiento y otro cabe un mundo al revés pues Del Pozo lo pone montera boca abajo al tratar de oídas lo que Ortega trató a pie de tierra y de calle, pisando tierra y calle de España y del toreo. Hay una argumentación que es incierta desde dese del principio del artículo, pues  Don Raúl cambia un singular por un plural. No digo que mienta, digo que cambia: Sólo una figura del toreo hizo uso de su libre elección para apoyar públicamente a VOX: Morante de la Puebla. Uno, no ‘las figuras del toreo’. Entiendo que la variación política del uso del género en el lenguaje esté haciendo ciertos estragos, pero la matemática, expresada en artículos determinados, no entra en política sino en saber contar. Don Raúl escribe mal porque cuenta mal. Una figura. Sólo una, en su legítimo derecho.

Quizá muchos lo harían, o varios, pero el mundo del toro es un mundo donde su estrangulación económica, su dependencia absoluta de las administraciones (políticos) a la hora de conceder plazas a amigos, lo hizo esclavo y sumiso de los partidos que eligieron a dedo (corrompiendo la ley de contratos de las administraciones publicas en las licitaciones por  inmuebles de propiedad pública como son las plazas de toros) en cada ciudad o pueblo, a las empresas gestoras. Partidos que no eran VOX. En una corrupción y clientelismo aberrante y silencioso. De haber elegido la frase de Ortega, donde se advierte que los manejos de la Tauromaquia ejemplifican los manejos políticos de la sociedad, es decir, la corrupción, habría certificado el señor Del Pozo y el periodismo de élite que en España la corrupción era el día a día de cada almuerzo. Pero el toreo jamás le interesó al gran periodismo.

Lástima, porque todos los problemas no resueltos y que ahora no entran ni en lo estrecho del embudo ni se soportan en lo ancho de las espaldas de los españoles, tienen la solución que tienen. Pero ya no desde los dos partidos que, sin duda alguna asentirá del señor Del Pozo, son causa y no víctima. Lástima porque algunos, desde este periodismo ninguneado del ninguneado mundo del toreo, escribimos que estaban produciendo en el seno de la Tauromaquia, escenificaciones de asaltos a la Constitución. La modificación de ley de protección animal de Cataluña se hizo para no sacar a concurso las plazas de toros propiedad de las administraciones, poniendo fin al toreo, mucho antes de la escenificación independentista de la prohibición de toros en Barcelona, con una plaza de propiedad privada. 

Habla Del Pozo de que Vox es un partido quizá no Constitucional. Hablemos pues de Constitución. ¿Se enteró o le preocupó a usted y a la élite argumental que un derecho Constitucional de los españoles se los pasaba el Gobern por su trasero?. No. Sólo era eso de los toros. ¿Se enteró el señor Del Pozo que, una vez restituido ese derecho con sentencia del Tribunal Constitucional, la alcaldesa de Barcelona dijo que jamás se darían toros en esa ciudad?. ¿Hizo el señor Del Pozo, la élite periodística o los partidos constitucionalistas algo al respecto?. No, sólo se trataba de eso de los toros. Le recuerdo que en la ultima votación, el PSOE, por primera vez en su historia, dio libertad de voto a los suyos. Quizá ¿un precedente sin precedentes que identificaba su postura sobe el asunto catalán?

En centenares de pueblos y ciudades, amparados en la corriente animalista, se cierran plazas de toros, se prohíbe la libre celebración de un Patrimonio Cultural de los Españoles que ampara la Carta Magna a la Del Pozo alude. ¿Hizo algo algún partido al respecto? ¿La elite periodística se interesó o se interesa por ese día a día de feroz persecución de la Tauromaquia? No. Sólo se trababa de eso de los toros. Por cierto, este medio trató de encuestar sobre ese derecho Constitucional a todos los partidos políticos y sólo VOX habló de derecho, Constitución y Tauromaquia.  Pero sigamos hablando de Derechos Constitucionales.

A la Tauromaquia se le priva, mediante decálogos éticos seudofascistas promulgados por Ayuntamientos como el de Valencia, usar espacios públicos para comunicar su producto y actividad. Durante dos décadas este que escribe y otros que acuden a una plaza de toros a ejercer el periodismo (el periodismo, señor Del Pozo, porque yo también lo soy) son insultados, vejados, escupidos. Hackeadas sus cuentas y teléfonos, los suyos y los de sus familiares. ¿Fue a ver esto el señor Del Pozo?. ¿Fue a ver cómo el español que acudía a un coso era agredido, insultado, perseguido?. ¿Dijo algo de la persecución de odio e incitación a la violencia de la que están plagadas las redes sociales?. 

No. Porque el toreo, La Tauromaquia, los Derechos Constitucionales, la libertad misma del periodismo de toros, de los aficionados y públicos, de ganaderos y trabajadores del campo, les importó lo que importó a todos los grandes medios de comunicación, partidos políticos y administraciones: ese exceso de negrura que aparece a medio día en la uña del pulgar. Pero, resulta que no se trataba de toros sino de todos. Otra apreciación lingüística pero matemática. Toros es un uno, singular, que es nada. Todos es otra cosa: caza, pesca, el pequeño ganadero de leche, el pequeño agricultor, el mundo rural, el animalismo cuyo negocio transnacional de las mascotas factura 45.000.000 millones de rusos anuales en Europa (si es que existe). Ustedes, quizá perdiendo el olfato del barro de la calle, han mirado a España desde su urna de cristal. Les han pitado fuera de juego.

Es curioso cómo acude el señor del Pozo a la leyenda y/o la historia al hablar de Luis Miguel, del comunismo, de los toreros pro republicanos, que los había y los hay, como en el resto de la sociedad española. Pero Del Pozo y los de su estatus dejan que se segmente a gentes como Lorca eliminando su filiación y su creatividad inigualable sobre La Tauromaquia, mientras la hipocresía de sus prohibicionistas se peleaban por su huesos pero no por su esencia artística. Artísticamente taurina ciento por ciento. Por cierto, al pie de sus huesos, matado el mismo día, había dos banderilleros de izquierdas Paco Galadí y Quino Arcollas. Nombres que los ‘suyos‘ de izquierdas jamás reivindicaron y nosotros sí. Eran de los nuestros, quizá porque cada muerto sigue siendo de los nuestros, se calen o no se calen la montera hasta las cejas. 

Son ustedes, su periodismo, observadores avestruces de eso que venía de lejos. Y ahora, nos diga el Señor Del Pozo qué español, qué ser humano que tan sólo desee mantener su dignidad, convicciones, cultura, ideales y trabajo, Derechos Constitucionales e irrenunciables todos, aguanta así año tras año, década tras década, aguanta sin rebelarse. Sólo un eunuco o un bárbaro, cuestiones que no entran en nuestro acervo. Somos el sector español y humano más perseguido, violentado y sufrido, el colectivo de españoles, que, por razón de su apego a su cultura, constitucionalmente reconocida, está sufriendo una violencia descarnada sin que desde el periodismo, política, administraciones o justicia se haga nada. Señor del Pozo ¿usted que haría? 

Quizá deba de comenzar a hacer lo que no hizo, el señor Del Pozo y las élites argumentales de este país. Salir a la calle, ver, observar, medir, hablar, antes de escribir. O quizá, el regeneracionismo natural que se está viviendo en medio de una sociedad que aún no se sabe por donde sacará lo ancho que no cabe en su embudo, necesite también de un cambio en esos lugares donde llevan instalados los argumentadores totémicos de la sociedad española. O, simplemente, pisen el ruedo.